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Vidas cambiantes

No somos piedras, sino personas, inmersos en los cambios que nos depara la vida; cambios en unos casos más agudizados que en otros. Veamos dos ejemplos; dos vidas diferentes pero con algo en común: un cambio "relevante" de trayectoria.
María Norte:
Una profesora de religión se convierte en la chica playboy andaluza
ABC, 27-5-2005
María Norte es una sevillana muy especial. Hasta hace un año su rutina consistía en dar clases de religión. Sin embargo, después de participar en un concurso muy particular, se convirtió en una chica playboy. Ahora trabaja en una discoteca y asegura que gana mucho más dinero que antes, aunque no descarta en un futuro cercano presentarse a unas oposiciones para volver a tener una "vida tranquila".
En declaraciones a Europa Press Televisión, María, de 27 años, señaló que nunca pensó en ser una chica playboy y que todo ocurrió por casualidad. "En realidad iba a acompañar a una amiga para el casting y me escogieron a mí y a ella no", comentó la joven, quien dijo sentirse "muy contenta y orgullosa" de su nueva profesión.
Según señaló, se sintió "muy sorprendida" cuando se enteró de que había sido elegida, ya que pensó que a sus 27 años ya era muy mayor para encajar en el perfil requerido. "Además, no soy morena como la típica andaluza. Soy la playboy andaluza y soy rubia", bromeó.
María estudió magisterio de religión y se dedicó a ello hasta el año pasado. "El año pasado terminé de dar clases porque como me compré una casa y tenía más gastos. Por ello, me dediqué a algo que diera más dinero y, por ejemplo, trabajar en una discoteca da más dinero", explicó esta joven, con unas medidas que quitan el hipo: 91, 62, 95.
Debido a su éxito como chica playboy, ya que no para de asistir a programas de televisión y conceder entrevistas, María no sabe si algún día regresará a las aulas. "No descarto ninguna alternativa que me propongan. Sinceramente, llevo toda mi vida estudiando y me gusta mucho aplicar mi cabeza para conseguir las cosas, pero no sé", afirmó.
Según comentó, su novio, con el que lleva apenas un mes, respeta mucho sus decisiones y está contento de que ella se sienta feliz con su trabajo. Además, aclaró que es una mujer muy independiente y que siempre toma sus propias decisiones.
San Agustín de Hipona:
Nació en Tagaste (en la África romana) el año 354; vivió una intensa y sensual juventud. Se destacó en el estudio de las letras. Mostró un gran interés hacia la literatura especialmente la griega clásica y a la elocuencia. Durante sus años de estudiante en Cartago desarrolló una irresistible atracción hacia el teatro. Al mismo tiempo, gustaba en gran medida de recibir halagos y la fama, que encontró fácilmente en aquellos primeros años de su juventud. Allí mismo en Cartago se destacó por su genio retórico y sobresalió en concursos poéticos y certámenes públicos. Aunque se dejaba llevar ciegamente por las pasiones humanas y mundanas, y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual y mujeriego, no abandonó sus estudios, especialmente los de filosofía. El propio Agustín hace una crítica muy dura y amarga de esta etapa de su juventud en sus Confesiones.A los diecinueve años, la lectura de Hortensius de Cicerón despertó en la mente de Agustín el espíritu de especulación y así se dedica de lleno al estudio de la filosofía. Además, será en esta época cuando el joven Agustín conocerá a una mujer con la que mantendrá una relación estable de catorce años y con la cual tendrá un hijo: Adeodato.
En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasa de una escuela filosófica a otra sin que encuentre en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abraza el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y solamente la abandonó después de hablar con el obispo Fausto. Ante tal decepción, se convenció de la imposibilidad de llegar a alcanzar la plena verdad, y por ello se hizo escéptico.
Un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, dándole vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De repente, alza la vista y ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo. Así el niño lo hace una y otra vez. Hasta que ya San Agustín, sumido en gran curiosidad se acerca al niño y le pregunta:: "Oye, niño, ¿qué haces?" Y el niño le responde: " Estoy sacando todo el agua del mar y la voy a poner en este hoyo". Y San Agustín dice: "Pero, eso es imposible". Y el niño responde: "Más imposible es tratar de hacer lo que tú estas haciendo: Tratar de comprender en tu mente pequeña el misterio de Dios".
Sumido en una gran frustración personal, decide en 383 partir para Roma, la capital del Imperio. Su madre le acompaña en este viaje. En Roma enferma de gravedad y gracias a su amigo y protector Símaco, prefecto de Roma, fue nombrado "magister rhetoricae" en Mediolanum (actual Milán).
En 386 se consagra al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renuncia a su cátedra y se retira con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. El 23 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, es bautizado en Milán por el santo obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresa a África, pero antes de embarcarse, su madre Mónica muere en Ostia, el puerto cerca de Roma.
Cuando llegó a Tagaste vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Llevó una vida dedicada al ascetismo, y fue elegido obispo de Hipona. Durante los años en que ejerció este ministerio fue una inspiración para quienes le rodeaban.
La actividad episcopal de Agustín es enorme y variada. Predica a todo tiempo y en muchos lugares, escribe incansablemente, polemiza con aquellos que van en contra de la ortidoxia de la doctrina cristiana de aquel entonces, preside concilios, resuelve los problemas más diversos que le presentan sus fieles.
Agustín murió en Hipona el 28 de agosto de 430 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron a la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África. Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavía, a la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, donde reposa hoy.
Dos vidas, dos mundos. María Norte, San Agustín. Ambos, como tantos otros de nosotros, vivieron cambios profundos en sus vidas. Tan legítimos en un caso como en otro. Podría decirse que ambos saborearon los licores de la vida: tanto la vida de estudio (intelectual, religiosa, espiritual) como la viva y chisporroteante sensualidad. ¿Acaso preferiremos una de ambas trayectorias? ¿La de María Norte? ¿La de Agustín? ¿Acaso no hay guiños de un ejemplo al otro, como reflejos en un espejo? Reivindiquemos nuestro derecho al cambio; sea a "mejor" o a "peor", pero el derecho a cambiar de trayectoria y así saborear los diversos aspectos que la vida nos ofrece.
Para saber más:
Entrevista a María Norte, el 21 de julio de 2005, en Sevilla Press
Para la biografía de San Agustín me he basado principalmente en la Wikipedia
Otra foto (distinta a la del ABC mencionado arriba) de María Norte, en sexytv.wordpress.com, donde aparece también un acceso a más fotos a través del programa Emule (también vale simplemente poner "maria norte" playboy en el google images, como aquí.
El sabio en su fluir ante el placer

La diferencia entre el sabio y la persona común en cuanto a los placeres sensuales es que, mientras la persona común está constantemente en busca de dichos placeres, el sabio no anhela esos placeres, sino que los disfruta con entusiasmo cuando se presentan.
El sabio no busca el placer ni lo rechaza cuando se presenta.
Por la Amistad

Siempre es genial la Amistad, y tener buenos amigos. Y más genial aún es cuando se produce el retorno de un Amigo al que las circunstancias de la vida habían ausentado. Esto me ha alegrado este día porque aunque de por sí era un día especial para mí, en esta ocasión todo pasaba a un segundo plano.
¡Un brindis por la Amistad y los buenos amigos!
Un brindis por Chael y su retorno, tras esta ausencia espero que vuelvas cargado de energías, con el dragoncito y todo jejeje... ¡Chael, te echaba mucho de menos! ¡Ya era hora que volvieras! 
Felicidades también para Ronny, en su día de cumpleaños. Ronny, como mencionas en tu blog ya no nos vemos con la asiduidad de antes, pero la Amistad quedó para siempre. ¡Espero que hayas tenido un feliz día de cumple!
Hoy ha sido un día especial para mí, pero no por el mismo motivo que otros años, sino por el retorno de la Amistad. Hoy el destino y los amigos se han acordado de mí: un Amigo ha retornado tras una larga ausencia, y otro Amigo me ha demostrado con su comentario en su blog que no se olvida de mí y la Amistad continúa.
¡Te quiero mucho Chael, espero que te vaya todo bien siempre!
¡Feliz cumple Ronny, te quiero mucho también!
Hoy el día ha tenido un buen inicio y un magnífico final.
¡Un brindis por los Amigos y por la Amistad!
Ducha mental: potencie su creatividad
Mediante unos sencillos ejercicios mentales, usted puede superar sus prejuicios y ganar en flexibilidad mental, ingenio y creatividad. A menudo las facultades mentales están parcialmente bloqueadas (“oscurecidas”) por nuestros miedos y prejuicios. Al igual que ducharnos con agua nos beneficia al limpiar y refrescar nuestro cuerpo, estos ejercicios nos ayudan a desentumecer nuestra mente y emociones.
Ejercicio 1: Piense en alguien a quien conozca personalmente y que le produzca un grado moderado de animadversión, fastidio o irritación. Puede ser un vecino con una costumbre molesta; un compañero de trabajo que resulta ser un pesado; un amigo o familiar muy engreído, excesivamente orgulloso. Ahora imagine que usted fuera esa persona. Trate de ponerse en su piel. Póngase por unos instantes en su lugar y recree con su imaginación lo que sería ser esa persona. Comprenda que esta persona no obra con malicia, para amargarle el día a usted, sino que es su naturaleza ser como es. No puede evitarlo, la vida le llevó a ser quien es. Quizás si usted hubiese nacido con el ADN de esta persona, en su familia y circunstancias, ¡quién sabe cómo sería usted!
Si nota resistencia a comprender a esta persona, piense en algo de sí mismo que pueda irritar a los demás. ¡Vamos, piénselo! Es casi seguro que usted también tiene algún defecto… quizás es desordenado, o impaciente. Es más, ¡ni siquiera es necesario tener defectos para conseguir irritar a los demás!
Ejercicio 2: Imagine a la persona, animal o cosa que más detesta en el mundo. Puede ser una persona que no conozca, o un objeto que no haya visto personalmente pero le resulte conocido a través de los medios de comunicación. En cualquier caso debe tratarse de alguien o algo por el que usted sienta mucha irritación, incluso odio. Puede ser un político que según usted obra tan mal que perjudica a numerosas personas. Puede pensar en lo más detestable que se le ocurra, incluso un violador o un asesino del que haya oído hablar en las noticias. Si su emoción más fuerte es contra alguien conocido, piense en él. Podría ser un familiar que le ha traicionado, o un vecino extremadamente molesto. Piense, pues, en una persona que despierte en usted fuertes emociones o indignación, sin importar si conoce personalmente a esa persona o no.
Ahora, como en el ejercicio 1, póngase en la piel de esa persona y trate de comprender (lo que sea comprensible). Imagine si usted hubiera sido esa persona, habiendo nacido en su familia, con sus circunstancias, su ADN, sus capacidades, sus defectos, sus sueños y anhelos, sus decepciones, sus dramas: su vida. Incluso si ha elegido a un terrorista, trate de “nacer” en sus circunstancias, trate de comprender lo que puede llevar a una persona a matar. Póngase en su lugar y averigue algo más de lo que ya sabe.
Nota: Este ejercicio está especialmente indicado para ponerse en el lugar de esa persona que detestamos, o incluso la odiamos. Pero si lo que despierta en usted la mayor indignación es un animal o cosa, puede adaptar el ejercicio de acuerdo con ello. Por ejemplo puede odiar a un animal que dañó a un ser querido, por ejemplo un león escapado de un circo. Ponerse en la piel de un león no es tan fácil como con una persona, pero trate de comprender la vida del león, trate de imaginar que usted es un león. Quizás un león maltratado (o no), o simplemente un león (el animal que sea) que busca su supervivencia de acuerdo a su naturaleza, de la única manera que lo sabe hacer. Si lo que le causa espanto es un objeto (por ejemplo un volcán que produjo la muerte de seres queridos, o un teléfono averiado que impidió avisar a una ambulancia a tiempo), póngase “en su piel” también. Aunque sean objetos inanimados, trate de comprender que sólo hacen lo que está en su naturaleza (el volcán sigue su naturaleza, igual que un simple teléfono) y la existencia de estos objetos no tiene el objetivo de dañarle a usted ni a nadie. Simplemente siguen su naturaleza. Como los animales. Como las personas. Cada ser actúa de acuerdo con sus capacidades y circunstancias, según su propia naturaleza.
Ejercicio 3: Piense en algo que le produzca miedo, desasosiego o inquietud; pero esta vez no se centre en alguien en concreto, sino en algo más generalizado e inconcreto, por ejemplo el miedo a los tiburones. En este caso no se trata de temer a alguien concreto (por ejemplo no teme a un tiburón en concreto, sino a los tiburones en general, incluso sin haber sufrido ningún daño ni roce con tiburón alguno). Ahora póngase en “la piel” de eso que le atemoriza. En el ejemplo de los tiburones, imagine cómo debe ser la vida de un tiburón. Usted es un tiburón, nació tiburón, no sabe ser otra cosa, ni vivir de otra manera. Usted busca comida, para sobrevivir. Trate de intuir si los tiburones pueden tener malévolos planes contra los humanos, si pueden tener interés en dañarnos, o si por el contrario, hacen su propia vida y sólo existen roces con humanos en determinadas ocasiones, en las cuales cada uno no puede sino actuar de acuerdo a su naturaleza.
Reflexione también sobre la utilidad o inutilidad de ese miedo que usted alberga a eso en concreto. ¿Tiene buenos motivos para temerlo? Déjese llevar por las ideas que le llegan, mientras reflexiona en el asunto.
Ejercicio 4: Piense en una actividad que le parezca superficial o aburrida. Por ejemplo a mí me encanta el ajedrez pero me aburre la ópera (a otras personas les sucede exactamente al contrario). Ahora trate de ver el lado interesante de esa actividad que siempre ha considerado aburrida (o superficial, carente de interés). Piense en las muchas personas que sí disfrutan de tal actividad; trate de imaginar las virtudes de tal actividad: todo tiene su lado positivo, su cara divertida.
Ejercicio 5: Piense en algo factible, algo que le gustaría conseguir pero que, de alguna manera, siempre ha creído que estaba fuera de su alcance. Ahora, de forma fresca e intuitiva, improvise para sí mismo dos o tres maneras de conseguirlo. Conforme vaya derritiendo sus prejuicios y confiando en sí mismo, llegará a sorprenderse con los resultados. Puede que no consiga directamente lo soñado, pero su creatividad crecerá y le abrirá nuevas puertas, acordes con su punto de vista cada día más ampliado, libre de las cadenas de los prejuicios.
Ejercicio 6: Haga algo nuevo. Al menos realice alguna pequeña novedad en las próximas 24 horas, aunque sólo sea volver del trabajo a casa por un camino diferente, poner en la televisión un programa que nunca se había decidido a ver, ¡o leer un libro!, incluso podría instalar Linux en su PC en lugar de Windows, ¡si se atreve! Cambie algún hábito si lo desea, o simplemente invente una palabra nueva, pero haga algo nuevo. Así, el misterio reentrará en su vida. ¡Quién sabe!, quizás descubra que es usted todo un creador. Si le gusta internet, aquí tiene una buena excusa para abrir un nuevo blog…
Ejercicio 7: Responda a las siguientes cuestiones, pero no de una forma mecánica y repetitiva. Usted es único, ¡no existe nadie más como usted en el mundo! Idee respuestas únicas a cada una de las siguientes cuestiones. No responda “de memoria”. Invente algo nuevo, respuestas nuevas, ideas únicas. Conteste de tal manera, que crea que nadie más en la historia de la humanidad haya dicho algo así. Es preferible que responda algo “tonto” pero propio (único), que responder algo “inteligente” pero muy pisoteado y trillado por otros. ¡Ponga su sello en cada respuesta!
a) ¿Para qué diablos se inventarían las matemáticas?
b) ¿Cómo podría incrementar la diversión en mi trabajo?
c) Vacaciones ideales.
d) Alguna forma de perder dinero rápidamente y de forma divertida.
e) Algún objeto divertido de romper.
f) ¿En qué se parece la inmoralidad a la inmortalidad?
g) Las monedas tienen forma circular, ¿se me ocurre alguna alternativa mejor, aunque sea desde un punto de vista chistoso?
h) ¿Qué es el tiempo?
i) ¿Quién o qué demonios soy yo?
Ya no hay más ejercicios de momento (usted mismo puede inventar estímulos nuevos ahora). Ha visto lo sencillos que son. Probablemente usted se sienta más cómodo con unos ejercicios que con los otros. Con realizar un par de estos ejercicios (o similares), usted habrá cambiado. Todo lo que hacemos nos afecta, cambiándonos. Incluso la más leve y pequeña reflexión tiene el poder de introducir la semilla de la creatividad en nuestra vida. El centro de su vida es este preciso momento. E instalado soberanamente en este centro, en este mismo instante, usted puede fluir, crear, vivir algo nuevo. El pasado ha tiempo que se extinguió. El futuro aún no ha amanecido. Ahora, haga usted aquello que espontáneamente se le antoje, de acuerdo a su propia naturaleza.
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Renacimiento... ¡por huevos!

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A veces parece que la vida se tensa, y que algo vaya a romperse. De hecho a veces la situación rompe.
Hay que ponerle "huevos" a la cosa, o saldrá rara la tortilla.
Tras esa situación que se rompe, hay un panorama nuevo, un renacimiento de la situación, de nuestra vida.
Las cosas salen como salen; más vale fluir con ellas.
Pase lo que pase, si una situación se tensa mucho, ¡que le den morcillas!
A veces las morcillas combinan bien con los huevos, con la tortilla.
¡Ale, ale, sigan circulando!
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Jesús contra Mahoma contra Buda contra Dios... en un videojuego

Un pequeño videojuego de lucha enfrenta a las grandes figuras de las principales religiones del mundo: Dios, Jesús, Mahoma, Ganesha y Buda. El juego se llama Faith Fighter: "es el juego de lucha definitivo para estos tiempos oscuros. Elige tu creencia y haz morder el polvo a las de tus enemigos. ¡Da rienda suelta a tu intolerancia! El odio religioso nunca fue tan divertido". Se incluye además una versión censurada en la que la cara de Mahoma está tapada por un círculo negro, por si alguien se siente ofendido con la versión normal del juego.
Se puede acceder al juego para jugar online en sitios como http://www.molleindustria.org/faith-fighter o también http://www.minijuegos.com/juegos/jugar.php?id=6201 (se juega con el teclado: barra espaciadora para golpear, cursores para moverse).
Los creadores aseguran que Faith Fighter no pretende ser ofensivo con ninguna religión en particular, sólo pretende reflejar cómo las religiones y las representaciones sagradas son utilizadas habitualmente para avivar y justificar los conflictos entre naciones y personas.
Todo está hecho con mucho sentido del humor, pero aún así, seguro que acabará por generar polémica.
Fuente de la noticia: http://www.20minutos.es/noticia/338716/0/videojuego/jesus/mahoma/
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Casualidades

Es entretenido repasar diversas casualidades que ha habido a lo largo de los tiempos. Pongo dos o tres ejemplos pero recomiendo a quien le interese el tema seguir leyendo en los links que pondré al final.
Un tal Hugh Williams
El 5 de diciembre de 1664 un navío naufraga durante su travesía por el estrecho de Menay, en el mar de Irlanda. Uno solo de los sesenta y un pasajeros sobrevive, un hombre llamado Hugh Williams. Otro 5 de diciembre, el de 1785, otro barco se hunde en el mismo sitio. Y, de nuevo, se encuentra a un solo superviviente, un tal Hugh Williams. Finalmente, el 5 de agosto de 1820, caen en esas aguas 24 pasajeros de un velero perdido. Sólo un hombre se salvará; un hombre llamado... ¡Hugh Williams!
Curiosa sincronía con el hundimiento del Titanic:
Morgan Robertson escribió su novela, "Futilidad", publicada en 1898. Allí describe el trágico naufragio de Titán (primer azar, nombre casi igual que Titanic). Copio de El Nuevo Cojo Ilustrado (el link exacto del artículo lo recomiendo al final).
En 1898 un palacio flotante zarpó desde Southhampton para cruzar el Atlántico. Era el crucero más grande y lujoso jamás construido, y sus pasajeros eran los mas distinguidos miembros de la burguesía mundial. Era descrito como inundible, pero estaba destinado a nunca alcanzar su destino: el casco sería abierto por un iceberg y se hundiría dejando apenas unos cuantos sobrevivientes. El crucero existía sólo en papel, en la imaginación del novelista Morgan Robertson. El nombre que le había dado a su barco ficticio: Titán.
14 años más tarde, en 1912, sucedió la tragedia del Titanic, muy similar a algunos detalles de la novela de M. Robertson.
Algunas de las coincidencias:
1) Titán frente a Titanic
2) Ambos son transatlánticos lujosos.
3) Ambos naufragan en un mes de abril.
4) La capacidad de ambos barcos era de unas 3000 personas.
5) El Titanic llevaba 2200 pasajeros, el Titán 2000.
6) Ambos eran de casi el mismo tamaño: 800 y 882 pies.
7) Ambos se consideraban insumergibles.
8) Alcanzaban la misma velocidad máxima: 24 nudos.
9) Y, en fin, ambos naufragaron durante una travesía transatlántica, tras recibir el impacto de un iceberg y dejando pocos supervivientes.
El curioso caso del Rey Umberto de Italia:
Una sorpresa inclasificable espera al rey Umberto de Italia la noche del 28 de julio de 1900, cuando decide ir a cenar a una posada próxima a Milán: ¡el posadero es su vivo retrato! Pero más sorprendido queda cuando, al conversar con él, descubre que ambos han nacido en la misma ciudad, su doble se llama Umberto como él, se había casado en igual día que el mismo rey, en idéntica ciudad y con una joven llamada Margarita, como la reina. El día en que Umberto fue coronado rey, el otro Umberto había abierto su posada.
Desconcertado, el rey volvió al palacio. Al día siguiente le fue notificado que su sosías había muerto en un accidente de caza. Poco después de manifestar su deseo de acudir al funeral del posadero, el rey Umberto dejó de existir, abatido por tres disparos de un anarquista.
Lecturas recomendadas (fuentes):
Selección de casualidades muy entretenidas.
Interesante artículo acerca de la coincidencia entre el Titanic y el Titán de la novela de Morgan Robertson.
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Unidad permanente

Me quedé sin posesiones y descubrí la riqueza...
Me quedé sin conceptos y descubrí la sabiduría...
Me quedé sin soluciones y descubrí la paz...
Me quedé sin proyectos y descubrí la espontaneidad...
Y cuando por fin me he librado de mí mismo, vibra la armonía silenciosa que permanentemente lo llena todo.
Lo que ya es, ya es. El problema, de haber alguno (pues no lo hay), era mi tozudez y mi ansia por encontrar soluciones.
Si no hay tiempo, si no hay espacio, si no hay un yo-separado autor de sus "descabelladas" acciones... entonces sólo queda la Nada que lo origina todo: la permanente y silenciosa armonía.
A eso lo llamo Unidad.
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No hay nada que hacer...
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El año 2008 no existe

En un sentido estricto no existe el año 2008, no existe de una manera completa, real, puesto que se trata de un mero concepto arbitrario que hemos aceptado por convención (y no todos los humanos lo hemos aceptado: los chinos tienen otra convención con otro año, lo mismo que otras culturas). El 2008 es una proyección mental, una fantasía imaginada que nos resulta muy útil para relacionarnos organizadamente durante los próximos 12 meses jejeje
Los animales pueden vivir sin gran problema sin esa fantasía que usan los humanos: la fecha. La ciencia vislumbra que el tiempo no tiene una consistencia real, aunque nos sea útil. Vivimos en un mundo de ficciones. Felizmente, tras todas las ficciones vibra algo real: ¡YO! (El SER).
Descubre Lo que Eres y sé Eso mismo (felizmente). Relájate (o no te relajes), ya has llegado a Casa. Nunca saliste de Casa, ¡no había otro lugar adonde ir a perderse!
Sólo hay la Unidad infinita...
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El Ser y la Nada: Leonardo da Vinci

De las grandes cosas que se hallan entre nosotros,
el Ser de la Nada es la más grande.
(Leonardo da Vinci)
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El Cero es el Uno y el Uno es el Todo: Unidad en la Nadidad

Cuando reconoces el Centro de tu SER, el Universo entero gira humildemente en torno a Ti.
Cuando reconoces la Totalidad de tu SER, te conviertes en el Todo y giras sobre Ti Mismo.
Vacíate.
Conviértete en Nada.
¡Suelta!
Así heredas el Todo, la Nadidad Impasible que Eres...
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Chiste de un manicomio

Están en un manicomio y el jefe de psiquiatría quiere ver si puede dar de alta a tres locos... así que les pone a prueba:
- A ver, ¿cuál es el resultado de 6x6?
- 1000!!
- A ver, tú... ¿cuál es el resultado de 6x6?
- ¡Febrero!
(El jefe psiquiatra, ya desesperado le pregunta al último):
- A ver, tú, ¿cuál es el resultado de 6x6?
- 36!
- ¡Ostia, pero si tú eres el que está más loco... ¿¿¿cómo lo has adivinado???
- ¡Muy facil! He multiplicado 1000 por febrero :D
El misterio de la infinitud permanente
De aquel "lugar" más cerca que tu nariz y tu respiración,
emana la infinitud de la nada permanente;
indestructible, victoriosa, serena y misteriosa.
¿Un ladrón bueno?

A James Haggart "Ugly" McKenzie jamás lo atraparon en su dilatada carrera como bandido y salteador de caminos. Durante más de treinta años tuvo oportunidad de desvalijar diligencias, caravanas y viajeros solitarios en Texas, Nuevo Mexico, Arizona y Colorado.
Tras cumplir cincuenta y dos años, Ugly McKenzie abrazó la fe de Joseph Smith y se instaló en Utah, donde vivió plácidamente con sus 8 esposas y 15 hijos en una granja comprada con los ahorros de una vida de robos. Nunca trató de esconder su pasado. En una carta al Tribune de Salt Lake City declaró lo siguiente:
"Jamás he dañado a nadie. Nunca lo he pretendido, pero los caminos del Señor son misteriosos y por prevención contra mí mismo y mis instintos pecadores, tomé desde el principio la determinación de cargar mis armas con munición de fogueo. Nunca en mi vida he disparado un arma cargada con balas de verdad. Es cierto que me he visto envuelto en peleas a puñetazos con otros hombres e incluso en alguna ocasión he golpeado a alguna de mis víctimas, pero siempre con la intención de evitar males mayores y tratando de no causar heridas graves. Estoy seguro de que mi señor Jesucristo sabrá perdonarme estas pequeñas faltas.
Siempre traté de intimidar a mis víctimas disparando al aire tanto como fuese posible, para que así pensaran que yo era peligroso y que tenía el gatillo fácil. Es verdad que mi truco siempre funcionó, pero yo era perfectamente consciente de que en alguna ocasión podía encontrarme con alguien realmente peligroso y salir mal parado. Como no tenía nada que perder no me importaba.
La prueba de que mis decisiones en la vida han sido las correctas está en el hecho de que el cielo me ha permitido llegar hasta aquí para arrepentirme de mis pecados junto con mis esposas e hijos. Ningún hombre podría pedir más."
Para leer el reportaje completo, hay que ir al blog de donde lo he tomado: http://scorpiace.blogspot.com/2007/07/el-ladrn-precavido.html
Parece un blog muy interesante.
¿Cómo sé si algo es verdad?
Irónica ilustración acerca de la verdad y la credulidad, en este caso usando de ejemplo internet, en lugar de la típica televisión, la radio o los periódicos.La ilustración la he tomado del siguiente sitio: http://ciberprensa.com/2007/12/07/la-verdad-esta-en-internet/ Aquí y Ahora

Las cosas importantes no suceden en el pasado o en el futuro: todo lo importante sucede AHORA.
Y la Brujita dijo: "¿Se puede saber por qué demonios te entrometiste en mi trayectoria?".
Ahora
Nadie hace nada.Historias Zen
Ahí van unos breves cuentecitos Zen:
Había dos monjes que estudiaban en un seminario y a los dos les encantaba fumar. Su problema era: “¿Puedo fumar cuando estoy orando?”. No podían llegar a un acuerdo, de modo que cada uno de ellos acudió a consultar a su superior. Tiempo después se volvieron a reunir, y un monje le preguntó al otro si su abad le había dicho que podía fumar.
- No, me regañó mucho por el mero hecho de mencionarlo. ¿Qué te dijo tu abad?
- Mi abad estuvo encantado conmigo. Me dijo que no había problema. Pero, ¿qué le preguntaste a tu abad?
- Le pregunté si podía fumar mientras rezaba.
-Bueno, ya lo tienes. Yo le pregunté: “¿Puedo rezar mientras fumo?”.
Un mismo problema cambia según como lo mires. Otro ejemplo, otro cuentecito Zen:
El rey soñó que se habían caído todas las hojas de su árbol favorito, y que éste se había quedado desnudo. Mandó llamar a su interpretador de sueños, que le dijo: “Majestad, éste es un sueño terrible. Significa que vais a perder a todos vuestros parientes”. El intérprete de sueños fue encerrado en una mazmorra. Otra noche volvió a tener el mismo sueño y mandó llamar a otro intérprete de sueños. Éste le dijo: “Majestad, es un sueño estupendo. ¡Vais a sobrevivir a todos vuestros parientes!”.
¡Todo depende del color del cristal con que se mira!
A veces, preocupados por lo que pueda pasar, nos perdemos la vivencia de un buen momento presente. Esto es ilustrado en este otro cuento:
Un hombre viajando a través de un campo se encontró con un tigre. Huyó corriendo, mientras el tigre corría tras de él pisándole los talones. Llegando a un precipicio, se agarró de la raíz de una enredadera salvaje y se deslizó por el borde. El tigre lo olfateaba desde arriba. Temblando, el hombre miró hacia el fondo del precipicio, donde otro tigre esperaba ávido su caída para comérselo. Sólo la enredadera lo sostenía. Dos ratones, uno blanco y otro negro, empezaron a roer la enredadera. El hombre vio una deliciosa fresa cerca de él. Agarrándose de la enredadera con una mano, alcanzó la fresa con la otra. ¡Qué dulce sabía!...
¡Eso es vivir el momento y olvidarse de “paranoias” jejeje! Total, lo que tenga que pasar, pasará, pero eso no impide que disfrutemos cada momento y lo vivamos con intensidad. ¡Y las fresas silvestres están buenísimas!
Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. "Qué mala suerte", le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.
Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.
El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.
Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?”.
El maestro zen Hakuin era conocido entre sus vecinos como aquel que llevaba una vida pura.
Una jovencita japonesa muy atractiva, cuyos padres regentaban una tienda de comidas, vivía cerca de su casa. Una mañana, repentinamente, los padres descubrieron con espanto que la muchacha estaba embarazada.
Esto puso a los tenderos fuera de sí. La joven, al principio, se negaba a delatar al padre de la criatura, pero después de mucho hostigarla y amenazarla acabó dando el nombre de Hakuin.
Muy irritados, los padres fueron en busca del maestro. “¿Es así?”, fue todo lo que él dijo.
Al nacer el niño, lo llevaron a casa de Hakuin para que se hiciese cargo de él. Por entonces Hakuin había perdido ya toda su reputación, lo cual no le preocupaba mucho, pero en cualquier caso no faltaron atenciones en la crianza del niño. Los vecinos daban a Hakuin leche y cualquier otra cosa que el pequeño necesitase.
Pasó un año, y la joven madre, no pudiendo resistir más, confesó a sus padres la verdad: que el auténtico padre del niño era un hombre joven que trabajaba en la pescadería.
La madre y el padre fueron en seguida a casa de Hakuin para pedirle perdón. Después de haberse deshecho en disculpas, le rogaron que les devolviese el niño.
Hakuin no puso ninguna objeción. Al entregarles el pequeño, todo lo que dijo fue: “Es así?”.
Tanzan y Ekido eran dos monjes que caminaban juntos por un sendero lleno de barro. Llovía persistentemente. Al doblar un recodo se encontraron de frente con una hermosa joven vestida con un quimono de seda, la cual no se atrevía a cruzar el camino por miedo a mancharse.
“Ven aquí, muchacha”, dijo Tanzan; y tomándola en sus brazos, pasó limpiamente al otro lado a través del barro.
Ekido no dijo una sola palabra. Al caer la noche, los dos amigos encontraron alojamiento en un monasterio. Entonces Ekido no pudo contenerse más. “Se supone que nosotros los monjes debemos mantenernos alejados de las mujeres”, recriminó a Tanzan, “especialmente si son jóvenes y bonitas. No hacerlo así es peligroso. ¿Cómo pudiste llevar a aquella muchacha entre tus brazos?”.
“Dejé a la chica en el camino”, replicó Tanzan. “¿Aún sigues llevándola?”.
El siguiente cuento es gracioso:
Con tal que proponga a sus moradores, y lo gane, un debate sobre cualquier aspecto del budismo, todo monje vagabundo tiene derecho a quedarse en un monasterio zen. Si, por el contrario, sale derrotado, deberá marcharse.
Dos hermanos, ambos monjes, vivían solos en un monasterio en el norte del Japón. El hermano mayor era muy docto, mientras que el pequeño era estúpido y le faltaba un ojo.
Un monje vagabundo llegó cierto día al monasterio en busca de alojamiento. Según la costumbre, desafió a los hermanos a entablar una discusión sobre la sublime enseñanza. El mayor, que se encontraba bastante cansado de tanto estudiar, pidió al más joven que ocupara su puesto. “Ve y arréglatelas para que el diálogo se haga en silencio”, le aconsejó, pues conocía su escasa habilidad con las palabras.
El joven monje y el recién llegado se dirigieron al oratorio y tomaron asiento.
Poco después, el forastero llegaba corriendo hasta el lugar donde se encontraba el hermano mayor. “Puedes sentirte satisfecho”, le dijo. “Tu joven hermano es un eminente budista. Me ha derrotado”.
“Cuéntame cómo se desarrolló el diálogo”, le rogó el hermano mayor.
“Al sentarnos”, explicó el viajero, “yo levanté un dedo, representando al Buda, el Iluminado. Él replicó levantando dos dedos, dando a entender que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Tras lo cual yo alcé tres dedos, simbolizando al Buda, sus enseñanzas y sus seguidores, llevando una vida armoniosa. Pero él entonces me lanzó un puño a la cara, indicándome que las tres cosas proceden de una comprensión única. Fue así como me ganó, y por lo tanto yo no tengo derecho a quedarme”. Dicho esto, reemprendió su camino y se fue.
De repente apareció el hermano menor, exclamando: “¿Dónde se ha metido ese tipo?”.
“Tengo entendido que ganaste el debate”, comentó el mayor.
“No gané nada. Vengo a darle una paliza a ese monje”.
“Cuéntame cuál fue el tema de la discusión”, dijo el hermano mayor.
“¡El tema!... Pues bien: Nada más sentarnos, ese tipo levantó un dedo, insultándome al insinuar que sólo tengo un ojo. No obstante, puesto que se trataba de un forastero, pensé que era mi obligación portarme cortésmente, así que le mostré dos dedos, felicitándolo por su buena suerte, que le había permitido conservar ambos ojos. Pero entonces, el muy miserable alzó impunemente tres dedos, sugiriendo que entre él y yo no sumábamos más que tres ojos. Esto me sacó de mis casillas y empecé de darle de puñetazos, pero él logró escapar y así acabó todo”.
En fin, que una cosa son los hechos y otra lo que cada uno interprete de ellos jejeje…
Cierto día, estando Banzan paseando por el mercado, oyó por casualidad la conversación entre un carnicero y su cliente.
“Deme el mejor pedazo de carne que tenga”, decía este último.
“Todo lo que hay en mi tienda es lo mejor”, replicaba el carnicero. “No hallará aquí ninguna pieza de carne que no lo sea”.
Al oír estas palabras, Banzan fue iluminado.
(Se alude a que en la Vida, lo que viene, viene… ¡y no hace falta darle más vueltas! jejeje…).
Una tarde, hallándose Shichiri Kojun recitando sutras, un ladrón entró en su casa, armado con una afilada espada, y le pidió la bolsa o la vida.
“No me distraigas”, le dijo Shichiri. “Encontrarás el dinero en ese cajón”. Y reanudó la lectura.
Poco después interrumpió la recitación y llamó al ladrón. “No lo cojas todo. Necesito algunas monedas para pagar mañana la contribución”.
El intruso metió en sus bolsillos la mayor parte del dinero y se dispuso a irse. “Da las gracias cuando recibas un regalo”, añadió Shichiri. El hombre así lo hizo, y acto seguido escapó.
Algunos días más tarde, el ladrón fue detenido y confesó, entre otros, el robo perpetrado en casa de Shichiri. Al ser requerido como testigo, declaró: “Este hombre no es un ladrón, al menos en cuanto a mí concierne. Yo le di el dinero y él me dio las gracias por ello”.
Una vez cumplida su condena en la prisión, el hombre fue a ver a Shichiri y se hizo su discípulo.
Un estudiante preguntó al maestro chino Sozan. “¿Cuál es la cosa más valiosa del mundo?”.
El maestro dijo: “La cabeza de un gato muerto”.
“¿Por qué la cabeza de un gato muerto es la cosa más valiosa del mundo?”, inquirió el estudiante.
Sozan replicó: “Porque nadie puede decir su precio”.
Los estudiantes de la escuela Tendai solían practicar la meditación mucho antes de que el zen llegase al Japón. Cuatro de estos estudiantes, amigos íntimos, se prometieron el uno al otro en cierta ocasión observar siete días de absoluto silencio.
Durante el primer día, todos permanecieron callados. Su meditación había empezado con buen pie. Pero al caer la noche, como fuera que la luz de las lámparas de aceite había empezado a palidecer, uno de los estudiantes no pudo evitar decir a un sirviente: “Recarga esas lámparas”.
Un segundo estudiante se quedó estupefacto al oír hablar al primero. “Se suponía que no íbamos a decir una palabra”, observó.
“Sois los dos unos estúpidos. ¿Por qué habéis hablado?”, preguntó un tercero.
“Yo soy el único que no digo nada”, concluyó el cuarto estudiante.
Ryokan dedicó su vida entera al estudio del zen. Un día se enteró de que su sobrino, haciendo caso omiso de las advertencias de sus familiares, estaba dilapidando su patrimonio con una cortesana. Dado que éste había ocupado el lugar de Ryokan en la dirección de los asuntos de la familia, y viendo sus propiedades en grave peligro de desaparecer del todo, los parientes pidieron a Ryokan que hiciese algo al respecto.
Un largo viaje tuvo que hacer Ryokan para visitar a su sobrino, al que hacía muchos años que no veía. Éste pareció muy contento de encontrarse de nuevo con su tío, y le invitó a pasar la noche en su casa.
Ryokan estuvo sentado en la postura de meditación hasta el alba. Cuando se disponía a partir, por la mañana, dijo a su joven pariente: “Debo de estar haciéndome viejo; me tiemblan las manos y no soy capaz de atar las correas de mis sandalias de paja. ¿Querrías ayudarme?”.
El sobrino hizo lo que se le pedía gustosamente. “Gracias”, concluyó Ryokan. “Ya ves, nos vamos haciendo más y más viejos y débiles a cada día que pasa. Cuídate mucho”. Dicho esto se marchó, sin haber mencionado una sola palabra sobre la cortesana ni sobre las quejas de los parientes. Sin embargo, desde aquella mañana, el desenfreno y las disipaciones tocaron a su fin.
Los maestros zen enseñan a sus jóvenes pupilos a expresarse por sí mismos. Dos monasterios zen, vecinos entre sí, tenían cada uno de ellos un pequeño protegido. Sucedió que uno de ellos, yendo por la mañana a comprar legumbres, se encontró con el otro en el camino.
“¿Adónde vas?”, le preguntó al verlo.
“Voy a donde mis pies me lleven”, respondió el otro.
Esto dejó confundido al primer pupilo, que fue enseguida a consultar a su maestro. “Mañana por la mañana”, le aconsejó éste, “cuando vuelvas a encontrarte con ese muchacho, repítele la pregunta que le formulaste hoy. Te responderá lo mismo, y entonces le dirás: «Supón que no tuvieses pies. ¿Adónde irías entonces?». Esto lo pondrá sin duda en un buen aprieto”.
Los dos muchachos se encontraron a la mañana siguiente.
“¿Adónde vas?”, preguntó el primero.
“Voy allá donde me lleve el viento”, respondió el otro.
Esto volvió a dejar perplejo al jovencito, que contó su fracaso a su maestro.
“La próxima vez pregúntale adónde iría si no soplase el viento”, le sugirió éste.
Al día siguiente se encontraron por tercera vez.
“¿Adónde vas?”, preguntó el primero.
“Voy al mercado a comprar legumbres”, replicó el otro.
Eran muchos los pupilos que practicaban la meditación con el maestro zen Sengai. Uno de ellos solía levantarse por la noche, escalaba el muro del monasterio y marchaba a divertirse a la ciudad.
En cierta ocasión, yendo de inspección por los dormitorios, Sengai descubrió que faltaba uno de los monjes. Encontró también el taburete del que se servía el fugitivo para escalar el muro. Sengai lo quitó entonces de su sitio y ocupó su lugar.
Cuando el monje volvió, creyendo que se apoyaba en el taburete, pisó con fuerza sobre la cabeza del maestro y saltó al patio del monasterio. Al reparar en lo que había hecho, se quedó horrorizado.
Sengai le dijo: “Hace bastante frío a estas horas. Ten cuidado, no vayas a coger un resfriado”.
Después de este incidente, el monje no volvió a salir nunca por las noches.
Antaño, hace ya muchos años, se utilizaban en el Japón cierta clase de linternas hechas de papel y bambú, con una vela en su interior. Un hombre ciego, que había ido a visitar a un amigo por la noche, recibió de éste una de esas linternas para que hiciese el camino de vuelta a casa.
“¿Para qué quiero yo una linterna?”, inquirió el ciego. “Oscuridad y luz son para mí la misma cosa”.
“Sé que no necesitas una linterna para encontrar el camino”, replicó el amigo, “pero si no la llevas, algún otro podría tropezar contigo, así que es mejor que la cojas”.
El ciego partió con la linterna de la mano, pero apenas se había alejado un corto trecho cuando chocó de frente con alguien. “¡Mira por dónde andas!”, le gritó al desconocido. “¿Es que no ves la linterna?”.
“Tu linterna se ha apagado, hermano”, respondió el hombre.
Y para terminar, unos chistes:
Un cura cristiano y un rabino estan sentados juntos en un avión, en primera clase. Se les acerca la aeromoza y les pregunta qué quieren beber. El rabino contesta:
- Yo me tomaré un martini, gracias.
- ¿Y usted?
El cura contesta indignado:
- ¡Pero cómo se atreve! ¡Antes que mancillar mi cuerpo tomando alcohol cometería adulterio!
Entonces el rabino se apresura a decir:
- ¡Eh! ¡Deje lo del martini! ¡No sabía que se podía elegir!
Un sacerdote protestante, un rabino y un cura, estaban discutiendo el modo de decidir qué parte de la colecta de dinero que cada uno realizaba tenía que ser retenida para necesidades personales y qué parte debía ser enviada a sus respectivas organizaciones.
“Yo dibujo una línea”, dijo el protestante, “sobre el suelo. Lanzo todo el dinero al aire. El que cae a la derecha me lo quedo; el que cae a la izquierda, es del Señor”.
El cura asintió con la cabeza diciendo: “Mi sistema es esencialmente el mismo, solamente que yo empleo un círculo. Lo que cae dentro es mío; lo que cae afuera es suyo”.
El rabino sonrió y dijo: “Yo hago lo mismo. Lanzo todo el dinero al aire. Lo que coja Dios, es suyo”.
Iban Jesucristo y San Pedro en una moto a 200 por hora, cuando dice San Pedro:
- ¡Mira a Lázaro! ¡¡Mira a Lázaro!!
Jesucristo acelera y lo atropella, y se bajan descostillados de la risa.
- Pensé que no lo habías visto ¡¡¡jua jua jua!!!
- juajua ja jua.....
Luego dice Jesucristo:
- Bueno, ya. Ve Lázaro, ¡levántate! ¡Lazarooo, levántate! ¡Lazaro! ¡Levántate! ¡¡LAZARO!! ¡¡QUE TE LEVANTES!! ¡¡Mierda!! Vámonos San Pedro, ¡¡que éste no es Lázaro!!
El cura del pueblo se queja sumamente enojado al rabino:
- Alguno de tus feligreses me ha robado la bicicleta.
El rabino le responde:
- ¿Y por qué crees que ha sido alguno de mis feligreses?
- ¡Qué católico le va a robar la bicicleta al cura!
- No sé. Mira, vamos a hacer lo siguiente, yo el Sábado y tú el Domingo, cuando demos el sermón, lo haremos sobre los diez mandamientos. Seguro que cuando hablemos sobre el "NO ROBARÁS" el que lo haya hecho se arrepentirá y te devolverá la bicicleta.
Así que quedan de acuerdo en hacer lo antes dicho y reencontrarse el lunes. Ese lunes, el rabino dice:
- ¿Qué, hiciste lo que pactamos?
- Sí, fue una gran idea.
- ¿Y te devolvieron la bicicleta?
- No, ¡qué va...! Pero la he recuperado de todas formas, lo que pasó es que cuando llegué al "NO FORNICARÁS" me acordé de dónde estaba la bicicleta.
En un convento...
Dice la madre superiora: “¡Ha entrado un hombre!”
Todas las monjas: - ohhhhhhh
Una: - jejejejeje
La madre superiora: “¡Ha usado un preservativo!”
Todas: - ohhhhhhh
Una: - jejejejeje
La madre superiora: “Pero estaba roto...”
Todas: - JEJEJEJEJE
Una: - OHHHHHHHHH
El último chiste ilustra cuando nos aferramos a nuestras tradiciones de tal modo que llegamos a infravalorar e incluso odiar las tradiciones diferentes:
Un recalcitrante judío anti-cristiano estaba en su lecho de muerte. Toda su familia estaba reunida a su alrededor cuando dijo: “Traedme un sacerdote”. Todos quedaron anonadados, pero su esposa le dijo a su hijo mayor: “Ve, es su último deseo. Trae un sacerdote”. Así que el hijo trajo a un sacerdote católico, que acogió al anciano en su Iglesia, le dio las últimas bendiciones y partió. El hijo mayor, con lágrimas en sus ojos, le susurró al padre: “Papá, toda tu vida nos has educado en la creencia de que la Iglesia de Roma es anti-religiosa. ¿Cómo puedes, cuando te estás muriendo, unirte a ellos? Eres judío y siempre has creído en la tradición judía. ¿Cómo puedes hacer eso en el último momento?”.
Y con su último aliento el viejo susurró: “Así muere otro de esos bastardos”.
¡Se convirtió al catolicismo para que otro católico muriera en el mundo! Es un chiste, pero la mente nos hace realizar cosas iguales de absurdas cuanto tomamos las cosas demasiado en serio jejeje
Relatividad general (según Tira Ecol)-Humor
El humor mezclado con reflexión es siempre interesante, así que sugiero echar un vistazo a la tira cómica sobre "Relatividad general" de Tira Ecol. El link lo he encontrado en meneame.net , donde me ha gustado mucho el primer comentario, que copio a continuación:
Comentario #1: Lección sobre cómo se hace justicia:
El daño producido por una acción es directamente proporcional a la molestia que produce ésta a los grupos poderosos y políticos a su servicio.
¿Bajarse música? ¿Molesta a poderosos? SI. Entonces el daño es grande.
¿Matar vilmente y de forma salvaje a un pobre anciano? ¿Molesta a poderosos? NO. Entonces el daño es bajo...
¿Matar vilmente y de forma salvaje a un pobre anciano en epoca pre-electoral? Es un buen tema para promesas populistas y demagogas. Llama la atención a poderosos. Luego el daño es grande.
Bien, pues esto era lo que quería compartir. Para ver el chiste-reflexión, visitar el primer link que puse más arriba.
No es lo mismo
* No es lo mismo... los dolores de las piernas que las piernas de Dolores.
* No es lo mismo... la cómoda de tu hermana, que acomódame a tu hermana.
* ... Tres techos que te echo tres.
* Huevos de araña que aráñame los h...
* Un gato montés que montes un gato.
* Llegar a la meta que te la metan al llegar.
* Un metro de encaje negro que un negro te encaje un metro.
* Las Ruinas de Machu Pichu que venga un Machu te meta el Pichu y te deje en Ruinas.
* Dos tazas de té que dos tetazas.
* Tubérculo que ver tu c...
* Encabezar el pelotón que empelotar al cabezón.
* Tita dame té, que dame tetita.
* Tejidos y novedades en el piso de encima que te jodes, no ves nada y ¡¡encima te pisan!!
* Emeterio Sacario Saturnino Guajardo... que Meterlo Sacarlo Sacudirlo y Guardarlo.
Estudio de una universidad inglesa
no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats,
la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera
esten ecsritas en la psiocion cocrrtea.
El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun así pordas lerelo sin pobrleams.
Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo.
Pesornamelnte me preace icrneilbe..."
Todo lo que importa es este preciso instante

Podemos parecer fuertes o frágiles...
Podría pensarse que estaríamos mejor en cualquier otro lugar...
O que sería más divertido hacer otra cosa que la que tenemos a mano...
(Frecuentemente, la mente susurra que puede ser más divertido hacer lo que hace el vecino)...
¡Chorradas! Este instante es todo lo que hay, es todo lo que importa...
¡Un guerrero hace lo que le fluye hacer, sin compararse con vecinos!
¡El guerrero saborea el instante que vive y exprime al máximo cada gota de Vida, de Esplendor!
Lo que hace y lo que vive se convierte en el mismo centro del Universo...
Y son los demás los que giran sus cabezas para compararse con él...
¡El guerrero no gira la cabeza jamás para compararse con nadie!
Está demasiado ensimismado consigo mismo -la Vida- ¡saboreando cada momento!
Humildad y mejora
Aquel que se cree perfecto ya no hace ningún esfuerzo por automejorarse.Lo que una sola persona puede llegar a lograr
Un solo hombre decidido puede lograr, si actúa debidamente sin vacilaciones, producir olas tan enormes que conmuevan el pensar de toda la Humanidad.Aunque no lo dijera Voltaire...
No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho de decirlo (cita apócrifa de Voltaire)Napoleón y la Libertad

"Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados".
Napoleón Bonaparte
Naturaleza danzante y juguetona
Es sólo un árbol... ¿o es un hada? 
Sin palabras

Venciendo a nuestros fantasmas

Cuenta Richard Dawkins en su libro “El espejismo de Dios” algunas anécdotas divertidas, y he decidido copiar un par de párrafos:
Uno de los más listos y maduros de mis compañeros de promoción, que era profundamente religioso, se fue de acampada a las islas escocesas. En mitad de la noche, él y su novia fueron despertados en su tienda de campaña por la voz del diablo –El propio Satanás; no había duda posible: la voz era, en todos los sentidos, diabólica-. Mi amigo nunca olvidaría esa horrible experiencia y éste fue uno de los factores que le impulsaron a su ordenación como religioso. Mi propia juventud se sentía impresionada por su historia, y la repetí en una reunión de zoólogos que se estaban relajando en la taberna La Rosa y la Corona, en Oxford. Sucedió que dos de ellos eran ornitólogos y se empezaron a reír a carcajadas. “¡Una pardela de Manx!”, gritaron a coro. Uno de ellos añadió que los diabólicos gritos y cacareos de estas especies le habían hecho ganar, en diversas partes del mundo y en diferentes idiomas, el apodo local de “Pájaro del Diablo”.
La otra anécdota le ocurrió al propio Dawkins en su infancia:
Una vez, cuando era niño, oí a un fantasma: una voz masculina murmurando, como si fuera una recitación o una plegaria. Casi pude, aunque no del todo, identificar las palabras, que parecían tener un serio y solemne timbre. Me habían contado historias de tumbas de sacerdotes en casas antiguas y yo estaba un poco asustado. Pero salté de la cama y me acerqué a la fuente del sonido. Según me acercaba, sonaba más alto, y entonces, de repente, “alternó” dentro de mi cabeza. Ahora estaba lo suficientemente cerca para discernir lo que era en realidad. El viento, pasando por el ojo de la cerradura, estaba creando sonidos que el software de mi cerebro había usado para generar el modelo de un discurso masculino, entonado solemnemente. Si hubiera sido un niño más impresionable, es posible que no sólo hubiera “oído” un discurso ininteligible, sino también palabras concretas e incluso frases completas. Y si hubiera sido educado de una forma impresionable y religiosa, me pregunto qué palabras es posible que hubiera dicho el viento.
En otra ocasión, hacia la misma época, vi una cara gigante mirando fijamente, con indecible malevolencia, a través de la ventana de una, por otro lado, casa normal en un pueblo costero. Con mucha ansiedad, me aproximé hasta que estaba lo suficientemente cerca como para ver lo que era en realidad: tan sólo una sombra que vagamente se parecía a una cara, creada por la forma en que caían las cortinas. La cara en sí, y su diabólica apariencia, habían sido generadas por mi temeroso cerebro infantil. El 11 de septiembre de 2001, algunas personas devotas pensaron que habían visto la cara de Satanás en el humo que salía de las Torres Gemelas: una superstición apoyada por una fotografía publicada en Internet , ampliamente difundida.
Como vemos, el niño Dawkins desafió sus miedos y fue lo suficientemente curioso y valiente para hacer averiguaciones. Los miedos se esfuman cuando los encaramos directamente. Por otra parte, nuestros cerebros son capaces de crear muchas sensaciones e ilusiones (ópticas, audibles, táctiles, del olfato, etc). Creer en las apariencias puede causar miedo, o malinterpretaciones. Así pues, mejor nos valdría no dejarnos llevar demasiado por lo que parece ser.
El Momento es Hoy
¡Es Ahora o nunca! Si no vives este preciso instante, mueres en vida. Suéltate, libérate, déjate Ser. Sin miedo. ¿A qué tenerle miedo? El futuro es Ahora. La clave es este preciso instante. Relájate en el latir cósmico y permítete Ser Tú Mismo, con espontaneidad y con estusiasmo. ¡Sé valiente, intuye lo que te brindará alegría y libertad y saboréalo!
Quien es cobarde para vivir este instante, camina de la mano de la muerte. ¡Olvídate de todo y simplemente fluye, juega, relájate en la Corriente de la Vida! Si vives Ahora, el futuro ya se ocupará de sí mismo, se ordenará por sí solo. Si niegas el Ahora, si te niegas a saborear lo que tienes ante tus narices, ¡estás muerto!
¡Date el regalo de ser tú mismo! ¡Ahora!
Diferencia entre ricos y pobres

Es algo gracioso que he encontrado en otro blog. ¿Quién sabe si la principal diferencia entre los ricos y los pobres es el prejuicio de la persona que los ve? Porque, en el fondo, las diferencias entre un ser humano y otro son minúsculas... microscópicas... como ilustra el chiste del dibujo jejeje
Ahí van las diferencias "científicas" entre ricos y pobres:
Rico con pistola = precavido
Pobre con pistola = delincuente
Rico con manicura = play boy
Pobre con manicura = maricón
Rico con alas = ángel
Pobre con alas = muerciélago
Rico en un prostíbulo = busca placer
Pobre en un prostíbulo = busca a la hermana
Rico leyendo el periódico = intelectual
Pobre leyendo el periódico = busca trabajo
Rico corriendo = deportista
Pobre corriendo = ladrón
Rico vestido de blanco = doctor
Pobre vestido de blanco = heladero
Rico con maletín = ejecutivo
Pobre con maletín = traficante
Rico homosexual = gay
Pobre homosexual = maricón de mierda
Rico rascándose = alérgico
Pobre rascándose = guarro, sarnoso
Rico en comisaría = denunciante
Pobre en comisaría = detenido
Rico cansado = ejecutivo con stress
Pobre cansado = flojo de cojones
Tanto la imagen del chiste como las divertidas ocurrencias posteriores las he copiado de aquí .
UG: El heterodoxo ateo hindú

El viejo almacén

Otro de mis cuentos, éste la verdad que a mí me gusta menos que los otros, pero quería postear los 4, con éste basta de cuentos propios, al menos por un tiempo. Allá va:
EL VIEJO ALMACÉN
El abogado tenía los pies mojados. Estaba sorprendido por la presencia de aquella silenciosa persona que le apuntaba con una pistola, así que él también se quedó quieto a la espera de los acontecimientos. La táctica no le dio buen resultado porque Arturo le disparó a la cabeza y le mató. Sí, sin contemplaciones, amparado en la oscuridad reinante en aquel viejo almacén.
¿Pero cómo se había desencadenado el asesinato? ¿Cuál el motivo? ¿Por qué una persona mata a otra en una noche cualquiera? Para tener una perspectiva más amplia del suceso hay que ir al pasado.
Arturo era pintor. Nunca había vendido un solo cuadro, ni tenía ninguna fuente estable de ingresos, pero podía dedicarse a su arte con toda su plenitud gracias a la caridad de su hermana, la cual le mantenía a cambio de nada. Era su hermana quien trabajaba, quien pagaba el alquiler del piso, quien compraba, quien limpiaba... Arturo pintaba. Vivía en su habitación de mundos geniales, en el reino de los colores y de la fascinación. Porque él era, a su manera, un poeta de la imagen, un revolucionario sin revolución que llenaba su tiempo con la nada que para él era el todo. Él sabía que era un incomprendido, pero era un precio que estaba dispuesto a pagar porque el éxito de sus obras no dependía de las retorcidas percepciones de la plebe: eran obras inmortales en sí mismas y nunca nadie podría contradecir ese hecho. Al fin y al cabo él pertenecía a la ya casi extinguida raza de los artistas sobrenaturales y solamente otro hermano de raza estaría capacitado para entender la clave artística de sus cuadros, la exacta combinación de colores y formas para crear determinados efectos inconscientes que muy pocos saben valorar. No obstante, a pesar de sus originales impulsos hirviendo de nobleza, Arturo sentía en el fondo de su ser que algo le faltaba. Era una sensación extraña que le comunicaba un mensaje que él nunca pudo descubrir: la necesidad de reconocimiento por parte de los demás. Pero ni siquiera eso debería haber sido nunca importante para él si no hubiese sido por aquel importante imprevisto que sucedió con su hermana.
La hermana de Arturo se casó, abandonándole sin querer saber nada de él. Era un asunto grave porque él no podría pagar el alquiler, ni siquiera desprendiéndose de sus cuadros. Alguna vez había intentado vender alguna pintura por la calle, por el camino de la brevedad o del “toma o vete”, pero abordar de repente al primer peatón que se le cruzaba no debió ser una táctica muy apropiada. Así que no tuvo más remedio que pedir ayuda a su colega el escritor, quien le acogió encantado en su casa... por muy poco tiempo. El escritor le pedía colaboración, buenas intenciones y no sé qué cosas más. Le calificó de parásito o algo por el estilo y empezó a complicarle la vida: que si “deberías irte de aquí, si tienes un poco de conciencia y dignidad”, que si “tú ni eres artista ni eres nada”, que si “¿alguna vez has pintado algo de verdad?”, que si, que si, que si...
Estaba claro que enemigos muy poderosos que conspiraban contra él habían influido en su colega para tratar de contaminarle con sus sucias maquinaciones contra los hombres de elevado talento, por lo que era indispensable poner a salvo sus cuadros y escapar de allí, pero las fuerzas destructivas se le anticiparon y su mazazo fue demoledor: todos sus cuadros habían desaparecido. El traidor escritor le confesó que las pinturas no valían para nada y que se había librado de ellas, de modo que le dio quince mil pesetas “por los daños sentimentales” y le obligó a buscar otro nido lo más lejos posible de allí.
¿De qué le servía el dinero si había perdido sus cuadros? ¿Es que todas sus obras juntas no valían más que quince mil pesetas? Arturo se metió las manos en los bolsillos y se echó a la calle, andando por un camino sin meta, quizá en busca del infinito. No sabía si era mejor ponerse a llorar o proseguir con su serio y callado enfado: caminaba y caminaba pensando sin pensar. Porque su cerebro sí pensaba, por cierto que a gran velocidad, pero él no se enteraba de nada excepto del dolor de cabeza que se iba agudizando en sus sesos.
Sin saber cómo, consiguió llegar hasta un local en el que compró una pistola “a un precio especial”: precisamente las quince mil lágrimas que llevaba encima. Desde ese momento su destino pasaba por una expresión inquebrantable, la del suicidio, única muerte digna para cualquier artista que se precie. Muy lentamente su instinto le fue guiando hacia el lugar adecuado para realizar su última obra de arte, el viejo almacén de la calle cuyo acceso estaba cerrado al tráfico. No le temblaría el dedo sobre el gatillo porque estaba decidido a abandonar este mundo plagado de copiones y borregos, gente incapaz de crear nada que saliera de ellos mismos.
El abogado vivía lejos de Oka, ciudad que le vería morir. Tenía mucho dinero, no sólo por su profesión –muy bien pagada- sino también gracias a una herencia que le permitía vivir cómodo y alejado de todo tipo de preocupaciones económicas. Su casa tenía tres cuartos de baño y siete dormitorios, a pesar de que vivía solo, pues era partidario de no cambiar nunca de domicilio y un hogar pequeño podía resultar insuficiente en el futuro. Recientemente había recibido una serie de duras críticas por defender –con éxito- a un asesino en un polémico juicio, lo cual le había provocado algunos disgustos y ciertas enemistades, pero todo ese ambiente tormentoso no le había causado ningún daño a su reputación, más bien había contribuido a aumentar su fama de abogado elitista de confianza, pues el defendido era hijo de uno de los hombres más ricos y conocidos del país. Sin embargo las acusaciones de que le había defendido por dinero le irritaban bastante porque eran tan falsas como estúpidas. La verdadera razón era que, en general, gustaba de llevar la contraria a la mayoría, aparte de que ese juicio le había permitido consolidar determinadas amistades.
Últimamente se le había pasado por la cabeza la posibilidad de retirarse y vivir de las rentas, pero decidió que su trabajo era lo suficientemente atractivo como para seguir con él y, sobre todo, le permitía fortalecer su exigente ego: el ocio vacío, con sus interminables horas libres sin saber para qué usar, le resultaba desolador porque le desenterraba, grano a grano, su inseguridad.
El día fatídico el abogado se encontraba en Oka participando en un torneo de ajedrez, de esos de partidas rápidas, con treinta minutos de tiempo para cada jugador. Por la mañana se jugarían cuatro partidas, por la tarde tres. Y es que el ajedrez era la gran pasión del abogado, considerándolo como un arte de naturaleza superior a las demás artes, dado que se juega con secretos pensamientos e ideas, ocultos tras el simbolismo de la partida. “El ajedrez es el verdadero arte de la mente”, solía decirse a sí mismo.
Haber ganado las cuatro partidas de la mañana le permitía encabezar la clasificación, pero otro participante había conseguido lo mismo e iba empatado a puntos con él. La primera partida de la tarde les enfrentaría a ambos, pero lo primero era aprovechar el descanso y comer. El abogado estaba muy tranquilo y confiado porque estaba jugando un ajedrez de mucha calidad, así que se sentó apaciblemente en el restaurante y pidió la especialidad de la casa. Cuando hubo llenado bien el estómago, estando ya casi levantándose para irse, una misteriosa mujer se le acercó y le dijo:
-Quien gane el torneo de ajedrez podrá hacer de mí lo que quiera.
Dicho eso desapareció con tanta rapidez como había aparecido. No debería de haberle dado demasiada importancia a ese suceso, pero no podía dejar de pensar que aquella dama podría alegrarle la noche: tenía que ganar el torneo como fuera.
Por la tarde se reanudó la disputa del torneo. El abogado se sintió más nervioso que de costumbre y sólo consiguió empatar en la partida que le enfrentaba a su máximo rival, de modo que seguían igualados a puntos y ya sólo quedaban las dos últimas partidas.
Tanto el abogado como su rival lograron vencer en la penúltima partida manteniéndose la emoción hasta la última ronda. La misteriosa mujer que le había provocado tras la comida se dejó ver ostentosamente entre los espectadores. El abogado se preguntaba si su máximo rival habría sido tentado también por la dama.
Cuarenta minutos más tarde el gran rival del abogado terminó su partida: tablas. Ahora tenía su gran oportunidad, pues ganando su partida –y tenía la suficiente ventaja como para aspirar a ese objetivo- sería proclamado campeón del torneo. Unos minutos después la partida estaba al borde de la definición. El abogado ganaría fácilmente la partida si daba jaque con su caballo en la casilla h6, pero cometió un gravísimo error al mover su dama y muy pocos movimientos después tuvo que abandonar ante la inminente derrota. De un manotazo tiró las piezas del tablero y levantándose se eclipsó de allí con suma rapidez. No estaba acostumbrado a perder y ni siquiera quiso quedarse a la ceremonia de la entrega de premios, a pesar de que su segunda posición la hubiese firmado cualquier otro.
Por lo visto la mujer que le asaltó en el restaurante hablaba en serio, porque una vez repartidos los premios salió del edificio cogida del brazo del campeón. En la oscuridad de la noche el abogado les observaba atentamente con un odio digno del peor de los criminales. Les siguió a través de varias calles, mientras ellos paseaban. Llegaron a una calle muy tranquila porque no había tráfico, la calle donde se encontraba el viejo almacén, y a la pareja no se le ocurrió otra cosa que darse la vuelta y andar justo en dirección al abogado. Éste, que no deseaba que le vieran bajo ninguna circunstancia, se metió en el almacén para esperar a que pasaran. En el almacén había un charco de agua y había ido a parar exactamente al centro del mismo. Cuando los ojos del abogado se acostumbraron a la oscuridad del almacén vio que allí había alguien más. Se desentendió por completo de “la pareja del ajedrez” y avanzó hacia aquel desconocido, pero cuando estuvo más cerca vio que iba armado con una pistola y decidió que lo más prudente sería quedarse quieto. Sin embargo aquel tipo le disparó y le mató.
Pero entonces... ¿a qué viene lo anterior? ¿Cuáles son, en definitiva, los móviles del crimen? ¿O no había móvil?
Algunos aspectos de la vida cuanto más se analizan menos se entienden, porque no todos los fenómenos tienen una explicación racional.
FIN
Albert Fish: retrato de un monstruo caníbal y psicópata sexual

(Foto de Albert Fish a los 64 años)
Aviso que este relato verídico es espeluznante, por lo tanto, que cada uno valore si es demasiado sensible para algo como esto. Albert Fish es un caso extremo de psicópata sexual, llegando al canibalismo y la pederastia más horrible. Su sadomasoquismo (le gustaba sufrir y también hacer sufrir a los demás) es extremo, tanto como para llegar al asesinato y el canibalismo, sin importarle las consecuencias de sus actos.
Todos tenemos nuestros puntos oscuros, o los hemos tenido, incluso quienes no están dispuestos a reconocerlo o hacer una intensa instrospección acerca de sí mismos. Pero la oscuridad de determinadas personas puede llegar a cotas terribles, como vamos a poder comprobar en este relato. No obstante, no olvidemos que cada vez que nos comportamos egocéntricamente sin tener en cuenta el bienestar de otros, cada vez que decidimos egoístamente sin importarnos que a otro le siente mal lo que hacemos, estamos expresando algo de sadismo, aunque sea en una proporción microscópica en comparación con el gigantesco sadismo y masoquismo de seres como Albert Fish.
Cuando gritamos a alguien sin suficiente motivo, incluso a alguien que amamos como a un hijo, una madre, un hermano, estamos haciéndole un daño innecesario, aunque sea un daño solamente emocional. Ahí, queramos reconocerlo o no, dejamos salir nuestra faceta sádica-egoísta. Las cualidades de los psicópatas son las mismas que tenemos nosotros, las mismas que hay en cada ser humano, siendo la diferencia lo desarrolladas que tenemos cada uno las diversas cualidades. Unas personas tenemos más desarrolladas las cualidades del amor, la simpatía, etc, y en cambio tener poco desarrolladas el egoísmo u otras cualidades que en alta intensidad nos acercarían a lo que es un psicópata… mientras que otras personas pueden tener desarrolladas cualidades diferentes, buenas y malas, mezcladas. Y de vez en cuando, con diversas combinaciones de cualidades en intensidades concretas, producen a un Albert Fish, al psicópata en estado puro. Pero no huyamos de la verdad ni de nosotros mismos, afirmando ingenuamente que los psicópatas son monstruos sin ningún punto de contacto con nosotros, porque estaremos ocultándonos nuestro lado oscuro: eso que tiene el psicópata, lo tenemos nosotros también, aunque suavizado. Ese egoísmo, ¿quién presumirá de haberse librado completamente de él? ¿O alguien jamás de los jamases ha deseado que otro muriera, aunque fuese “simbólicamente”? ¡Simbólicamente! (jajajajaja).
Pues sí, ese lado oscuro está en todos nosotros, y es por eso que a veces nos sorprende cuando sale de repente sin haberlo previsto. Por ejemplo el vecino que asesina a su esposa y todos exclaman: “¿Quién lo iba a decir? Era tan buena persona… se le debe haber ido la cabeza”. Sí, la cabeza se le fue hacia su lado más oscuro y recóndito. Y mejor hubiera sido conocerse a sí mismo antes de esa explosión, y saber cómo fluir como un todo, sin estallar, con consciencia.
En fin, doy paso al relato sobre Albert Fish. Lo he copiado del libro “Psychokillers”, de Jesús Palacios. Debajo del relato pondré un link donde hay más información para quien le apetezca leer más. De ese link pillé la foto de arriba, y hay algunas fotos más de Albert Fish y de la familia Budd, que es la familia que sufre la tragedia narrada en el relato.
Del libro “Psychokillers”:
1928. Nueva York. El joven Edward Wood, hijo mayor de una humilde familia, publica un anuncio buscando trabajo, preferiblemente en el campo. Al día siguiente, un tal Frank Howard se presenta en el apartamento de los Wood, en el 406, calle 15 Oeste. Afirma poseer una granja en Farmingdale, Long Island. Está casado, tiene seis hijos y necesita ayuda. Paga un buen adelanto al joven Edward y cuando parece que está todo arreglado, se dirige a los padres del muchacho para preguntarles si puede invitar a Grace, su hija pequeña, a la fiesta de cumpleaños de uno de sus hijos. Asegura a los Wood que traerá de vuelta a la niña antes del anochecer y les deja la dirección (falsa) de su hermana, donde se supone que va a celebrarse la fiesta. Ésa será la última vez que sus padres o nadie, aparte del siniestro Frank Howard, vuelvan a ver con vida a la pequeña Grace Wood.
Años más tarde, el 11 de noviembre de 1934, la madre de Grace, Delia Wood, recibe una carta que, por decir algo, resulta escalofriante:
Estimada señora Budd:
En 1894, un amigo mío servía como marinero de puente en el buque Tacoma con el capitán John Davis. Salieron de San Francisco con destino a Hong Kong. Una vez llegados a puerto, él y dos compañeros bajaron a tierra a emborracharse. A su regreso, el buque había salido ya sin ellos. En esa época, el hambre reinaba en la China. Cualquier clase de carne se vendía entre uno y tres dólares la libra. Los más pobres sufrían tanto que vendían a los carniceros a sus hijos de menos de 12 años para que los despedazaran y revendieran. En cualquier carnicería se podían obtener, así, bistés, costillas y filetes. A la vista del comprador, los cortaban del cuerpo desnudo de una niña o un niño. Las nalgas, que es la parte más tierna, se vendían como ternera y eran el pedazo más caro.
John se quedó tanto tiempo en Hong Kong que se aficionó a la carne humana. A su regreso a Nueva York, secuestró a dos niños, de 7 y 11 años, que llevó a su casa. Los desnudó, los ató dentro de un armario y quemó sus trajes. Muchas veces, de día y de noche, los apaleaba y torturaba para hacer más tierna su carne. Mató primero al mayor, pues su culo era el más carnoso. Coció y devoró cada parte de su cuerpo excepto la cabeza, los huesos y los intestinos. El niño fue asado en el horno (su culo), cocido, hervido, frito y guisado. El niño menor pasó a su vez por lo mismo. En esa época, yo vivía en el 409 de la calle 100 Este, cerca del lado derecho. John me hablaba tan a menudo de la delicadeza de la carne humana que me decidí a probarla. El domingo 3 de junio de 1928 fui a casa de usted, en el 406 de la calle 15 Oeste. Llevé queso y fresas. Comimos juntos. Grace se sentó sobre mis rodillas para darme un abrazo. Decidí comérmela. Me inventé un cumpleaños y ustedes le dieron permiso para que me acompañara. La llevé a una casa abandonada de Westchester en la que me había fijado. Al llegar, le dije que se quedara fuera. Cogió flores silvestres. En el primer piso, me desvestí completamente para evitar las manchas de sangre. Cuando lo tuve todo listo, me acerqué a la ventana para decirle a Grace que subiera. Me oculté en un armario hasta que llegó. Cuando me vio desnudo se echó a llorar y quiso huir. La alcancé y me amenazó con decírselo todo a su mamá. La desnudé. Se defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa su carne, cocinarla y comérmela. No pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba su culito asado. Tardé nueve días en comérmela por completo. No me la tiré, aunque hubiese podido hacerlo, de haberlo querido. Murió virgen.
Gracias a esta monstruosa misiva, el detective William King, de la policía de Nueva York, pudo dar los primeros pasos para atrapar a Frank Howard. Cuando lo consiguió, el 13 de diciembre de ese mismo año de 1934, fue para descubrir que el tal Howard se llamaba realmente Albert Fish y era ya un anciano de 64 años de aspecto respetable. Pero tras la fachada de abuelito inofensivo se escondía uno de los más grandes monstruos humanos de todos los tiempos. Un extraño personaje del que se dijo que no existía perversión sexual alguna que no hubiera practicado o probado alguna vez: sadismo, masoquismo, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo… A pesar de que en el momento de su detención residía en Nueva York, junto a sus seis hijos de aspecto desnutrido, era un genuino ejemplar del gotico americano más profundo, cuyas siniestras actividades se habían extendido a todo lo largo y ancho del norte y el este de Estados Unidos. Según él mismo confesó: “desde Nueva York a Montana. Y he tenido niños en cada uno de esos Estados”. Imposible saber con exactitud el número de víctimas. El detective King calcula que, solo en el estado de Nueva York, aparte de la pequeña Grace, había dado muerte al menos a otras cinco niñas: Florence McDonnell, Barbara Wiles, Sadie Burroughs, Yetta Abramowitz y Helen Sterler. De la muerte de esta última sería acusado un vagabundo de color que, a pesar de insistir en su inocencia hasta el último instante, fue ejecutado por el crimen.
Tras la detención de Albert Fish comienza uno de los juicios más largos, complejos y escalofriantes en la historia del estado de Nueva York. A lo largo de las sesiones, Fish, quien tiene sin duda un cierto talento dramático y literario, va desvelando, en gran medida gracias a sus charlas con el psiquiatra de la defensa, el doctor Frederic Wertham, detalles sobre su vida íntima cada vez más y mas terribles y escabrosos. Además de sus constantes violaciones y asesinatos, que comienzan en 1890, ha practicado solo o en compañía los actos más repulsivos y prohibidos que puedan imaginarse. Ante el expectante público del juicio desfilan perversiones y prácticas eróticas y sexuales que muchos de los miembros del jurado ni siquiera hubieran podido imaginar, y que les deben ser explicadas por los psiquiatras durante sus extensas declaraciones. (…) Entre los juegos que enseña a su numerosa prole durante sus primeros años se incluyen adivinanzas que han de preguntarle: si falla, deben golpearle con un bastón en la espalda. Siempre falla. Otras veces pretende que sus hijos se introduzcan agujas debajos de las uñas, aunque el dolor es tan excesivo que desiste de ello. Siempre juega desnudo o vestido sólo con unos calzoncillos. Usando numerosos pseudónimos se dedica a enviar cartas obscenas a extraños y conocidos. Son cartas explícitamente pornográficas en las que da salida a su perversa imaginación, o en las que simplemente cuenta anécdotas de su vida diaria que harían temblar a cualquiera. Sus prácticas masoquistas incluyen golpearse el escroto con manojos de rosas llenos de espinas y hundir agujas de marinero en sus órganos sexuales. El examen médico que realizan en el detenido el 28 de diciembre de 1934, muestra que tiene unas veintisiete agujas introducidas en el escroto y la base del pene, algunas cerca del colon, del recto o de la vejiga, y varias ya herrumbrosas y en proceso de infección. Maníaco religioso, se castiga con latigazos y golpes hasta ensangrentar su rostro y espalda, mientras grita frases de la Biblia o delirios místicos sobre Cristo, el sacrificio de Abraham y el Infierno. Durante las noches de luna llena sufre crisis que sólo calma devorando pedazos de carne cruda y ensangrentada. Su vida es un constante entrar y salir de cárceles e instituciones psiquiátricas, a causa de sus cartas obscenas y de pequeños delitos de robo y estafa. Sin embargo, su historial clínico indica irónicamente que: “No está loco ni es peligroso”.
Naturalmente, el argumento de la defensa se centra en la locura. Pero ni siquiera todo el empeño de su abogado James Dempsey, ayudado por el doctor Wertham, consigue librarle de la pena de muerte. El propio Fish se niega a que se le califique de loco. Según dice sólo es “un homosexual que no entiende lo que le pasa”. Cuando se le notifica que será ejecutado en la silla eléctrica, su comentario inmediato es: “Que alegría, morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado”. Un miembro del jurado confiesa que está convencido de la enfermedad mental del acusado, pero que aun así la monstruosidad de sus actos merece la muerte. Sentado en la silla el 16 de enero de 1936, en la célebre prisión de Sing Sing, todavía queda una última y macabra anécdota para cerrar la vida y obra de Albert Fish: cuando se le aplica la primera corriente el metal de las numerosas agujas introducidas en su cuerpo provoca un cortocircuito. Sólo morirá con una segunda y más potente descarga. He ahí una utilidad para el piercing que a la mayoría no se nos hubiera ocurrido nunca.
La muerte de Albert Fish termina con uno de los casos más extremos de psicopatía sexual conocidos. Y unos años después, termina también con la era dorada del cómic americano. Sí, lo han leído bien. Pero es que en el juicio contra Fish hubo también otro maníaco obsesivo implicado. El psiquiatra de la defensa, doctor Frederic Wertham.
Pero eso es ya otra historia (Wertham era un encarnizado partidario de la teoría de que es la influencia ambiental la que crea monstruos como el caso de Albert Fish. Y al parecer trató de explicar a Fish basándose en parte en sus nefastas influencias ambientales, incluidos sus gustos literarios. Durante años, Wertham defendió los efectos perniciosos de muchos cómis, dando conferencias como en 1948 la de “La psicopatología de los cómics”. Tras años de dimes y diretes entre “expertos”, el Comité del Senado que investigó la influencia de los cómics en la delincuencia no llegó a una conclusión claramente condenatoria. Pero, según Jesús Palacios, “el deseo del público por encontrar alguien o algo a lo que achacar todo lo que no funcionaba bien, el miedo de los propios editores, acabaría por conducir a medidas censoriales, contrarias a la propia Constitución americana y a la libertad de expresión. Wertham no había conseguido librar a Albert Fish de la silla eléctrica, pero su convencimiento de que los crímenes de éste se debían tanto a su colección de literatura sádica y a Edgar Allan Poe como a sus traumas infantiles y signos de enfermedad hereditaria hundieron durante años la industria del cómic en América”).
Más sobre el tema:
Canibalismo: http://tabu.blogia.com/2007/081302-canibalismo-en-la-prehistoria.php
Para leer más sobre Albert Fish, con fotos incluidas: http://www.asesinatoserial.net/fish.htm
Y por supuesto, para conocer más casos de Psychokillers, nada mejor que ir a la fuente de donde he extraído este relato, el libro de Jesús Palacios: Psychokillers
Vivid y sed felices (Ramtha)

Amáos a vosotros mismos, valoráos. Y escuchad lo que os dice el yo, lo que éste necesita sentir, y entonces entregáos a ello de corazón hasta que os canséis. El aburrimiento es la señal de que ya habéis aprendido todo lo que había que aprender de una experiencia, y de que es hora de pasar a otra aventura. Cuando escucháis solamente a los sentimientos que hay dentro de vosotros, entonces sois libres de convertiros al momento en cualquier cosa que deseéis convertiros. Y sabed que nunca debéis someteros a ninguna ley, ninguna enseñanza o ninguna entidad. El ahora y los sentimientos que ganéis de él, es todo lo que realmente importa.
No tengáis leyes, maestros. Lo cual no equivale a ser imprudentes. Sólo quiere decir que el verdugo va a quitar la soga de vuestro cuello y os va a dejar respirar. Cuando os apartéis de las leyes del dogma y las creencias limitadas, entonces os permitiréis ser la libertad y lo ilimitado que la Vida es. Entonces podréis ser simplemente el poder de crear y regeneraros a vosotros mismos y a la vida.
Vivid y sed felices. Eso es lo único que la Vida os pide que hagáis.
Ramtha
El barco
Otro de mis cuentos; éste es más convencional. Ahí va:
El barco
Navegaba por las aguas de mares gigantes. Su rumbo no tenía destino, porque año tras año seguía una trayectoria más o menos circular a través de las casi infinitas aguas. En un mundo en el que apenas existía la tierra firme, se mirase hacia donde se mirase no se percibía más que el brillo de las aguas bajo el sol radiante. Muy rara vez se avistaba algún pequeño islote en la lejanía, pero cuando eso ocurría, tanto los oficiales como el propio capitán convenían en que era necesario variar la ruta para perderlo de vista cuanto antes. Al parecer, merodear más tiempo de lo debido cerca de tierra acarreaba una más que segura desgracia. El mero hecho de descubrir un islote, incluso como un minúsculo punto en la lejanía, estaba considerado como un mal augurio. No era raro que ese mismo día, o alguno de los siguientes, estallara una terrible tormenta como castigo. Sin embargo, cuando no nos topábamos con ningún islote, las tormentas tampoco faltaban. Año sí año también, teníamos lluvias casi a diario y tormentas fuertes cada cinco o diez días. Pero cada tormenta tenía su rigurosa explicación. Se decía que las peores eran las provocadas por el acercamiento a los islotes.
El barco era grandísimo, dentro cabía un pueblo entero. Estaba hecho de madera. No había ningún otro barco en los mares gigantes. Nosotros éramos los únicos humanos que habitaban el mundo. El capitán nos convenció de que era materialmente imposible la vida en los islotes, aunque no nos explicó el porqué.
Los navegantes más “veteranos” contaban que en tiempos anteriores había más barcos como el nuestro. Según los rumores, todos acabaron por desaparecer, destruidos por tremendas tormentas. Los marineros de aquellos barcos cometieron imprudencias imperdonables, como desobedecer a sus oficiales y osar acercarse a algunos islotes. Así, muchos barcos se hundieron al chocar con muros de rocas que rodeaban las islas, y otros que se alejaban a tiempo fueron absorbidos por tormentas malignas que no cesaron hasta destrozarlos por completo. No hubo supervivientes de esa época aparte de nosotros mismos, los únicos obedientes, la única civilización viva. Después de varias generaciones, nacimos nosotros. Con el paso del tiempo, sólo el barco quedó como testigo de los tiempos remotos.
He nombrado a los navegantes “veteranos”. La verdad es que estos navegantes eran relativamente jóvenes: los mayores tendrían unos cuarenta años. Y pronto habrían de abandonarnos, puesto que el límite de edad que se nos imponía era aproximadamente ése. Era algo obligado para evitar la superpoblación, y los navegantes lo aceptaban bastante bien: había que sacrificarse por la juventud. En ocasiones aparecía alguien con dudas (por así decirlo) y era obligado a saltar al agua, como los demás. Los tiburones, que eran infalibles, no distinguían entre voluntarios y obligados. El mar enrojecía.
Aparte de nosotros, en el barco existía otra clase social, de la cual nadie se quejaba (en parte porque si alguien lo hacía...). Era una minoría privilegiada formada por los oficiales, que se comportaban despóticamente con los simples navegantes. Y por encima de todos se situaba el capitán, nuestra máxima autoridad, quien por sí mismo constituía lo que podría ser una tercera clase social, la más minoritaria y afortunada.
El capitán tenía poder absoluto para hacer y deshacer a su antojo. Los oficiales le amaban y le temían a la vez. Yo le odiaba y le temía, como muchos otros navegantes. La desgraciada clase de los navegantes era la que mantenía con su trabajo al capitán y sus oficiales, quienes se limitaban a dar órdenes sin mover ni un solo dedo. La mayoría de los navegantes se conformaban con aquella situación, lo que a mí me irritaba. Pero no había muchas salidas. A cambio de determinados privilegios, algunos navegantes se convertían en “constructores del orden”. Molían a palos a cualquiera que se atreviera a poner en duda la conveniencia del sistema impuesto.
El capitán tenía algo más de cincuenta años. Él no estaba sometido a la regla del límite de edad, pues su “sabiduría” era imprescindible para el buen funcionamiento de la vida civilizada. Muchos oficiales tampoco sufrían el límite de edad, por “una gracia del capitán”. De vez en cuando algún “constructor del orden” obtenía también esa gracia.
El hambre nunca nos asediaba. Pero aunque los navegantes éramos los pescadores, las mejores piezas iban a parar a manos del capitán y los suyos. Así y todo, de este asunto nunca pude quejarme: nunca me faltó qué echarme a la boca. Y eso no fue bueno: como no faltaba comida, la gente se conformaba y tragaba con lo demás. Quizá con hambre hubiéramos sido capaces de hacer una revolución.
El capitán nos imponía cientos de reglas, las cuales debíamos cumplir si queríamos salvarnos de las tormentas que castigaban la desobediencia y el desorden. Yo respetaba las reglas más por miedo al capitán que a las tormentas. Por orden suya los ”constructores del orden” podrían lastimarme o, peor aún, entregarme a los tiburones. Siempre era más ventajoso obedecer. Siempre...
Una vez al año gozábamos de un “día de furia incontrolada”, en el que se nos permitía todo excepto abandonar el barco. Ese día podíamos saltar, gritar, dormir (aunque sólo un sordo lo lograría ante tanto jaleo), vaguear... e incluso pensar. Entonces éramos libres de proclamar a todos nuestras ideas, aun en el caso de que atentaran contra el sistema establecido. Naturalmente, nadie se tomaba en serio cualquier cosa dicha en ese día. Y entre grito y grito se permitían, también, insultos de toda calaña dirigidos contra quien se quisiera. Había quien se atrevía a ridiculizar el honor del capitán y de los oficiales, sin que nadie tomara represalias. Pero yo tenía dudas sobre la realidad de esta libertad de expresión, porque los insultos a los privilegiados solían ser suaves en comparación con los dedicados al resto. Al capitán se le podía llamar “barbudo glotón”, “necio”, “tirano” e incluso “ese feo, gordo y torpe imbécil que cree que tiene el mando, el muy iluso”; ni él podía tomar represalias por nada dicho ese día. Pero recuerdo algo que me mostró la realidad: un año, en el “día de furia incontrolada”, un navegante cometió el error de provocar al capitán con las siguientes palabras: “Sé a ciencia cierta que todos los hombres coinciden en que la grandeza de su pene es inversamente proporcional a la grandeza de su nariz”. Creo que hasta los tiburones rieron a carcajadas, porque a la enorme narizota del capitán sólo podía corresponderle un pene de un tamaño inferior al dedo meñique. El capitán se abochornó y se retiró a su camarote durante el resto del día. A la mañana siguiente todo iba normal, pero en la mirada del capitán advertí que algún mal tramaba. Varios días después, en navegante del “gran insulto” quebrantó una de las reglas. Estaba prohibido escupir en cubierta (y en los camarotes, y en todas partes excepto en el mar: el agua, al agua) y el viento hizo que un salivazo dirigido a las aguas fuese a parar a las botas del capitán. El castigo habitual por “escupir en lugar poco oportuno” era de veinte o treinta latigazos, dependiendo del lugar exacto de la salivación, pero ese día la condena fue, a mi juicio, desproporcionada: decapitación inmediata. Y lo peor de todo era que nadie sospechaba que pudiera tratarse de una venganza por lo sucedido el “día de furia incontrolada”. No les cabía en la cabeza que ese día pudiera acarrear problemas a quien no midiera sus palabras. No podían ni querían creer que ese día podía ser una farsa. Preferían pensar que lo sucedido se debía a que el castigo podía en justicia aumentarse debido a las circunstancias colindantes. Y en efecto, un día más tarde el capitán hizo pública una nueva regla según la cual se prohibía expresamente “pisar, ensuciar, escupir o incomodar a las botas del capitán”.
Las mujeres no estaban bien vistas en nuestro mundo. Sus principales funciones eran proporcionar placer a los altos mandos y fabricar mocosos. También eran usadas como cuida-mocosos, limpiadoras y cocineras. En cuanto resultaban poco útiles, se las lanzaba a los tiburones, corriendo el mismo destino que los cuarentones, los inválidos y los desobedientes.
Los navegantes no teníamos acceso a cierta zona del barco, donde se hallaban los camarotes del capitán y los oficiales, un salón de reunión para los altos mandos y varias habitaciones secretas. En una ocasión un oficial nos contó que una de esas habitaciones estaba repleta de madera. Entonces a un navegante se le ocurrió que podíamos hacer un pequeño barco para explorar los islotes que encontráramos en el futuro, y así saber realmente si era o no posible tomar tierra. A muchos les atraía la idea, aunque pocos estaban dispuestos a arriesgarse con un pequeño barquito, por temor a las tormentas castigadoras y a los demonios de las aguas. Aún así aparecieron cinco valientes dispuestos a probar fortuna. Pero cuando pidieron permiso para tomar madera y construir el barquito, el capitán se enfureció. Lo tomó como una especie de motín e hizo decapitar a los cinco voluntarios, así como al oficial que había desvelado el contenido de la habitación de la madera. Tras esto, el capitán nos dijo que salir del barco era imposible y que quien lo hiciera se encontraría con las tormentas y la muerte. Y nos advirtió que todos debíamos vigilar para que nadie lo intentara, pues un solo navegante podría atraer la desgracia para todos. Nos explicó que si un desobediente construía un barquito y abandonaba el hogar, moriría. Y no sólo moriría él, sino que nos pondría en peligro a los demás, porque las tormentas nos castigarían por habérselo permitido. Una vez que supimos esto, ya no tuvimos más ganas de pensar en alejarnos de nuestro seguro refugio.
Desde lo anterior transcurrieron dos lentos años en los que no sentí más que tristeza y resignación. El capitán se volvía más severo cada día que pasaba. Las torturas sin un motivo claro se sucedían día tras día. Ni siquiera los oficiales podían sentirse a salvo de los caprichos del capitán, quien estaba perdiendo la cabeza, aparentemente. Pero nadie era capaz de hacer nada. El capitán se había convertido en un mito, y pocos sabrían qué hacer si ese mito se derrumbara. Así, navegantes y oficiales, que tanto se odiaban, tenían algo en común: su absoluta lealtad al capitán. Eran como niños que, aun recibiendo palizas del padre, no pueden ni desean separarse de él.
Ocurrió un día que un navegante se volvió loco y, dejando la faena, se puso a gritar con todas sus fuerzas que quería irse del barco. El capitán rió, se le acercó y se detuvo a hablar con él. El navegante dijo que no soportaba más la vida que llevaba en el barco, y solicitó un poco de madera para hacer una pequeña plataforma flotante. El capitán se negó a colaborar y le respondió que su idea era ridícula, pues le conduciría a una muerte segura. Y el navegante, desesperado, se arrojó a los mares gritando que prefería los tiburones antes que a la lenta muerte que le aguardaba en el barco. Los tiburones le agradecieron la idea. Su muerte me impactó.
Se desbordaron sobre mí tres o cuatro meses y alcancé la idea de que la vida del barco no tenía ningún sentido. Quería escapar, pero eso no era posible. Quería comunicar a alguien mi desesperación, pero eso atraería un terrible final para mí. Tuve que callar durante algún tiempo. Y mientras tanto pensaba si no sería mejor arrojarme a los tiburones y poner fin a mis sufrimientos.
Por fin llegó el “día de furia incontrolada”. Lo aproveché para hablar de mi obsesión por abandonar el barco y los navegantes reían mi supuesta broma. Todos excepto dos cocineros, quienes me aconsejaron que dejara de hablar de ese tema si no quería verme envuelto en problemas. Acepté su sugerencia, así como su invitación a reunirnos durante la noche, en uno de sus camarotes y conversar sin temor a ser escuchados por malos oídos. En ese momento intuí que tenía dos compañeros. Dos únicos compañeros.
De noche, salí nervioso de mi camarote y me encaminé silenciosamente por el pasillo. Sólo me alivié cuando conseguí entrar sin ser visto en el camarote donde me esperaban mis dos compañeros. Ellos me saludaron y señalaron a una cortina que había al fondo. Cuando miré al otro lado, quedé sorprendido. No comprendía lo que estaba viendo. Parecía un sueño.
Había un diminuto bote con remos. En él cabía un hombre con comodidad, e incluso dos si estaban dispuestos a soportar el malestar de tener que llevar las piernas encogidas. Me dijeron que al ser tan pequeño no había sido difícil ocultarlo, y que sería sencillo trasladarlo a cubierta cuando tuvieran que utilizarlo. Aún no estaba totalmente terminado, pero sólo faltaban pequeños detalles. En pocos días podrían partir. Y yo, sinceramente, les confesé que no creía que algo tan pequeño fuese capaz de soportar el más mínimo peso y flotar. Ellos tampoco sabían si el bote resistiría, pero se arriesgarían.
Me extrañó que hubiesen obtenido el permiso para trabajar con madera. La verdad era que el capitán no sabía nada. Me contaron que un día les dio por equivocación la llave de la habitación de la madera, en vez de la llave de la despensa, lo que aprovecharon para hacer una copia. El azar les había favorecido.
El barco estuvo terminado unos pocos días después. No tuvieron paciencia para esperar: en cuanto llegara la noche, escaparían. Cuando casi todos dormían, yo me reuní con ellos en su camarote. Me enseñaron el bote y me pareció perfecto, completamente acabado. Me alegraba por ellos. Yo estaba tan inquieto como ellos, pues temía que algo les saliera mal.
Como de costumbre, esa noche la vigilancia estaba muy atenuada. Unos veinte “constructores del orden” permanecían despiertos; muy pocos, si tomamos en cuenta el gran tamaño del barco. Nosotros sabíamos que era poco probable que nos descubrieran, pero eso no nos tranquilizaba. Tras comprobar que no había ningún vigilante en las cercanías, trasladamos el bote a cubierta. Ellos me dieron la llave de la habitación de la madera y me animaron a intentar escapar en el futuro. Tomé la llave, agradecido, y les deseé suerte.
Estaba lloviendo desde hacía horas, pero eso no les frenó. Además, muchas noches llovía y eso no significaba que fuera a estallar una gran tormenta. Con cuerdas, bajaron el bote hasta el agua. Entonces oímos gritos. ¡Nos habían descubierto! Escuché el ruido de cientos de pisotones que se nos acercaban. Quedé abrumado por el peligro y escapé a toda prisa. Trepé a la parte más alta del barco y me escondí allí, desde donde presencié toda la escena. Cuando llegaron los “constructores del orden” mis dos compañeros ya habían conseguido bajar al bote y remaban sin descanso. Temí que se hundieran en las aguas, pero sorprendentemente el bote resistía la prueba; eso fue una gran lección para mí. El contento me invadía porque por momentos lograban la escapada, pero ocurrió lo peor: un cuchillo alcanzó en la nuca al cocinero que remaba en la parte posterior del bote. Herido o muerto, cayó al agua para más nunca aparecer. Al cocinero vivo le buscaban más cuchillos, pero supo evitarlos. En segundos vi que había salvado el peligro.
Un “constructor del orden” gritó que había una tercera persona escondida en alguna parte. Se pusieron a buscarme. No me encontraron porque fui lo suficientemente hábil como para colarme en mi camarote sin ser visto. Me eché a la cama y quedé quieto a oscuras. Unos segundos y escuché un trueno. Luego otros. Habíamos enganchado una peligrosa tormenta. Me preocupé por mi compañero escapado en su pequeña barquita. Nunca llegué a saber si sobrevivió a aquella tormenta.
La tempestad nos asedió durante varios días seguidos. Muchos creyeron en las palabras del capitán de que era nuestro merecido castigo por fracasar en impedir el intento de fuga de los dos cocineros. A los dos se les dio por muertos, tragados por las aguas de la tormenta.
El capitán quería saber quién era la tercera persona rebelde y se le ocurrió que los “constructores del orden” nos interrogaran a todos. Tuve miedo de que mis palabras no resultaran convincentes y me descubrieran. Finalmente no tuve que declarar porque, sorprendentemente para mí, un tipo confesó ser el revolucionario que buscaban. Así me vi libre del asunto.
Durante un tiempo no me atreví a hacer nada. Me comportaba como los demás; la rabia me abrasaba por dentro. Odiaba sin límites a los oficiales y a los “constructores del orden”, mucho más que al capitán. Los navegantes me daban pena, y a veces también les odiaba.
Llegó el día en el que ya no pude resistir más. Quería huir y vivir mi propia vida, no la vida que me sugería el capitán. Descubrí que el capitán era –como los demás- un esclavo, sólo que el esclavo de más rango. Era esclavo de sus creencias y de sus supersticiones, heredadas del capitán anterior a él, ya fallecido. En ocasiones era esclavo de sus propias reglas.
Cuando quise ponerme manos a la obra me llevé un chasco, porque habían cambiado la cerradura de cuarto de la madera. Sin embargo no me rendí. Estaba lo suficientemente loco como para arriesgarme a cualquier cosa. Mediante una serie de engaños conseguí acercarme al lugar donde se encontraba la llave y pude hacer una copia. Devuelta la original respiré tranquilo: nadie la había echado en falta.
Tomando como modelo el bote de los cocineros, bien impreso en mi memoria, me propuse construir uno parecido, aunque un poquito más pequeño todavía. Me costó mucho tiempo y algunos contratiempos. Tras sucesivos esfuerzos y más de un susto, lo logré. Y nadie había advertido mi secreto. Soñé con mi libertad.
Al contrario que los cocineros, yo no quise precipitarme. Me contendría hasta encontrar una noche apropiada, con pocos riesgos de tormenta. En mi obsesión por asegurar el éxito quise esperar a una noche que no lloviera, lo cual me retrasó algo más de una semana, pues no me fiaba ni de las débiles lloviznas.
La noche de la fuga cayó sobre mí y el corazón no me dejaba en paz. Tenía prisas, y al mismo tiempo una terrible obsesión por esperar unos minutos más encerrado en mi camarote, con un gran miedo a que el plan fallara. Hubiera deseado que todo cuanto iba a ocurrir transcurriera en cuatro o cinco segundos, para bien o para mal. Quería conocer mi destino cuanto antes, tanto si iba a ser libre como si moría en el intento. Pero también tenía miedo, y eso me paralizaba.
Salí de mi camarote, sin el bote, y tras comprobar que no había nadie cerca subí a cubierta. Todo parecía tranquilo. No vi cerca de ningún “constructor del orden”. Miré al agua y me sentí atraído por ella. Sentí una sacudida en todo mi cuerpo. Algo me decía que ése era el momento: ahora o nunca. Bajé como un rayo a mi camarote, tomé el bote y salí aprisa con él, golpeando sin querer el marco de la puerta. Naturalmente no me detuve a averiguar si alguien me había oído. Me lancé a la escalera y tropecé, haciendo más ruido al golpear el bote en los escalones. Agobiado, llegué a cubierta. Todavía tuve tiempo de enredarme con la cuerda que usé para bajar el bote al agua; en cuanto a los remos, poco faltó para que los perdiera. Cuando bajé al bote, solté la cuerda y remé con todas mis energías, con cada gota de mi sangre. No sentí ningún cuchillo en mi espalda. No oí a nadie. Me pregunto si nadie notó mi ausencia hasta la mañana siguiente, a pesar de mi escandalosa escapada. Yo, por mi parte, remé hasta perder el conocimiento.
Cuando desperté, horas o días después, descubrí lo que solamente puede ser visto por los exploradores solitarios.
FIN.
Razonamientos acelerados
Otro relato estrambótico que escribí hace unos años. Es atípico, hay que cogerle el tranquillo y la ironía jejeje... Ahí va:
RAZONAMIENTOS ACELERADOS
Y yo digo: Tengo razones para creer que mi mujer me engaña. Pido a Dios que no sea así, porque si no voy a matarla. Ayer la vi con ese tío... Sé que era ella. No voy a permitir que siga riéndose a mis espaldas. La voy a matar; tengo que matarla.
Digo yo: Una mujer murió ayer en la calle Canguro. Fuentes oficiales sospechan que fue asesinada, porque recibió 31 puñaladas. El asesinato se cometió, al parecer, entre las 3 y las 6 de la madrugada; o bien a las 12 del mediodía. La policía continúa con las investigaciones. No hay sospechosos, pero por algún sitio debe andar suelto un asesino, dice la policía.
Y digo yo: ¿La mato o no la mato? Porque si la mato... ¿Y si me pillan?
Yo digo: ¿Quién ha ganado las elecciones?
Y digo: La mejor hora para matarla es entre las 3 y las 6 de la madrugada; porque si la mato a las 12 del mediodía... ¡es de día! ¿Cómo la mato? Sí, claro; de un manotazo... pero la zorra de mi mujer tiene la piel muy dura. Compraré una pistola, o la robaré. O se la pido a mi abogado. Lo haré con una pistola, para estar más seguro de mi éxito.
Digo: Última hora. La mujer que murió ayer en la calle Canguro no murió de 31 puñaladas, como se había supuesto en un primer momento; murió de un disparo en la cabeza. En cualquier caso, la policía sigue pensando que se trata de un asesinato. Se descarta el suicidio, porque el arma del crimen se encontraba en la mano de la víctima.
Sigo diciendo: Si me llevo el arma pensarán que es un suicidio, así que se la dejaré en la mano. ¡Es perfecto! Mis planes son muy ingeniosos. Pero tendré que llevar cuidado de no dejar huellas en la pistola.
Diciendo sigo: Ahora mismo me comería una tableta de chocolate. El chocolate está muy bueno, siempre me ha gustado. Y ahora, que estamos en Navidad, ¿por qué no me voy a permitir un caprichito? Mejor no. Tomaré algo frío. Es porque, con este calor, igual se me deshace el chocolate. Casi mejor me voy a la playa, a tomar un poco el sol. Además, si cambio de idea y decido tomar chocolate, puedo tomármelo en la playa: aunque se me derrita, me da igual.
Ya digo: Quizá soy un exagerado. A lo mejor mi mujer no me engaña. Resulta que como soy muy celoso, en cuanto la veo con alguien me cabreo; se me atasca el cerebro y sólo pienso en matar a alguien. Cambiaré de plan. Primero, voy a matar al imbécil que vi el otro día con ella. Y luego le pregunto a mi mujer si se ha acostado con él. Pero mi nuevo plan tiene una pega: ya he matado a mi mujer.
Digo ahora: Voy a ver la tele; creo que voy a salir en las noticias. ¡Oh! Esto es una lavadora. Bueno, tengo la ropa un poco sucia...
Ahora digo: ¿Pueden traerme una tele, por favor? ¡Y que sea deprisa! ¡O de cualquier otra marca!
Digo ya: No he matado aún a mi mujer, pero en cuanto venga la mato. Le voy a pegar una patada en el culo que va a ver.
¿Diga?: Tomates no, gracias. Están demasiado dulces. Sal. ¡No, no les pongas sal! ¡Márchate de aquí! ¡Vete de aquí!
¿Quién?: ¡Mierda! Mi mujer no viene. Y yo aquí, sin testigos. Bueno, seré optimista. Quizá este retraso me proporcione el tiempo que necesito para conseguir un arma.
¡Ajá!: Es el crimen perfecto. En las películas siempre pillan al malo, pero nadie ha pensado en mi plan.
Me digo: ¡No quiero cebollas! ¡Me recuerdan a mi mujer! Me hacen llorar. Y es que, en el fondo, soy un sentimental.
Dígame: El arroz se mastica, si uno quiere, pero está bueno. De todas formas, no por mucho masticar... amanece... bueno, llega antes al estómago. ¿Qué digo?
¿Qué digo? La zorra de mi mujer...
Dígome a mí mismo: Un pastel de chocolate es muy saludable para la salud y para que el cuerpo y la mente estén saludables, o sea, llenos de salud. Además, puedo saludar con las manos mientras me lo como a la hora del desayuno, de la merienda o de la cena. O de la comida. O entre comida y comida.
Dígome yo a mí mismo: Pero como aquí no hay pasteles, pues mato a mi mujer. Tanto monta, monta tanto...
Dígome a mí mismo yo: ¡Coño, pero si yo soy médico! Pues nada, la mataré con el bisturí. Yo doy la salud y yo la quito.
Dígome yo, yo a mí mismo: Pero... ¿quién ha ganado las elecciones? Mi gato seguro que no...
Yo a mí mismo me digo: ¡Coño, un ovni! Pero no, no es. Me he confundido. Va demasiado deprisa para ser un ovni. Más bien parece una luciérnaga.
A mí mismo me digo yo: Son las 3 y aún no he matado a mi mujer. ¿Me estaré volviendo loco? No, si al final igual voy y la perdono. Sólo faltaría eso.
A mí: Un poquito de agua... Un terroncito de azúcar... Se remueve con la cuchara... ¡Y ya está! ¡Ya tenemos el agua azucarada! ¡Con la nueva fórmula asesina, se lo digo yo!
Mí mismo: Soy un balón de baloncesto. ¿Quién es ese negro que se me acerca? ¡Oh, es el mejor jugador del mundo! ¡Oiga, por favor, vóteme! ¿Qué he dicho?
Me digo lo mismo: ¿Cómo van las elecciones?
¡Coño!: ¡Ah, coño! ¿Qué ven mis ojos? ¡Mi mujer muerta! ¡Policía, bomberos, han asesinado a mi mujer! Con lo que yo la quería.
Malo...: A ver si porque yo tenga el cuchillo se van a creer que yo la he matado. Yo sólo le he dado el último pinchacito, para asegurarme...
Yo, yo: Voy al frigo y cojo todo el chocolate. Es por si me echan a mí las culpas, no vaya a ser que en la cárcel no haya chocolate.
Y yo digo: Yo soy el que manda, porque soy todo un líder. Supongo que todos obedecerán mis órdenes.
Digo: Me gusta el chocolate, tengo dotes de mando, soy un gran líder y, además, he matad... o sea, me llevo muy bien con mi mujer y somos un matrimonio perfecto.
Digo otra vez: Ultimísima hora. Fuentes gubernamentales han asegurado que ayer no hubo ningún asesinato. Por tanto, olvídense de las noticias anteriores, porque se ha descubierto científicamente que son falsas, puesto que no hay cadáver alguno, y mucho menos con 31 puñaladas; y aún menos con un disparo en la cabeza. Además la televisión no ha estado en el lugar de los hechos, por lo que se supone que todo es un rumor.
Digo yo: Ji ji ji. ¡Qué tontos son!
Digo: Pero es lógico. Yo soy el que manda. Yo soy el número uno.
Digo otra vez: ¡Yo no he votado! Voy ahora mismo a las urnas. Aunque igual no me dejan votar. Como era la semana pasada...
Doctor Fernández, psiquiatra: No ha experimentado progreso alguno. Ni lo va a experimentar. Está como en otro mundo: habla mucho pero no escucha nada. No presta atención al exterior.
Timador legal: ¿Está usted seguro? Yo he mantenido algunas conversaciones con él.
Doctor Fernández, psiquiatra: Él parece escucharle, pero en realidad le importa un pimiento lo que usted le diga. Él le responderá lo que le dé la gana, independientemente de lo que usted le pregunte. Está aislado, como en un mundo propio.
Timador legal: Entonces... ¿qué va a hacer con él?
Doctor Fernández, psiquiatra: Es inútil mantenerlo en el centro. No existe ninguna terapia que le capacite para llevar una vida normal.
Timador legal: ¿Quiere decir que puedo quedármelo?
Doctor Fernández, psiquiatra: Por supuesto. No creo que sirva para otra cosa.
Timador legal: Muchas gracias. Si todo va bien, cuente con una subvención especial para su centro psiquiátrico... y para su cuenta bancaria, por supuesto.
Doctor Fernández, psiquiatra: Por supuesto.
“Y yo digo: tengo razones para creer que este país tiene recursos suficientes para salir adelante porque, digo yo, ¿acaso no podemos potenciar nuestra industria con una política económica más acertada? Y digo yo: prometiendo os prometo que si gano bajaré los impuestos, al menos un poquito, porque no se trata de gastar más, sino de despilfarrar menos. Yo digo que si ganamos las elecciones no habré ganado yo, sino que habrá ganado el pueblo... Y digo que mataremos, ¡sí, mataremos!, mataremos y eliminaremos el terrorismo, las drogas y las delincuencias... digo que lloverá allá donde sea necesario, que subiremos las pensiones y que todas las navidades habrá turrones de chocolates gratis para los pobres de aquí y del resto del mundo... ... ...”.
Timador legal: Ya os dije que con él de cabecilla ganaríamos las elecciones. Creo, amigos míos, que tenemos presidente para rato. ¡Viva nuestro partido!
Doctor Fernández, psiquiatra: Por cierto, señor vicepresidente. No vaya a olvidar que fui yo quien le descubrió y quien se lo presentó. Espero compensaciones...
Timador legal: Por supuesto, Fernández, por supuesto. Y tenía usted razón: no servía para otra cosa.
FIN
Embarazoso embarazo
El siguiente es un cuentecillo que escribí hace unos años. Es un cuento absurdo, raro, excéntrico... pero en fin... jejeje
Ahí va:
EMBARAZOSO EMBARAZO
Hospital de S. Antonio, a mediados del sigloXXI:
Fina estaba internada en el hospital desde hacía un par de semanas. Los médicos no lograban descubrir la causa precisa de su mala salud, por lo que se presumía que debería permanecer allí, bajo estricta vigilancia, durante un tiempo prolongado. Fina estaba embarazada de varios meses. Por fortuna, el prestigioso doctor Mirón consideraba que ese asunto no tendría complicaciones, salvo que su salud empeorara más todavía. Sin embargo, el futuro se endiabló y ocurrieron cosas extrañas.
El marido de Fina, don Filippo, visitaba a su esposa todas las tardes en cuanto salía de trabajar. Hombre optimista, no dudaba de que su mujer mejoraría en poco tiempo, pero una tarde, apenas llegado al hospital, comenzaron las sorpresas.
- ¡Ah, don Filippo! – dijo Rosana, una de las enfermeras-. Yo de usted subiría pronto a ver a su mujer. Hay una sorpresa.
- ¿Qué clase de sorpresa?
- Suba y lo averiguará.
Subió lo más aprisa que pudo y entró en la habitación en la que estaba su querida esposa. Ella le sonrió en cuanto le vio.
- ¿Qué me han dicho de una sorpresa? ¿Qué sorpresa es la que hay? –quiso saber don Filippo.
- Una muy grande y muy agradable –dijo Fina, excitada-. ¿Por qué conformarnos con un solo niño? ¡Vamos a tener gemelos!
- ¿Gemelos?
- ¡Sí, un niño y una niña! ¿No es para estar más felices todavía?
De pronto entró el doctor Mirón y estrechó la mano del todavía incrédulo esposo:
- ¡Enhorabuena, amigo Filippo! Veo que usted los trae de dos en dos al mundo. Eso está bien, pero lleve cuidado con la demografía: ya sabe lo mal que estamos con la superpoblación.
- Descuide, procuraré controlarme en el futuro. Pero, en serio: ¿es verdad todo esto? ¿De verdad son gemelos?
El doctor le aseguró que, en unos minutos, las enfermeras volverían a traer el aparato con el monitor, y un vídeo por si quería grabar las imágenes de sus gemelos. Esos minutos resultaron ser algo más de una hora, pero finalmente pudo ver a sus hijitos.
- Son preciosos -susurró.
Cinco días más tarde:
Fina ha solicitado una vez más ver las imágenes de sus niños. Dos enfermeras, Delicia y Rosana, la acompañan y charlan con ella mientras los ven en la pantalla.
- Mis niños...
- Son muy guapos –dijo Delicia-. Debes estar orgullosa.
- Sí.
- Mira, mira como se acercan uno al otro –observó Rosana-. Ahora están abrazándose.
Eran tiernas imágenes de dos hermanitos que compartían un mismo y pequeño mundo. Durante los minutos siguientes hubo caricias, amagos de besitos y, finalmente, besos en toda regla. Tanto la madre como las enfermeras se dieron cuenta de que aquello se salía de lo normal. Llamaron al doctor Mirón, pero durante el tiempo que éste estuvo frente a la pantalla no hubo ningún comportamiento anómalo. Sólo pudo ver a dos gemelos normales y corrientes.
- No veo nada que se salga de lo normal –dijo el doctor, preguntándose si no habría sido todo un malentendido-. ¿De verdad creísteis ver besitos? ¿No os habréis confundido? Dos niños en un espacio tan reducido... tienen que estar pegados de una u otra manera.
- Doctor, eran besos, besos claros y nítidos –dijo Delicia.
- ¿Y qué es un beso para ti? Deberías besarme y sacarme de dudas. Es una broma. Bueno, si vuelve a repetirse algo parecido, por favor, no dudéis en grabarlo en el vídeo antes de avisarme.
El doctor abandonó la habitación.
- Bien, pero lo que hemos visto lo hemos visto, ¿no? –preguntó Delicia.
- Sí, pero el doctor puede tener razón, quizá no sea para tanto –dijo la madre-. Yo ya no estoy segura de si habrán sido imaginaciones nuestras.
- Pienso como tú –comentó Rosana-. Creo que hemos exagerado. Pero sería gracioso... ¿Sabéis? Parecía un claro acoso sexual. Jiji; deberíamos denunciarlo.
Las tres rieron un poco y olvidaron el asunto.
Un par de días más tarde:
- ¡Mirad, mirad, esta vez no hay dudas! –exclamó Delicia sin desviar los ojos de la pantalla-. ¡Deprisa, pon el vídeo a grabar! Yo aviso al doctor.
El doctor llegó en seguida. Se le veía inquieto.
- ¿Estáis las tres seguras? ¿Lo habéis visto bien? ¿Habéis puesto el vídeo? ¿Sí? Yo ahora no veo nada. Espero que en la grabación esté todo bien claro.
- Un poco de paciencia, doctor –sugirió Rosana-. Hoy están sucediendo muchas cosas. Será cuestión de esperar un momento y...
- ¡Ahora, ahora! –exclamó Delicia-. El niño se acerca a besar a su hermanita.
- Eso no es más que una suposición –le recriminó el doctor-. Se ha acercado un poco y nada más.
- No esté tan seguro, doctor –dijo Fina, la madre-. Yo siento algo especial en mi interior. Mis niños están a punto de hacer algo.
- Pues si van a hacer algo, ¡que lo hagan de una puñetera vez! Ya tengo ganas de ver algo que merezca la pena, y no tengo todo el día.
- ¡Mire, mire, doctor! –gritó Delicia, eufórica-. ¿Es un beso o no es un beso?
- ¡Santo Cielo! Eso no es un simple beso, eso es un morreo como una catedral.
- ¿Te convences por fin?
- Oídme –dijo el doctor-: esto es algo muy... ¡Oh, Santo Cielo! ¿Pero estáis viendo lo mismo que yo? ¿Sigue el vídeo en marcha?
- ¡Están follando! Copulando, quería decir.
- Eso es una suposición tuya, Delicia –susurró el doctor.
- Las imágenes no mienten. Sólo digo lo que hay ante nuestros ojos. Están haciendo el amor.
- ¿Eso no es acoso sexual? –preguntó Rosana.
- No sé qué están haciendo exactamente –dijo el doctor-, pero lo que hacen parecen hacerlo por mutuo acuerdo.
- Follan por mutuo acuerdo –se atrevió a afirmar Delicia-. Pero son hermanos. ¡Esto es un incesto!
- Dejad de especular y escuchadme atentamente: nos encontramos ante algo muy serio –aseveró el doctor Mirón-. No quisiera que lo que sabemos salga de esta habitación. Cuanta menos gente lo sepa, tanto mejor. Un buen seguimiento de este caso podría proporcionarnos varios millones. Varios millones para cada uno de nosotros, por lo tanto a ninguno nos conviene irnos de la lengua. Es posible que todos acabemos siendo famosos gracias a este caso, pero seamos cautos: tenemos que investigar esto a fondo antes de hacer públicas nuestras conclusiones. A partir de ahora hay que registrar todo cuanto suceda dentro de usted, querida Fina.
Un día más tarde:
- ¿Es cierto lo que me dice, doctor?- preguntó don Filippo, preocupado por el extraño suceso ocurrido en el interior de su esposa.
- Exactamente como se lo he contado.
- ¿No puede tratarse de un error? Puede parecer algo que no es y...
- Desengáñese, don Filippo. No hay error posible. Hace cuarenta o cincuenta años no podríamos decir nada seguro sobre un caso como éste, pero hoy en día las imágenes no mienten. Lo que está ocurriendo dentro de su esposa se ve tan claro como la realidad de aquí afuera. Usted ya ha visto imágenes de ese aparato. ¿Es posible más nitidez? Le sugiero que vea ahora las grabaciones. Lo de ayer es totalmente diferente a lo de otros días.
- Pero no puedo creerlo.
- Vea las grabaciones.
Tres días más tarde:
Además de Fina, en la habitación estaban Delicia, Rosana y don Filippo, siguiendo atentamente las imágenes en directo. Acababan de llamar al doctor Mirón, quien apareció de inmediato.
- Otra vez, doctor –dijo Delicia-. Vuelven a copular.
- No diga eso –dijo don Filippo-. No quiero creer que esto sea posible.
- Ésta es la segunda vez –dijo el doctor Mirón-. Se trata de un caso insólito, ¿no creen?
- Doctor, ¿no habrá peligro de que... suceda algo raro? –preguntó don Filippo.
- ¿Algo más raro que lo que tenemos ahora? Lo dudo.
- Pero, doctor, ¿y si...? Si hacen el amor... ¿no podría haber... más descendencia?
- ¡Oh, no se preocupe por eso, don Filippo! Eso sí que es completamente imposible –sentenció el doctor-. Que hagan el amor, lo acepto: sus códigos genéticos tienen información sobre el acto sexual y lo están imitando. ¿Me oyen bien? I-MI-TAN-DO. Pero no es posible nada más. A esa edad no hay peligro de óvulos ni de espermatozoides, puede creerme.
Al día siguiente:
Conversación privada entre Fina y su esposo.
- Querido...
- ¿Sí?
- Filippo, cariño mío. Siento que mis fuerzas se desvanecen día a día. Lo que ocurre es tan extraño... No sé si sobreviviré al parto.
- No digas eso, por favor. Resistirás, y todo se arreglará.
- Virgi y Andy. Prométemelo.
- ¿Qué?
- Se llamarán Virgi y Andy. ¿Lo harás por mí?
- Lo haremos. Tú también. Vas a salir adelante, todo se arreglará. Has de resistir estos meses finales. Sé fuerte, todo se arreglará.
- No lo sé. Creo que todo esto es culpa del veneno que tomé antes del embarazo.
- Era una buena medicina, no veneno. No vuelvas a lo mismo de siempre. Aquella medicina era necesaria y te salvó la vida. No quiero volver con tus ideas paranoides.
- Pues era veneno.
Una semana más tarde:
- No es normal –dijo el doctor-. La veo demasiado gruesa. Si no fuera porque es imposible, diría que estamos ante un feto embarazado.
- ¿Y qué hacer? –preguntó Rosana.
- Sólo podemos esperar. Y, por favor, seamos cautos.
Día a día el vientre de Virgi, la gemela, se fue hinchando. Las investigaciones despejaron todas las dudas: Virgi estaba encinta y el desarrollo de su embarazo era vertiginoso: unos pocos días más y daría a luz. El doctor Mirón llamó a don Filippo para informarle, junto a su esposa, del resultado de las investigaciones.
- Lo que sucede supera a mi inteligencia –dijo el doctor-. No se levante, permanezca sentado y escuche. Lo que ocurre es increíble, pero tienen que hacerle frente. Ustedes son gente fuerte y admirable. Sé que saldrán adelante. Si todo transcurre como esperamos, pronto habrá tres niños en lugar de dos. Tendrán dos hijos gemelos y un hijo-nieto. Parece un lío, pero en cuanto usted dé a luz, querida Fina, todo habrá pasado. Podrán vivir una vida normal. Los tres serán sus hijos, aunque uno sea hijo-nieto.
- No me hago a la idea –suspiró Fina-. En fin; veremos.
Diez días más tarde:
La pequeña Virgi dio a luz a un niño diminuto pero bien formado. Fina decidió que se llamaría Daniel. Por primera vez en la historia, un niño nacía de padres no nacidos aún.
- ¿Se dan cuenta? Daniel todavía tiene que nacer una vez más. Este niño nacerá dos veces –dijo el doctor Mirón, tras lo cual se volvió hacia Rosana y le pidió que enviase una copia de las grabaciones a todas las televisiones. Había llegado la hora de la fama-. Aunque me pregunto si sobrevivirá a su segundo nacimiento. Si lo consigue, será famoso para siempre. Este chaval se va a hacer de oro. Porque además, va a ser la única persona del mundo que tenga dos madres biológicas que le hayan parido.
- Y dos padres biológicos también –le interrumpió Delicia.
- No creas –pensó el doctor-. Técnicamente el padre biológico es Andy, pese a que no haya nacido. Sí, creo que Andy será padre y hermano de Daniel.
Doce días más tarde:
- ¿Todo va bien, doctor? Dígame la verdad –suplicó Fina.
- Tranquilícese. Es algo extraño, pero está controlado. De acuerdo, Daniel se está desarrollando a una velocidad casi vertiginosa, ¿pero qué más da? No sé cómo ha crecido tanto en estos días, pero veo que va a ser una buena cosa. Si sigue así nacerá fuerte y sano. Incluso, sospecho que en pocos días va a alcanzar el tamaño de sus pequeños padrecitos.
- Otra cosa, doctor –insistió Fina, antes de que Mirón saliese de la habitación-. ¿Es cierto lo de las apuestas?
- Querida Fina, este caso ha despertado una gran expectación en todo el mundo. No hay día que no se hable de nosotros en la televisión. Nos piden nuevas imágenes a todas horas. Me he visto obligado a conceder varias entrevistas esta última semana. Es el precio de la fama. En cuanto a lo de las apuestas, ¿acaso le extraña que la gente tenga curiosidad por saber quién nacerá primero de los tres? Yo he apostado el sueldo de un mes por Andy. Y, como experto, le aconsejo que usted también apueste por él. Además, en caso de necesidad, podemos amañar el parto.
Veintitrés días más tarde:
El doctor Mirón entró en la habitación en la que le esperaban, angustiadas, Fina, Delicia y Rosana. Se le veía muy enfadado.
- Estaba en plena operación quirúrgica. Espero que esta vez se trate de algo realmente importante.
- Presiento algo malo –le avisó Fina-. Mire las imágenes. Andy y Daniel se están peleando.
- Parece que se están empujando –reconoció el doctor-. No creo que sea grave, pronto se cansarán. ¿Cómo ha empezado?
- Andy besaba a Virgi y Daniel se ha enfurecido –le explicó Delicia-. Le ha atacado muy furioso.
- ¿Furioso? –preguntó el doctor-. No quiero conocer su interpretación de los hechos, señorita Delicia. Tan sólo quiero saber qué es lo que ha sucedido OB-JE-TI-VA-MEN-TE.
- Pues que se están empujando de mala manera –aseguró Rosana.
- Yo me temo lo peor –intervino Fina-. Tanta agitación no puede ser buena para sus tiernos corazones.
- No creo que sea para tanto –repuso el doctor-. Se calmarán en un momento u otro, pero por precaución me quedaré algunos minutos. Me interesan bastante estas imágenes.
Sin embargo, lejos de calmarse, la pelea aparentemente se agudizaba. Se percibía claramente como Andy retrocedía y Daniel no le daba tregua. Daba la impresión de que Andy tenía miedo. Trataba de apaciguar el conflicto, pero su hijito no estaba dispuesto a olvidar fácilmente. Por su parte, Virgi permanecía con los ojos cerrados desentendiéndose de cuanto pudiera suceder.
- ¡Santo Cielo! –exclamó el doctor Mirón-. Esto no es posible, le está estrangulando.
- ¡Doctor, por favor, haga algo! –gimoteó Fina.
El doctor Mirón la advirtió de que iba a golpearla en el vientre, en el lugar preciso para castigar a Daniel en plena cocorota, pero éste no alejó las manos del cuello de su padre-hermano hasta después del tercer o cuarto puñetazo del doctor. Todos respiraron aliviados, excepto la dolorida Fina.
-¡Ya le ha soltado! –gritó el doctor, golpeando la cama de excitación. Un hilillo de sudor le recorría la sien. Su corazón todavía galopaba sin frenos, pero se sentía triunfante por haber evitado lo peor. Momentáneamente el peligro había pasado-. Hemos de extremar las precauciones o esto acabará mal. Quizá podríamos dar vueltas a Fina hasta conseguir que Virgi quede situada entre los dos chavales. Eso podría bastar.
- ¡Oh, no, otra vez! –vociferó Rosana-. ¡Y esta vez está usando el cordón umbilical para estrangularle! ¡Fijáos, y cómo sonríe!
- ¡Esto es un intento de asesinato con premeditación y alevosía! –aseguró el doctor Mirón-. ¡Manos a la obra! ¡Toma ya!
El doctor golpeó el vientre de Fina, calculando que el puñetazo lo recibiría también Daniel, pero éste se movía demasiado y no era fácil acertar. Fina recibía golpe tras golpe mientras Daniel reía y Andy se ahogaba sin poder reaccionar.
- ¡Doctor, hay que hacer algo! –gritó Delicia, histérica.
- ¡Hago lo que puedo! –fue su contestación-. ¡Golpeen ustedes también! Es la única esperanza.
Rosana y Delicia, junto con el doctor Mirón, propinaron una buena paliza a Fina durante los siguientes dos o tres minutos. Los tres fetos recibieron algún que otro golpe, pero lo peor no se pudo evitar. El doctor pidió a las enfermeras que dejaran de golpear a Fina. Éstas todavía le asestaron unos golpes más, pero ya no eran necesarios.
- ¿Qué sucede? –preguntó Delicia.
- Nada podemos hacer ya. Andy ha fallecido –aseveró el doctor, con los ojos fijos en la imagen de la pantalla.
Fina no resistió más y perdió el conocimiento. El doctor prosiguió hablando:
- Por suerte, los otros dos están vivos. Un cadáver ya es mucho. Presiento que lo sucedido hoy va a manchar esta asombrosa historia. Hubiese sido realmente bonito que los tres hubieran sobrevivido a la experiencia.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? –quiso saber Rosana.
- Hemos presenciado un asesinato y no vamos a ocultarlo –murmuró el doctor-. Rosana, avisa a la policía. Pero no menciones nada a la prensa, de momento. Primero debemos dejar claro que ni este hospital ni nosotros hemos tenido responsabilidad alguna en lo sucedido. Hemos hecho cuanto hemos podido, pero desgraciadamente no ha sido materialmente posible evitar el trágico final de Andy. Nadie debe dudar de nuestra pericia profesional.
La policía envió al agente Ortega, de homicidios. Apenas llegar pidió que le narraran brevemente lo sucedido, tras lo cual empezó a hacer preguntas, respondidas casi siempre por el doctor Mirón. El resto de los que estaban en la habitación (Fina, don Filippo, Delicia y Rosana) escuchaban en silencio.
- Veamos doctor. Me dice usted que ha sido un asesinato. Pero... ¿está usted seguro? Como comprenderá yo debo permanecer neutral. ¿Tiene coartada el sospechoso?
- No la tiene, agente. Daniel estaba en el lugar de los hechos, y lo sucedido está grabado. No hay ninguna duda.
- ¿Tiene usted algo que decir, don Filippo? –preguntó Ortega-. Al fin y al cabo usted es el padre de los implicados.
- Ningún hijo mío puede ser un asesino. Hay que pasar la página y olvidar.
- La ley no olvida –le interrumpió el doctor Mirón.
- Si acaso, podemos tener en cuenta la atenuante de que el asesino todavía no ha nacido –propuso el agente Ortega-, ¿no? Daniel es inequívocamente menor de edad. Además, la ley no regula el caso concreto de que un feto mate a otro feto. Quizá esto no sea tan grave. Es una pequeña falta.
- ¿Pero qué dice, agente? –se sorprendió el doctor-. ¡Ha sido un asesinato totalmente premeditado!
- No lo dudo, pero...
- ¿Qué puede decir la ley sobre un no nacido que mata a otro no nacido? –intervino don Filippo, alentado por su esposa a que hiciera algo-. Andy está muerto, pero nunca llegó a nacer. ¿No puede considerarse legalmente como un aborto natural? Y si el aborto no es un asesinato, ¿por qué esto iba a serlo?
- Buen argumento, sí señor –reconoció Ortega-. Lo tendré en cuenta. Además, que yo sepa Daniel no tiene antecedentes penales.
- En realidad hubo un caso de acoso sex...
- ¡Cállese, Rosana! –gritó Fina, enfurecida.
Tras unos segundos de silencio, el agente Ortega tomó la palabra:
- En resumen, creo que no tenemos nada. El asesinado nunca nació. El asesino no ha nacido. La testigo más cercana tampoco ha nacido. En mi opinión, lo que ustedes presenciaron fue un aborto muy extraño. Nada más que eso. Legalmente, un simple aborto. Olviden el resto. En cuanto a usted, doctor, sepa que ni su nombre ni el del hospital se verán perjudicados por este tema. A fin de cuentas, no creo que éste sea el primer aborto que vive de cerca.
- Eso es cierto.
- Pues asunto arreglado. Y ustedes, queridos Fina y Filippo, por favor, eduquen a Daniel con completa normalidad. Sólo cuando termine de desarrollarse y nazca, conoceremos su verdadera personalidad –el agente Ortega miró a la pantalla y sonrió tiernamente-. Son dos niños muy hermosos. Cuídenlos.
Un mes más tarde:
El gran día había llegado y todo transcurrió maravillosamente bien, sin complicaciones. Primero nació Daniel (¡su segundo nacimiento en tan poco tiempo!). Su aspecto era espléndido. Sería un chico con muy buena salud. Después nació la bella Virgi, quien no cesó de llorar hasta que la reunieron con su hermanito-hijito. El doctor Mirón tuvo que hacer uso de toda su maña para sacar el cadáver del pobre Andy.
Multitud de cámaras de televisión captaron el triple acontecimiento. Las imágenes de Virgi, Daniel y el fallecido Andy darían la vuelta al mundo. Y también las imágenes de Fina y don Filippo, y de Delicia y Rosana, y del doctor Mirón, y del agente Ortega, y del... director del hospital. Todos ellos, ya tan famosos, amasaron grandes fortunas a base de entrevistas.
Unos años después, expertos psicólogos dictaminaron que Virgi y Daniel eran niños completamente normales, a excepción de ser inusualmente adinerados. El mundo quedó satisfecho. Eran niños sanos y felices. El único inconveniente era la incomodidad de la fama.
Veinte años después de nacer, Virgi y Daniel contrajeron matrimonio bajo la ceremonia de un sacerdote heterodoxo, suceso que tuvo un gran impacto social. “¡Incesto! ¡Los hermanos se casan!”, bramaron los periódicos. Les llovieron críticas desde todas partes, pero fueron perdonados gracias al gran cariño que se les tenía. Virgi y Daniel tuvieron 6 hijos y fueron muy felices durante toda su vida.
Hoy en día, Andy permanece enterrado en un cementerio del centro del país. Durante años fue visitado por cientos de personas que lloraron su muerte. Actualmente, ya nadie le recuerda. Le hemos olvidado.
FIN.
Estimada señorita
Es una curiosa carta de amor. Primero hay que leerla normal, es algo cursi, eso sí... Y luego seguid las instrucciones que pondré abajo, justo tras acabar la carta. Ahí va:
Estimada señorita:
Son de tal magnitud mis deseos de for-
malizar mis relaciones con Ud. que gozo en comu-
nicarla a todas horas del día, que daría mi po-
bre corazón perturbado ante una joven tan be-
lla, por dar gusto a mis grandes y poderosos co-
nocimientos que se ven atravesados por agui-
jones. He sido informado de que Ud. es tan pu-
ra, así como amable, modesta, simpática y boni-
ta, que espero que no oponga resistencia a mi na-
tural carisma, mi gallarda presencia y mi gar-
bo, que es capaz de destrozar el más fuerte co-
razón, que sienta tan solo un leve y mínimo cari-
ño. Esperando a unirnos sentimentalmente y pre-
ferentemente sin más demora, permítame acompa-
ñarla a la hora y sitio que usted tenga por gusto.
Un admirador.
Bien, ahora se lee la "carta oculta" jejeje: leer de nuevo pero solo las líneas impares; la primera, luego la tercera, la quinta... y veréis que la carta no es tan cursi, aunque sí algo zafia y burda, pero en fin, se trata de un simple chiste jajajajaja
¡Y lo disfruto!
Caminé descalzo por el bosque y lo disfruté.
Me lastimé el pie al pisar la cortante arista de una piedra, y lo disfruté.
Una amiga me dio un masaje con sus hábiles manos y lo disfruté.
Un niño me regaló su sonrisa y lo disfruté.
De vuelta al bosque me mordió una serpiente y lo disfruté.
Fui insultado, maldecido, odiado y lo disfruté.
Recibí la ovación de honor de los nobles de mi tribu y lo disfruté.
Saqué una niña que se ahogaba en el río y lo disfruté.
Me encumbraron, idealizaron y aplaudieron y lo disfruté.
Mintieron sobre mí, me difamaron y lo disfruté.
Me regalaron un matojo de tomillo y lo disfruté.
Un bebé murió en mis brazos y lo disfruté.
Lloré amargamente y lo disfruté.
Una tormenta poderosa envolvió mi cabaña, los truenos retumbaban en la noche, los relámpagos rasgaban la negrura nocturna del cielo, y lo disfruté.
Me regalaron un caballo y lo disfruté.
Mi dominio del caballo era tal que me ovacionaron cuando me exhibía, y lo disfruté.
Por alardear me caí del caballo fracturándome la cadera y lo disfruté.
Creí conocer la verdad y traté de imponerla, y lo disfruté.
Un día descubrí que todo lo que había aprendido estaba equivocado, me puse triste y lo disfruté.
Cometí infamia y me echaron de la tribu, quedé solo y lo disfruté.
Fui crucificado, violado, ahorcado, destruido y lo disfruté.
Caí en el más inamovible de los aburrimientos, y lo disfruté.
Me traicionaron mis más íntimos amigos, y lo disfruté.
Un ser inocente combatió a mi favor y limpió mi nombre, y lo disfruté.
Mis padres me amaron y lo disfruté.
Mis padres me usaron y lo disfruté.
Mis padres me odiaron y lo disfruté.
El mundo entero me ignoró y lo disfruté.
Anocheció y lo disfruté.
Amaneció y lo disfruté.
Desnudo en el monte, lloviendo y nevando, pasé frío y lo disfruté.
Una bruja me acogió en su cabaña al calor del fuego en la chimenea y lo disfruté.
Me llamaron brujo solitario y lo disfruté.
Me etiquetaron con feas palabras y lo disfruté.
Una mujer bella y joven me brindó sexo y lo disfruté.
Me entraron ganas de cagar, cagué y lo disfruté.
Me espiaron mientras dormía y lo disfruté.
Fui siete años Bufón de la Corte y lo disfruté.
El demonio me tentó con sus recursos y lo disfruté.
Me enamoré de la valentía de un Lobo y lo disfruté.
Mi riqueza no tenía fin y lo disfruté.
Mis más acérrimos y envidiosos enemigos me halagaron y lo disfruté.
Visité al dentista y lo disfruté.
Caí siete veces en la misma trampa y lo disfruté.
Se averió el microhondas y lo disfruté.
Me rasqué la oreja y lo disfruté.
Me visitó la Sabiduría Eterna y lo disfruté.
Me resbalé y caí al río, me bañé y lo disfruté.
En el río había una Sirena de Río, me confesó su amor por mí, me reí y lo disfruté.
Mi Familia creció, se expandió, se multiplicó y lo disfruté.
Me invitaron a conocer mil planetas y lo disfruté.
Me abrazaron agradeciéndome por algo que yo no había hecho, y lo disfruté.
Un día me sentía confundido y lo disfruté.
Cuando todo se aclaró, lo disfruté.
Un Amigo me regaló las llaves que conducen a Jauja y a Shamballa y lo disfruté.
Surgió un pedo y lo disfruté.
Juego a un juego tras otro y lo disfruto, amo a un ser tras otro y lo disfruto, siento un sentimiento y lo disfruto, llégame una idea y lo disfruto… muero o vivo, río o lloro, disfruto, disfruto, disfruto, Ahora, en este Momento… respiro y permito los Juegos. ¡Y lo disfruto!
Para mí el Paraíso es un lugar donde se me permite ser, jugar. Conozco el Paraíso y lo disfruto. Vivo mi vida, la huelo la saboreo la chupo la lamo la amo la quiero la juego. Y lo disfruto, lo disfruto lo disfruto lo disfruto aún más; me gusta me vale me llena me sirve lo juego así y lo disfruto lo disfruto y lo disfruto.
Canción del pirata
No soy muy de poemas, pero siempre me ha gustado el que copio a continuación. No podía faltar en mi blog.
Canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman, 5 por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela, en la lona gime el viento, 10 y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa, 15 y allá a su frente Stambul:
«Navega, velero mío, sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza 20 tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas hemos hecho
a despecho 25 del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies. 30 Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra 35
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes. 40 Y no hay playa, sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor, que no sienta 45 mi derecho
y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, 50 mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de «¡barco viene!» es de ver
cómo vira y se previene 55 a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas yo divido
lo cogido 60 por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival. 65 Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte! 70
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío. 75 Y si caigo, ¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo 80 del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, 85 mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor aquilones,
el estrépito y temblor 90 de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento, 95 y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado 100 por el mar.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.» 105 De: Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. Londres: T. Nelson, 1912.
El secuestro de El Jueves

Comento este suceso (sucedido hace un par de semanas) que hoy día, ya en pleno siglo XXI, parece casi de chiste: la revista española de humor "El Jueves" fue retirada de los quioscos por orden del juez del Olmo, bajo el motivo del delito de "injurias a la corona". Al margen de que en una sociedad supuestamente democrática se permitan acciones con tanta semejanza a aquellos "lejanos" tiempos de Franco y la censura, lo que resulta grotesco es que todavía en la actualidad existan leyes en España que protegen los intereses de una élite (la Familia Real, la "Corona") y no al resto de los ciudadanos. Vamos, que ahora la libertad de expresión en España parece no ser válida a la hora de hacer chistes de determinados personajes principescos... ¿Será que en España se está perdiendo el sentido del humor? ¿O será más bien, que este juez, astutamente, haya querido hacer un chiste sobre ciertas leyes absurdas que aún perduran en nuestro Código Penal?
Copio un extracto de la noticia:
Concretamente, la imagen muestra a los Príncipes haciendo la postura del "perrito" y junto a un texto con letras de gran tamaño en rojo que reza: "2.500 euros por niño", haciendo alusión a la ayuda que el Gobierno concederá a las familias de los niños que nazcan a partir de ahora.
"¿Te das cuenta? Si te quedas preñada... ¡Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!", dice el personaje que representa al Príncipe en la viñeta.
La imagen solo aparece en la portada de la revista. El juez ha pedido que se destruya su molde para que no se pueda volver a reproducir. En el auto, se subraya que la caricatura muestra una actitud "claramente denigrante y objetivamente infamante".
Resulta especialmente gracioso eso de pedir que "se destruya su molde", pues actualmente las revistas en este país no suelen usar esos medios tan antiguos que se usaban para imprimir en la época de la censura (la época de la dictadura de Franco), sino que las impresiones actuales son digitales jejeje...
En fin...
(Link a la noticia)

