No hay diferencias estadísticamente significativas entre la moral de los ateos y la de los creyentes religiosos
Lo que sigue es un fragmento del libro de Richard Dawkins "El espejismo de DIOS", un trocito del capítulo 6, "las raíces de la moralidad: ¿por qué somos buenos?". Contiene unos interesantes dilemas o tests morales, ante los cuales cada persona puede plantearse qué decisión tomaría de encontrarse en circunstancias semejantes. Espero que os guste. Y si sirve para reflexionar, tanto mejor.
Si nuestro sentido moral, como nuestro deseo sexual, está efectivamente enraizado profundamente en nuestro pasado darwinista, la religión de los depredadores, podríamos esperar que la investigación de la mente humana revelaría algunas verdades universales morales, salvando las barreras geográficas y culturales y también, decisivamente, barreras religiosas. El biólogo de Harvard Marc Hauser, en su libro Mentes morales: cómo la naturaleza diseñó nuestro sentido universal de lo correcto y lo incorrecto, ha desarrollado experimentos originalmente sugeridos por los filósofos morales, a lo largo de una fructífera línea de pensamiento. El estudio de Hauser servirá para el propósito adicional de introducir la forma en la que piensan los filósofos morales. Se plantea un dilema moral hipotético, y la dificultad que experimentamos para responderlo nos dice algo sobre nuestro sentido de lo que es correcto y lo que es incorrecto. En lo que Hauser va más allá de los filósofos es en que él, en realidad, realiza encuestas estadísticas y experimentos psicológicos, utilizando cuestionarios en Internet, por ejemplo, para investigar el sentido moral de personas reales. Bajo este punto de vista, lo interesante es que la mayoría de la gente toma las mismas decisiones cuando se enfrentan a esos dilemas, y su acuerdo sobre sus decisiones es más fuerte que su capacidad para aducir sus razones. Por esto deberíamos esperar que si tenemos un sentido moral que está construido en nuestros cerebros, como nuestro instinto sexual o nuestro miedo a las alturas o, como el propio Hauser prefiere decir, como nuestra capacidad para el lenguaje (los detalles varían de una cultura a otra, pero la estructura profunda subyacente en la gramática es universal). Como veremos, la forma en la que las personas responden a estas pruebas morales y su incapacidad para articular sus razones parecen enteramente independientes de sus creencias religiosas o de la ausencia de ellas. El mensaje del libro de Hauser, para anticiparlo en sus propias palabras, es este: "Dirigir nuestros juicios morales es una gramática moral universal, una facultad de la mente que evolucionó durante millones de años para incluir un conjunto de principios para construir un rango de posibles sistemas morales. Como con el lenguaje, los principios que generan nuestra gramática moral vuelan fuera del alcance del radar de nuestra consciencia".
Típico de los dilemas morales de Hauser son las variaciones sobre el tema de un vagón incontrolado o un "carrito" en una vía de tren que amenaza matar a cierto número de personas. La historia más simple imagina a una persona, Denise, situada junto a las agujas de cambio de vía, en una posición que le permite desviar el carrito hacia un lateral, y así salvar las vidas de cinco personas atrapadas un poco más adelante en la vía del tren. Desafortunadamente, hay un hombre atrapado en el lateral. Pero, teniendo en cuenta que él es solo uno, superado en número por las cinco personas atrapadas en la vía principal, la mayoría de las personas están de acuerdo en que es moralmente permisible para Denise, si no obligatorio, mover el mando y salvar a los cinco, matando a uno. Ignoramos posibilidades hipotéticas tales como que el hombre solo que está en el lateral fuera Beethoven, o un amigo cercano.
Hay complicaciones del experimento que presentan una serie de dilemas morales incrementalmente enmarañados. ¿Qué pasa si el carrito puede detenerse dejando caer un gran peso en su camino desde un puente que hay por encima? Es fácil: obviamente, deberíamos dejar caer el peso. Pero ¿qué pasa si el único gran peso disponible es un hombre muy gordo sentado en el puente, admirando la puesta de sol? Casi todo el mundo está de acuerdo en que es inmoral empujar al hombre gordo por el puente, incluso aunque, desde un punto de vista, el dilema pudiera parecer paralelo al de Denise, en el que mover el mando mataría a uno para salvar a cinco. La mayoría de nosotros tenemos una fuerte intuición de que hay una diferencia crucial entre los dos casos, aunque no seamos capaces de articular cuál es.
Empujar al hombre gordo por el puente es una reminiscencia de otro dilema considerado por Hauser. Cinco pacientes de un hospital están muriendo, cada uno con un órgano que está fallando. Todos podrían salvarse si pudiera encontrarse un donante para ese órgano particular que está fallando, pero no hay ningún donante disponible. Entonces, el cirujano se da cuenta de que hay un hombre sano en la sala de espera, cuyos cinco órganos están en buen funcionamiento y son adecuados para el transplante. En este caso, no podemos encontrar a casi nadie que esté preparado para decir que el acto moral es matar al uno para salvar a los cinco.
Tal como el hombre gordo sobre el puente, la intuición que compartimos la mayoría de nosotros es que un espectador inocente no debería ser arrastrado repentinamente a una mala situación y ser utilizado para el bien de otros sin su consentimiento. Immanuel Kant articuló estupendamente el principio de que un ser racional nunca debería utilizarse como un medio no consentido para alcanzar un fin, incluso si el fin es en beneficio de otros. Esto parece proporcionar la diferencia crucial entre el caso del hombre gordo sobre el puente (o el hombre de la sala de espera del hospital) y el hombre del lateral de Denise. El hombre gordo del puente está siendo verdaderamente utilizado como medio para parar el carrito incontrolado. Esto viola claramente el principio kantiano. La persona del lateral no está siendo utilizada para salvar la vida de las cinco personas de la vía. Es el lateral el que está siendo utilizado, y él simplemente tiene la mala suerte de estar en ese lugar. Pero ¿qué pasa cuando hacemos una distinción como esa, por qué nos satisface? Para Kant, era un absoluto moral. Para Hauser, está construido en nosotros por nuestra evolución.
Las situaciones hipotéticas relacionadas con el carrito incontrolado se hacen incrementalmente más ingeniosas, y los dilemas morales, proporcionalmente más tortuosos. Hauser contrasta los dilemas afrontados por individuos hipotéticos llamados Ned y Oscar. Ned está en la vía del tren. Al contrario que Denise, que puede desviar el carrito hacia un lateral, el mando de Ned lo desvía hacia un camino lateral que se reencuentra de nuevo con la vía principal justo antes de las cinco personas. Simplemente mover el mando no ayuda: el carrito se estrellará contra los cinco de cualquier forma cuando el desvío se reencuentre con la vía principal. Sin embargo, mientras esto ocurre, hay un hombre extremadamente gordo en el desvío lateral que es lo suficientemente fuerte como para hacer que el carrito se pare. ¿Debería Ned cambiar las agujas y desviar el tren? La intuición de la mayoría de la gente es que no. Aunque ¿cuál es la diferencia entre el dilema de Ned y el de Denise? Presumiblemente, la gente está aplicando de forma intuitiva el principio de Kant. Denise desvía el carrito evitando que se estrelle contra las cinco personas, y la desafortunada casualidad del lateral es un "daño colateral", por utilizar la encantadora frase rumsfeldiana. Él no está siendo utilizado por Denise para salvar a los demás. Ned está utilizando realmente al hombre gordo para parar el carrito, y la mayoría de las personas (quizá sin pensarlo), de acuerdo con Kant (pensándolo con gran detalle), ven que esta es una diferencia crucial. La diferencia nos llega de nuevo por el dilema de Oscar. La situación de este es idéntica a la de Ned, excepto en que hay un gran peso de hierro en el desvío lateral, lo suficientemente fuerte como para parar el carrito. Claramente, Oscar no debería tener problemas al decidir cambiar las agujas y desviar el carrito. Excepto en que sucede que hay un excursionista caminando frente al peso de hierro. En realidad resultará muerto si Oscar mueve las agujas, tan seguramente como el hombre gordo de Ned. La diferencia es que el excursionista de Oscar no está siendo utilizado para detener el carrito: él es un daño colateral, como en el dilema de Denise. Como Hauser, y como la mayoría de los sujetos experimentales de Hauser, creo que a Oscar le está permitido mover las agujas, pero a Ned, no. Del mismo modo encuentro que es bastante duro justificar mi intuición. La idea de Hauser es que tales intuiciones morales a menudo no están bien pensadas, aunque de cualquier modo las sentimos profundamente, gracias a nuestra herencia evolutiva.
En una intrigante incursión en la antropología, Hauser y sus colegas adaptaron sus experimentos morales a los kuna, una pequeña tribu de Centroamérica, con pocos contactos con los occidentales y sin religión formal. Los investigadores cambiaron el experimento intelectual del "carrito de la vía" por equivalentes localmente adecuados, tales como cocodrilos nadando hacia canoas. Con las correspondientes diferencias menores, los kuna mostraron los mismos juicios morales que el resto de nosotros.
De particular interés para este libro, Hauser también se preguntaba si las personas religiosas diferían de los ateos en sus intuiciones morales. Seguramente, si nuestra moralidad proviene de la religión, diferirían. Pero parece que no. Hauser, trabajando junto al filósofo moral Peter Singer, se centró en tres dilemas hipotéticos y comparó los veredictos de los ateos con los de las personas religiosas. En cada caso, se les pidió a los sujetos que eligieran si una acción hipotética es moralmente "obligatoria", "permisible" o "prohibida". Los tres dilemas eran:
1) El dilema de Denise. El 90% de las personas dijeron que era permisible desviar el carrito, matando a uno para salvar a cinco.
2) Ves a un niño ahogándose en un estanque y no hay otra ayuda a la vista. Puedes salvar al niño, pero tus pantalones se destrozarían en el proceso. El 97% estaba de acuerdo en que deberías salvar al niño (asombrosamente, un 3% al parecer preferiría salvar sus pantalones).
3) El dilema del transplante de órganos arriba descrito. El 97% de los sujetos estuvo de acuerdo en que está moralmente prohibido aprovecharse de la persona sana de la sala de espera y matarla para obtener sus órganos, y así salvar a las otras cinco personas.
La conclusión principal del estudio de Hauser y Singer fue que no hay diferencias estadísticamente significativas entre los ateos y los creyentes religiosos al realizar estos juicios. Esto parece compatible con la visión, que yo y otros muchos mantenemos, de que no necesitamos a Dios para ser buenos -o malos.
Richard Dawkins
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