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01/09/2007
Cartas furiosas

Mi anterior posteo, ‘Citas contundentes ’, se centraba principalmente en citas de personas relativamente conocidas y libros famosos como la Biblia y el Talmud. En este nuevo posteo van a aparecer unas pocas citas menos “elegantes”, que transcribiré en color rojo. El color azul son los comentarios que hace Richard Dawkins a dichas citas, dado que todo lo que voy a postear es un fragmento de su libro “El espejismo de Dios”, libro que actualmente estoy leyendo y es por eso que cuando encuentro algo curioso para compartir en el blog, lo hago (si es suficientemente breve para ponerlo).
Quiero hacer un comentario previo. Las cartas (o mails) que se citan dejan en mal lugar (en mi opinión) a sus autores, que airados o furiosos se expresan con cierto odio que contrasta con la supuesta bondad que su religión supuestamente promueve. En mi opinión ninguna persona es mejor que otra en función de cuál religión sigue (o incluso si no sigue ninguna religión). Probablemente es cierto lo que dicen algunos pensadores, acerca de que las personas bondadosas lo son independientemente de su religión (o ateísmo), mientras que las personas furiosas o fáciles en recaer en odios y enfados, son así independientemente de si siguen una religión o no. Hay personas religiosas encantadoras, y otras terribles (incluso asesinos). Del mismo modo, hay ateos encantadores, y otros terribles (incluso asesinos). Y considero una superstición la idea de que una persona, si carece de religión, es más probable que llegue a hacer daño a otras o que carezca de moralidad. De hecho, la historia nos muestra justo la tendencia contraria: a lo largo de los siglos, se ha matado más por motivos religiosos (extender la religión, o matar “herejes”) que por motivos “ateístas” (frenar las religiones).
Quede claro que no todos los creyentes son tan agresivos como los que escriben esas cartas que se citan abajo, sino que cada persona es un mundo y la mayoría de los creyentes son gente amable. Del mismo modo, también la mayoría de los ateos son gente amable, al contrario de lo que algunos creyentes llegan a pensar (al prejuzgarles negativamente). No es tan difícil respetarnos unos a otros, sin importar la religión de cada uno, o la falta de ella. ¡Cada persona es libre y digna de nuestro respeto mientras ejerza su libertad respetando a los demás!
Bien, cedo la palabra a Dawkins (científico ateo y de onda amable, según lo que noto al leerle), en tinta azul:
Recibo un gran número de cartas de los lectores de mis libros, la mayoría de ellas entusiásticamente amistosas, algunas de ellas últimamente críticas, unas pocas desagradables o incluso crueles. Y las más desagradables de todas, lamento informar, están casi invariablemente motivadas por la religión. Aquellos que se perciben como enemigos del cristianismo experimentan abusos tan poco cristianos. Aquí, por ejemplo, está una carta, enviada por Internet y dirigida a Brian Flemming, autor y director de El Dios que no estaba allí, una película conmovedora y sincera, defendiendo el ateísmo. Titulada “Arde mientras reímos” y fechada el 21 de diciembre de 2005, la carta a Flemming decía lo siguiente:
Definitivamente, tiene mucha cara. Me encantaría coger un cuchillo, destriparle y gritar con alegría mientras sus vísceras se desparraman delante de usted. Usted está intentando provocar una guerra santa en la que algún día, yo y otros como yo, podemos tener el placer de realizar acciones como las arriba mencionadas.
En este punto, el escritor parece llegar a un tardío reconocimiento de que su lenguaje no es muy cristiano, por lo que continúa, más caritativamente:
Sin embargo, DIOS nos enseña a no buscar venganza, sino a rezar por aquellos como usted.
Sin embargo, su caridad dura poco:
Me consolaría saber que el castigo que DIOS le enviará será mil veces peor que cualquier daño que yo pudiera infligirle. Lo mejor es que PENARÁ toda la eternidad por esos pecados que usted ignora completamente. Por su bien espero que la verdad se le revele antes de que el cuchillo toque su carne. ¡¡¡Feliz Navidad!!!
P.S.: Realmente no tienen clave alguna para conocer lo que les está reservado… Gracias a Dios que no soy usted.
Me deja completamente atónito que una mera diferencia de opinión teológica pueda generar tal odio. Aquí hay un ejemplo (se respeta el lenguaje original) de las “Cartas al Director” de la revista Freethought Today, enviada por la Fundación para la Libertad Religiosa (Freedom for Religion Foundation, FFRF), que hace una pacífica campaña contra la brecha que supone la separación constitucional de Iglesia y Estado:
Hola, come-quesos sacos de escoria. Hay más camino para nosotros los cristianos que para vosotros, perdedores. NO hay separación entre iglesia y estado y vosotros, paganos, perderéis.
¿Qué pasa con el queso? Amigos americanos me han sugerido una conexión con el notablemente liberal estado de Wisconsin –sede de FFRF y centro de la indústria láctea-, pero seguramente tiene que haber algo más que eso.
Continúa:
Escoria adoradora de Satán… Por favor, muéranse y vayan al infierno… Espero que les venga una enfermedad dolorosa como el cáncer de recto y tengan una muerte lenta y difícil, para que puedan encontrarse con su dios, SATÁN… Tíos, esta libertad religiosa… Así que, maricones y tortilleras, tómenselo con calma y miren por dónde van, porque donde menos se lo esperen les atraparemos… Si no les gusta este país y en lo que está basado, jódanse, salgan de él y vayan directos al infierno…
P.S.: Jódanse, putas comunistas… Saquen sus negros culos de los Estados Unidos… No tienen excusa. La creación es una evidencia más que suficiente del omnipotente poder de JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.
¿Por qué no del omnipotente poder de Alá? ¿O de Brahma? ¿O incluso de Yahvé?
No nos quedaremos de brazos cruzados. Si eso requiere violencia futura, recuerden simplemente que ustedes la han provocado. Mi rifle está cargado.
No puedo dejar de pensarlo, ¿por qué se piensa que Dios necesita defensas tan feroces? Uno debería suponerle suficientemente capaz de cuidar de sí mismo. Tengamos presente en todo esto que el director a quien se insulta y amenaza tan cruelmente es una gentil y encantadora joven.
Quizás porque no vivo en América, la mayoría de los correos que me llegan no son del mismo estilo, pero tampoco muestran la notable caridad del fundador del cristianismo. La siguiente, fechada en mayo de 2005, es de un médico británico y aunque ciertamente odiosa me da más la impresión de atormentada que desagradable, y revela cómo todo el tema de la moralidad es una fuente de hostilidad hacia el ateísmo. Tras algunos párrafos preliminares censurando la evolución (y preguntando sarcásticamente si un “Negro” está “todavía en proceso de evolución”), insultando personalmente a Darwin, citando erróneamente a Huxley como antievolucionista y animando a leer un libro (ya lo he leído) que argumenta que el mundo tiene sólo ocho mil años (¿puede realmente ser un médico?), concluye:
Sus propios libros, su prestigio en Oxford, todo lo que usted ama en la vida y ha logrado, es un ejercicio de inutilidad… La desafiante pregunta de Camus resulta ineludible: ¿por qué no nos suicidamos todos? Efectivamente, su visión del mundo tiene ese tipo de efecto en estudiantes y muchos otros… que hemos evolucionado por ciega casualidad, que venimos de la nada y volveremos a la nada. Incluso si la religión no fuera cierta, es mejor, mucho, mucho mejor, creer en un mito noble, como el de Platón, si eso le da paz a nuestra mente mientras vivimos. Pero su visión del mundo origina ansiedad, adicción a las drogas, violencia, nihilismo, hedonismo, ciencia de Frankenstein e infierno en la tierra, y la Tercera Guerra Mundial… Me pregunto cuán feliz puede ser usted en sus relaciones personales. ¿Está divorciado? ¿Es viudo o gay? Aquellos como usted nunca son felices, o no intentarían tan tenazmente probar que NO hay significado ni felicidad en nada.
El sentimiento, si no su tono, es muy típico. El darwinismo, cree esta persona, es inherentemente nihilista al enseñarnos que evolucionamos por casualidad ciega (por milésima vez, la selección natural es el opuesto total a un proceso casual) y somos aniquilados al morir. Como consecuencia directa de esta alegada negatividad siguen todas formas de maldad. Probablemente él no quiera sugerir realmente que la viudedad sea consecuencia directa de mi darwinismo, pero su carta en este punto ha alcanzado ese nivel de frenética malevolencia que repetidamente me encuentro entre mis corresponsales cristianos.
Un joven se corta el pene y lo tira al retrete porque 'no quería pecar más'
Un joven se corta el pene y lo tira al retrete en Salamanca porque 'no quería pecar más'
SALAMANCA.- Un joven de 30 años se cortó el pene y lo arrojó por el retrete en Salamanca, donde se encuentra ingresado en el Hospital Clínico Universitario, fuera de peligro salvo complicaciones y con evolución favorable en su estado de salud, informaron fuentes de la Delegación Territorial de la Junta.
El hombre, con domicilio en la calle Alarcón, en el barrio de San Bernardo de la capital salmantina, utilizó un objeto cortante la madrugada del pasado jueves para amputar su miembro viril porque "no quería pecar más", según publica el diario 'La Gaceta regional de Salamanca'.
Un familiar de la víctima, que se encontraba en la misma vivienda, avisó al Servicio de Emergencias a las 5.00 horas, tras lo que se desplazó hasta el lugar de los hechos una UVI móvil que trasladó al herido hasta el Complejo Hospitalario.
Por el momento se desconocen datos acerca de la identidad del joven y de si padece algún tipo de problema psicológico que pudiera haberle llevado a cortarse el pene.
http://elmundo.es/elmundo/2007/08/31/espana/1188551496.htmlNaturaleza danzante y juguetona
Es sólo un árbol... ¿o es un hada? 
02/09/2007
Napoleón y la Libertad

"Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados".
Napoleón Bonaparte
Aunque no lo dijera Voltaire...
No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho de decirlo (cita apócrifa de Voltaire)Lo que una sola persona puede llegar a lograr
Un solo hombre decidido puede lograr, si actúa debidamente sin vacilaciones, producir olas tan enormes que conmuevan el pensar de toda la Humanidad.03/09/2007
Burradas violentas en la Biblia
Desarrollan refrigerador magnético que no necesita electricidad

Esta noticia la he copiado de: http://www.maikelnai.es/?p=792
Selecciono los párrafos principales y los copio aquí:
Científicos de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU) han creado un refrigerador que enfría empleando imanes en vez de electricidad.
El invento permitirá reemplazar los refrigeradores eléctricos existentes en los hogares por nuevos dispositivos accionados por una fuente de energía completamente amigable con el medio ambiente. Aunque el primer prototipo no estará listo hasta el 2010, los investigadores participantes en el proyecto opinan que la eficiencia del ciclo de enfriamiento del aparato será un 60% más eficiente que el de los refrigeradores convencionales.
El nuevo método emplea campos magnéticos opuestos para incrementar la temperatura de los materiales empleados. La energía calórica se transporta a través de un fluido no volátil, por ejemplo el agua, y luego se invierte termodinámicamente para transformarla en una temperatura más fría. Los científicos ya han sido capaces de enfriar una habitación inicialmente a 20ºC hasta los 11ºC empleando esta nueva tecnología.
‘Probablemente no sea realista creer que la tecnología de enfriamiento magnético vaya a estar disponible inmediatamente para el disfrute del consumidor, especialmente porque los fabricantes de refrigeradores han logrado reducir los precios durante los pasados años’, comentó Christian Bahl, uno de los investigadores del proyecto de la DTU.
Bahl comenta que otra de las grandes ventajas de los refrigeradores magnéticos es el silencio.
Más información:
http://www.risoe.dk/News_archives/News/2007/0820_magnetisk_koeling.aspx
En el blog de donde lo he copiado, pone que lo ha traducido de aquí:
Y de nuevo dar las gracias por la traducción, repito que sacada de:
http://www.maikelnai.es/?p=792
04/09/2007
La Biblia, religión y asesinatos
Es curioso lo frecuente que resulta que a veces los seres humanos defiendan cosas que desconocen, por ejemplo la Biblia. Muchos la consideran una enseñanza sagrada porque no la han leído. Quienes la leen completa, se llevan sorpresas como la incitación al asesinato, etc. Mencioné algún ejemplo en el post Citas contundentes (entre las numerosas citas, hay unas cuantas de la Biblia).
De hecho, es sorprendente lo poco que conocen realmente la Biblia algunas personas presuntamente instruidas en el cristianismo. Una encuesta Gallup realizada en Estados Unidos en 1954 arrojó los siguientes resultados:
* Tres cuartas partes de los católicos y protestantes eran incapaces de nombrar un solo profeta del Antiguo Testamento.
* Más de las dos terceras partes no sabía quién había pronunciado el Sermón de la Montaña.
* Un número sustancial pensaba que Moisés fue uno de los doce apóstoles de Jesús.
Bien, recordemos, esta encuesta se hizo en uno de los países más religiosos del mundo desarrollado. Teniendo en cuenta el grado de conocimiento que muestran en su propia religión, no sorprende tanto que estén dispuestos a creer cualquier cosa que se les sugiera, como que Adán y Eva fueron personajes históricos y que la Tierra fue creada hace unos pocos miles de años, en lugar de los millones de años que demuestra la Geología. De cualquier manera, resulta peligroso para la integridad de todos los humanos que haya religiones que propongan como código moral universal, lo que digan libros ("sagrados") que ordenan el asesinato de aquellos que no compartan sus mismas creencias religiosas.
Una religión sana no se basa jamás en enseñanzas "de Libro" (sagrado o no), sino ante todo en la Unidad (todos los seres tenemos algo en común y navegamos en el mismo barco) y en el respeto a otros que piensan diferente.
La sauvástica, de origen hindú

No hay que confundir la esvástica nazi (ver imagen aquí ) con la sauvástica hindú (los brazos están orientados en sentido opuesto). El dibujo de arriba corresponde a una sauvástica. En cualquier caso, incluso la esvástica la tomaron los nazis de la India. El término "esvástica" viene del sánscrito y significa aproximadamente "bienestar", o "vida feliz".
Fuente:
Los 11 principios de la propaganda de Joseph Goebbels

Joseph Goebbels (Dr. Paul Joseph Goebbels) fue el ministro de propaganda del gobierno de Adolf Hitler en la Alemania nazi. Fue una figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva. Promovió la depuración de los ambientes culturales y la más extensa difusión de los mitos nazis.
Una famosa cita de Goebbels, repetida hoy en día con profusión: "Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad".
Goebbels era un genio de la propaganda. Unos famosos principios impulsaron su trabajo. Todavía son usados hoy en día como herramienta propagandística. Son estos:
- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".
- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
- Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".
- Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".
- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
- Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
- Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.
“Miente, miente, que al final algo quedará... ...cuanto más grande sea una mentira más gente lo creerá...", Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi.
No hay que confundir la esvástica nazi con la sauvástica hindú (los brazos están orientados en sentido opuesto). En cualquier caso, incluso la esvástica la tomaron los nazis de la India. El término "esvástica" viene del sánscrito y significa aproximadamente "bienestar", o "vida feliz".
Fuentes principales de este artículo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Goebbels
http://es.wikipedia.org/wiki/Esv%C3%A1stica05/09/2007
¿Y si ETA tuviera razón?

Vaya por delante que no, no la tiene. ¡Pero!... ¿No la tiene en términos absolutos? ¿Es ETA mejor, peor o semejante a otros movimientos violentos como, por ejemplo, los habituales Gobiernos de los Estados Unidos? ¿Estamos dispuestos a reflexionar fríamente, racionalmente, para alcanzar una solución que además es sencillísima? ¿O preferimos aferrarnos a las brasas ardientes? Ahí va mi propuesta, que aunque bien conocida no deja de apuntar directamente al corazón de una solución sencillísima:
Empecemos con un repaso a la situación, repaso que hago fríamente desde la distancia, pues vivo en el sur de la Península. Ante todo debemos darnos cuenta del doble tema: por un lado tenemos el tema del terrorismo (y por tanto la violencia) y por otro el aspecto político de la situación. Tratémoslos por separado.
* El uso de la fuerza: A lo largo de la Historia, durante siglos y siglos, un método habitualmente empleado por unas regiones para resolver sus discrepancias con otras fue (y sigue siendo) el imponer por la fuerza la propia visión o punto de vista. Actualmente persiste este método y tenemos como ejemplo al todavía considerado líder de los países desarrollados, Estados Unidos, que usa la fuerza impunemente allá donde lo ve oportuno. Por supuesto, es una manera de actuar sobre el mundo, una estrategia que “funciona”. Pero como toda acción tiene su reacción, allá donde se emplea la fuerza para imponer los propios criterios, surgen movimientos de resistencia, a menudo violentos, que cuando son vigorosos son llamados terrorismo. Sin embargo, los diversos bandos actúan muy parecido: emplean la fuerza, usan armas, asesinan, bombardean si pueden, etc. A unos se les llama terroristas y a los otros no, pero en el fondo todos hacen lo mismo: emplean la violencia como método para tratar de alcanzar sus pretensiones, imponiéndose al “enemigo” (el oponente no es otro que la fuerza opuesta, usualmente demonizados por la propaganda del otro bando, pero no necesariamente malos en sí mismos).
Poniendo ejemplos ilustrativos (he elegido comparar a ETA con los diversos Gobiernos de Estados Unidos, incluido el actual), no hay una diferencia clara en términos absolutos entre parte de la política exterior de EE.UU. y la actitud violenta de ETA. Ambos usan la fuerza a mayor o menor escala; y el principal motivo por el que una organización es considerada terrorista y la otra no, es la inmensa fuerza que reside en EE.UU. y el respaldo social de los millones de habitantes que lo componen y que aceptan (activamente o por dejadez) las muertes que sus dirigentes producen en otros lugares del planeta. En otras palabras: si los indepentistas vascos fuesen tan fuertes como EE.UU. y decidiesen imponer su criterio por la fuerza, si ganaran la lucha, serían considerados por los libros de Historia como los “buenos” de la peli (tan “buenos”, o “malos”, como los EE.UU.) y serían sus rivales (más débiles) quienes incurrirían en acciones terroristas, catalogadas como tales.
Con respecto a esto poco más se puede decir: si se trata de imponer el propio criterio por la fuerza, entonces ganará el más fuerte, y punto. Eso sí, incluso el fuerte tiene que asumir los inconvenientes de usar la fuerza, ya que como toda acción tiene su reacción, ocurre lo que ocurre: el bando más débil acomete como puede sus propias acciones, llamémoslas terrorismo o no. En cualquier caso en teoría debería ganar el más fuerte, o bien alargarse el conflicto años y años sin una solución confortable a ninguno de los bandos, y con víctimas que caen en la refriega inútilmente. Algunos lo llaman a eso terrorismo, otros lo llaman efectos colaterales… pero lo llamen como lo llamen, duele. No obstante, dicen algunos políticos que es el precio a pagar (por permanecer íntegros, etc). ¿Será verdad que todo tiene su precio?
Sin embargo, entre ciudadanos demócratas la fuerza no debería ser la única alternativa posible. ¿Qué tal si abriéramos una vía pacífica para resolver la tensión? De eso trata el siguiente punto.
* Soluciones desde un punto de vista político-democrático: En la peli que estoy contando, los “malos” de la película son (es mi opinión) ETA y EE.UU. (son los que hacen un uso exagerado de la violencia). Olvidemos a EE.UU. ahora (sólo quería ponerlos como ejemplo de que son semejantes a ETA pero en una escala superior) y centrémonos en el binomio ETA-España. Como es ETA la que usa la violencia de un modo exagerado, se queda con el título de “mala de la película”. Y así es. ¡Pero!... Sería muy raro que una violencia tan exagerada salga de la nada. No estamos hablando de psicópatas, los psicópatas no se fabrican en serie. No, en este caso hay algún transfondo más político, más comprensible, más humano, con toda la barbaridad de que a veces somos capaces los humanos inclusive. Por lo tanto no se trata de una disputa entre ángeles y demonios. Si a ETA le concedemos el título de “demonios”, entonces los políticos que representan a España son los “ángeles”, pero ni los unos son tan angelicales ni los otros tan demoníacos: todos son personas, y hasta podrían llegar a un entendimiento con suficiente flexibilidad (democrática) por ambas partes.
No creo que sea una disputa entre blancos angelicales y negros demonios, sino que más bien tenemos una gama de grises. Y el gris oscuro, oscurísimo, es ETA. España no usa esa violencia tan extrema: con Franco la actitud de España era mucho más severa y por lo tanto las reacciones violentas de ETA, si no permisibles (¿puede ser la violencia permisible, aunque su más famoso paladín sean los prepotentes Estados Unidos?), al menos resultaban más comprensibles. Ahora ETA insiste, tras la era franquista, en seguir por la misma vía a pesar de que la presión por el otro bando se ha disipado en gran medida. Ahora bien: ¿somos el otro bando blancas palomas, víctimas completamente inocentes de la barbarie de nuestros vecinos del norte? Obviamente no. Porque, como dije, la violencia rara vez emerge de la nada. Sin duda algo hacemos, seamos conscientes de ello o no. Y por tanto vendría bien reflexionar y hacer examen de conciencia: ¿es nuestra actitud hacia nuestros hermanos del norte completamente honesta, o hay algo innoble en nuestra actitud hacia ellos?
Bien, se dice que en España vivimos en una Democracia. Por lo tanto gobierna el Pueblo, representado por sus políticos, libremente elegidos. Y los ciudadanos gozamos de ciertos deberes y privilegios: desde el respeto de unos a otros, hasta el privilegio de la libertad de expresión y la libertad de decidir nuestro modo de vida. Dentro de nuestra Democracia debería haber lugar para la resolución pacífica de los conflictos, incluido este tema de los nacionalistas e independentistas. Supongamos que los ciudadanos de ciertas regiones desean independizarse, por ejemplo las regiones de Cataluña y el País Vasco (o cualquier otra, pero elegiré esas dos como ejemplo: una con la intensidad del terrorismo etarra, la otra con una intensidad en el factor político). Ante una demanda de independencia, España puede decir sí o no a afrontar tal tema, sí o no a empezar a plantearse la cuestión y comprobar si realmente es eso lo que quiere la mayoría de habitantes de una determinada región en concreto. En su día España era Franco, y Franco dijo con toda franqueza que no, y usó la fuerza para zanjar la cuestión. Tras la muerte de Franco y la llegada de la Democracia, la respuesta hasta ahora por parte de la España “democrática” ha sido suavizar el tratamiento (menor uso de la fuerza) pero manteniendo la respuesta: no, no os permitimos independizaros. Y de ahí nace la tensión. En una democracia completa, los ciudadanos serían libres para decidir cómo organizarse y vivir, y con quién asociarse o de quién independizarse. Asumiendo las consecuencias. Del deseo de independencia surgiría un diálogo, desde el cual se plantearían pacíficamante las ventajas e inconvenientes y la manera de llevar a cabo la mejor opción democrática posible. Realmente es inconcebible que en una verdadera democracia se retenga por la fuerza a regiones enteras, se secuestre a naciones completas (prefiero hablar de regiones que de naciones porque me importa un pimiento el factor histórico: para mí la historia no es determinante, simplemente si en una democracia los ciudadanos de una región desean independizarse, debe acordarse la manera y viabilidad para llevarlo a cabo de una manera suave y pacífica, pero sin darles largas ni retenerlos por la fuerza). Lo ideal sería tan democrático como esto: si en una región hay evidencias de que hay muchas personas que desean la independencia, resulta apropiado realizar en esa región un referéndum para clarificar cuál es el verdadero sentir de los ciudadanos en esa región en concreto. Y si la mayoría desean independizarse, no veo justificación democrática alguna para retenerlos por la fuerza. Por el contrario, si en el referéndum se hace notar que la mayoría desean permanecer unidos al resto de España, así se haría, y con las aguas más calmadas puesto que no se les ha retenido a la fuerza, sino dando a los independentistas la oportunidad de clarificar la situación y comprobar el sentir de la mayoría de ciudadanos de esa región.
Algunos opinan que conceder la independencia a esas regiones sería perjudicial para ellas mismas, y aún así no ven bien permitirles comprobarlo por sí mismas. Si desean asumir esos riesgos, y ganan en referéndum, ¡permitámoslo!
Otros opinan que la perjudicada sería lo que quedara de España, por tratarse de regiones industriales. Pero si libremente desean independizarse, ¿cómo vamos a retenerlos por la fuerza y pensar honestamente que somos 100% inocentes? Se podría conversar y si ganan el referéndum los independentistas, hacerlo en unos plazos suaves, quizás apresurándonos en los años de transición a construir industria en otros lugares de la Península, para ser autosuficientes en lugar de importar maquinaria y recursos a las recién independizadas naciones.
En cualquier caso, si desean independizarse y los retenemos a la fuerza, no resulta nada extraño que surjan tensiones tan fuertes, y los ejemplos los tenemos en las regiones citadas: Cataluña y País Vasco.
La solución es tan simple como, en una Democracia, actuar democráticamente. Escuchar a los ciudadanos, incluso a los que desean independizarse. Hacer referendums en las regiones donde haya evidencias de que hay gran cantidad de independentistas, y atenernos a los resultados de dichos referendums. Fin del problema gordo. Sí, es probable que durante unos años tanto España como las nuevas naciones recién independizadas queden algo delibitadas por el cambio, pero antes o después todos nos adaptaríamos a la situación y reflotaríamos. Y sin ese terrorismo de ETA ni esas tensiones políticas que son absurdas en una democracia: si hay libertad en nuestro país, actuemos de acuerdo con esos valores.
Todo esto es independiente de si existe ETA o no existe. Sea Cataluña o el País Vasco, o cualquier región, con ETA o sin ETA, si los ciudadanos desean independizarse, resulta honesto y democrático comprobarlo mediante referéndums y atenernos a los resultados. ¡Eso es libertad, eso es democracia! (poner como condición que ETA deje las armas es simplemente innecesario: primero, en Cataluña la situación es diferente y tampoco se les ha concedido la opción del referéndum, y segundo, en cuanto al País Vasco, esperar a que ETA deje las armas para ser democráticos con ellos equivale a decir: “yo no soy democrático contigo hasta que lo seas tú”. La independencia es una cuestión democrática, de libertad de los ciudadanos, que debería resolverse cuanto antes sin tener en cuenta si ETA existe o no, o si se trata de Cataluña, el País Vasco, o la región que sea. Y en cuanto a ETA, esa no es una cuestión democrática y por tanto es un tema aparte, a resolverse en los tribunales).
Conclusiones:
Los “secuestros” de naciones, o de regiones, crean grandes tensiones y tienen sus consecuencias… Se rumorea que en España existe una Democracia, ¿será cierto? Podría ser una buena oportunidad para demostrarlo, poniendo las miras en la libertad de los ciudadanos y que ellos decidan por sí mismos y sin presión alguna (ni de ETA ni de nadie) cómo quieren expresar sus vidas y con quién. No se pueden “secuestrar” regiones enteras sin que exista una reacción en sentido opuesto, originada por esa tensión limitadora. Limitar la libertad de los ciudadanos “secuestrando” zonas enteras sin validamiento democrático (referéndum, urnas, sondeos claros) es como taponar a la fuerza una olla a presión: las tensiones se liberarán por algún lado antes o después. Toda fuerza tiene su contrapeso en sentido contrario: toda acción tiene su reacción y no se puede esperar retener por la fuerza regiones enteras sin que surjan tensiones e inconvenientes. Es de ingenuos pensar que la solución se alcanzará así, como no sea al estilo (antidemocrático) del uso de la fuerza aplastante, como hacían los romanos: arrasar por completo (en el ejemplo de la olla a presión, aplastar la olla entera, como pisada por un elefante o una apisonadora).
Retener a personas por la fuerza no es ni democrático ni la demostración de que vivimos en un país de libertades. Soy partidario incluso de no retener por la fuerza a ciudadanos individuales: si por ejemplo un ciudadano no quisiera pagar los impuestos, debería ser factible en un país con libertades, al menos en teoría, que no los pagara pero asumiendo las consecuencias: se queda al margen del Gobierno (del sistema, de la unión de personas) y no tendría ni Seguridad Social, etc. (este tema es más complicado y además no tiene sentido abordarlo ahora). En cuanto a limitar la libertad de regiones enteras, imponiéndoles nuestro criterio, impidiéndoles independizarse si así lo desean, es un absurdo democrático que además tiene su precio: dejamos de ser inocentes y sufrimos las consecuencias de la reacción, nos guste o no, nos duela o no.
Por lo tanto, si realmente vivimos en democracia, ¡que hable el Pueblo! (Y callen los políticos, asumiendo el resultado que den las urnas). Dejemos de hacernos los santurrones y abordemos este tema directamente, buscando una solución, que la tiene. La vía pacífica en una democracia, ¡existe! Y si estamos sufriendo tantas tensiones, incluso violencia y terrorismo, es porque estamos desperdiciando las oportunidades de resolver esto del modo pacífico, y nos obsesionamos con imponernos irracionalmente, sin escucharnos unos a otros, simplemente porque sí, por la fuerza.
¿Queremos una auténtica Democracia? ¿O queremos solamente salvar las apariencias, imponiéndonos violentamente unos a otros como hace Estados Unidos? Aparte, ¿imponernos a quién? Los vascos, los catalanes, las personas de cualquier región, son nuestros hermanos, compañeros de planeta, amigos en esta unidad ecológica que es la Tierra. Escuchémosles y concedámosles la libertad de organizarse como deseen. No nos hagamos daño: ni ellos a nosotros, ni nosotros a ellos. Empecemos nosotros mismos dando el ejemplo: respetemos su libertad. Nos parezcan equivocados o no, respetemos su libertad a comprobarlo por sí mismos.
La Libertad es el producto de consciencias valientes que miran a los ojos y llaman a las cosas por su nombre. Y la Libertad con Compasión y Consciencia, es la verdadera Soberanía.
Comentarios a "¿Y si ETA tuviera razón?"
Pongo aquí, en post aparte, las respuestas a vuestros comentarios en el hilo titulado: ¿Y si ETA tuviera razón? Todas estas respuestas iba a ponerlas en ese hilo, como un comentario más, pero dado que he visto que iba a salir muy feo y empalagoso (creo que sin negritas ni nada), lo pongo aquí con las negritas y todo bien puesto jejeje... Ahí va:
Gracias a todos por vuestra participación; intercambiando ideas todos ganamos pues siempre aprendemos algo. Es un placer leer cada uno de vuestros puntos de vista, y comento ahora un poquito cada mensaje, lo mejor que sepa o pueda:
iñigo alberdi: Gracias por el entusiasmo, me alegro un montón de que te haya agradado el escrito. Lo escribí con muy buena onda y me alegro que la hayas captado. Saludos.
Iñigo Alberdi Diaz: ¡Qué casualidad! Los primeros 2 comentarios y coincidís en el nombre y primer apellido. ¡Coincide incluso la IP! jajajaja... Está bien la broma, el sentido del humor no debe perderse jamás. De paso aprovecho para comentar lo ingenuo que soy a veces (¡soy así!): me he creído completamente que por puro azar… ¡habián aparecido 2 Iñigo Alberdi! jajaja... Y no ha sido hasta que he comprobado la IP (porque un pelín de incredulidad siempre queda jeje) que me he dado cuenta de que las coincidencias… ¡ya eran demasiadas! ;-)
Kazz: Gracias por discrepar (con respeto, claro, así da gusto). Me parece que me cansaría que todos estuviéramos de acuerdo en todo, y también que discrepáramos en todo. En cambio me parece ideal que haya algunos acuerdos mezclados con discrepancias, así es más llevadero y es lo que veo que sucede con los diversos comentarios. Divido tu comentario (para simplificar) en dos secciones: 1) inconvenientes del referéndum. 2) La comparación (afortunada o desafortunada) de ETA con Estados Unidos (especialmente con su ejército).
1) Te cito para recordar: “En caso de ganar la opción independentista, sería altamente probable que el gobierno fuera tomado - muy probablemente por la fuerza - por los sectores más radicales del abertzalismo (…)”. Desde luego, nunca se sabe, Kazz (no somos adivinos) y lo que comentas es una preocupación a tener en cuenta. Me parece oportuno reflexionar en eso (al igual que en muchos otros aspectos, inclusive las garantías de que el propio referéndum se efectuara libremente, sin presiones ni miedos que tengan por objetivo condicionar o influir en el sentido del voto de los ciudadanos). Obviamente, lo que comentas es uno de los puntos que tendrían que debatirse abiertamente, sin miedo a decirlo, reflexionando entre todos juntos, como un equipo, en busca de la mejor solución y las más fiables garantías. La actitud de pensar en esas posibilidades me parece protectora (quizás paternalista, pero en un buen sentido, en el sentido benéfico de preocuparse genuinamente porque las cosas se hagan para bien y no para crear caos). Por lo tanto creo que este tipo de preocupaciones deberían hablarse muy seriamente, y debatirse a fondo, antes del referéndum, mucho antes, con calma. Buscanso soluciones, garantías. Obviamente yo creo que garantías 100% seguras no existen en nuestro planeta (siempre se pueden torcer los planes), pero, una vez que hubieran sido evaluados los riesgos y debatido los inconvenientes, los ciudadanos de esa región en concreto insistieran en independizarse, me parecería lógico apoyarles en que se haga la votación. Y si los independentistas lograran ganar el referéndum, por ser mayoría, eso significaría que asumen por sí mismos (como adultos que son) los riesgos que ello implique, y de hecho entre todos habríamos tomados las mejores posturas para procurar que ese riesgo sea lo menor posible (cabe la posibilidad incluso de que durante el debate previo al referéndum salgan a relucir más las desventajas y los riesgos que las ventajas, en cuyo caso sería muy probable que muchos ciudadanos no quisieran asumir ese riesgo y votaran que no se independizan, ganando el “no”; eso no significaría ni siquiera una renuncia perpetua a la idea de independizarse, pero sí como mínimo una pausa de unas décadas, necesaria para que se mejoren las garantías o para que haya un nuevo vuelco en las opiniones de la población de esa región). No me quiero enrollar más porque ya sabes, este tema crece por sí solo y cada cuestión necesitaría un artículo completo a comentar sobre ello (o incluso libros enteros para explicar extensamente los diversos potenciales que podrían desarrollarse). Pero que conste que mi postura tiene que ver con hablar mucho, mucho, conversar unos con otros, hallar juntos creativas soluciones, somos compañeros, no enemigos, y si nuestros hermanos o vecinos desean experimentar lo que se siente independizándose de nosotros, podemos hablarlo, planearlo, y disfrutar juntos de esa curiosa experiencia.
En el caso catalán, básicamente lo trato igual: si desean la independencia y son mayoría, adelante. Para mí es indiferente el “factor ETA”. ¿Por qué? Porque ETA ha estado usando la violencia, y la violencia se resuelve en los tribunales, es por tanto un asunto aparte (para mí). Pero al margen de ETA, si los vascos o los catalanes o quien lo desee, quieren independizarse, escuchémosles y hablemos, debatamos abiertamente el asunto, sin cerrarnos en banda, sino debatiendo los problemas y cómo superarlos. Mientras tanto, las ETAs que haya en el mundo que asuman la consecuencia de sus actos, en los tribunales, pero que la existencia o inexistencia de ETA merme en forma alguna (ni incremente, por supuesto) el hecho de que si hay ciudadanos que democráticamente desean independizarse, deben ser escuchados y debe comprobarse si son mayoría o no. También, en el debate previo al posible referéndum, deberían exponer sus argumentos e inquietudes también los empresarios, pues sus puntos de vista serían también importantísimos para clarificar si la idea tiene visos de ser favorable a todos o no.
La opción de que en el referéndum saliera un NO pero que eso lo usara de una forma u otra ETA o quien fuere (por ejemplo argumentando que el “sí” hubiera sido también relativamente alto), es otro riesgo, pero por miedo a eso no podemos negar a los ciudadanos a que decidan lo que quieren hacer. Eso sí, habría que tomar algunas medidas sensatas, como por ejemplo en el debate previo al referéndum clarificar qué resultado será satisfactorio y cuál no, y si asumirán el resultado de las urnas. En cualquier caso, si ETA no respetara el resultado del referéndum, eso sería un problema de tribunales (como el de la ETA actual), pero los ciudadanos habrían podido ejercer legalmente su derecho a expresar lo que quieren.
2) Comparar ETA con Estados Unidos parece exagerado, pero los une la violencia, en diferentes grados. El que más puede (EE.UU.) no necesita actuar tan a escondidas (aunque me suena que la CIA ha desclasificado algunos informes de acciones “terroristas” que ellos realizaron en otros países en décadas anteriores). El que menos puede (en este caso, ETA) o actúan al estilo de guerrillas escondiéndose, o muy tontos serían. En definitiva, se parecen en que ambos usan la violencia. Por tanto, discrepo de ambos (yo opino que se pueden lograr los fines mediante el acercamiento sincero, conversaciones, trabajando en equipo unos con otros, etc).
Saludos.
Jose: Comprendo lo que dices, sin embargo yo creo que si verdaderamente se comprueba que en el País Vasco (y/o Navarra) hay una demanda de independencia por parte de buena parte de sus ciudadanos, no hay motivos para negarnos a empezar el debate para comprobar si es mayoría o no, y qué podemos hacer al respecto. No es ceder a ETA, porque ETA queda al margen: eso es tema de los tribunales. De hecho, rehusar el debate a fondo del tema sí es una forma de ceder a ETA, aunque sea en sentido contrario: estamos dejando que ETA influya en decisiones que deberían tomarse desde un punto estrictamente democrático. Por tanto yo creo que la democracia debería dar sus pasos uno por uno, independientemente de lo que ETA haga o deje de hacer. Para Cataluña, exactamente lo mismo. Y como allí no hay ETA, menos trabajo para los tribunales. Pero ETA es cosa de tribunales, y la independencia es cosa de las personas que dialoguen acerca de ello. A ETA lo que es de ETA (tribunales, policía, o sea, aquellos que se ocupan de las actividades ilegales), y a los ciudadanos lo que les corresponde: democracia y libertad, ¡debate y soluciones!
En cuanto a la palabra referéndum o referendo, probablemente tengas razón pero estoy tan acostumbrado a decir referéndum que me sentiría extraño usando la otra ;-)
Saludos.
kampanita: Gracias por el comentario. Yo creo que entre los políticos hay de todo (aunque tiendo a ser bastante escéptico) y en fin, son personas con sus propios intereses y miedos (también sus virtudes), y sí, posiblemente el miedo a perder votos condiciona demasiado a los políticos en estos niveles. Quizás algún día podremos animarlos haciéndoles saber que esperamos de ellos decisiones valientes y honestas a la vez. En cuanto a las utopías… a veces con un par de coj… se sacan adelante proyectos bastante utópicos jejeje… Saludos.
Topopardo: Me alegro que te haya gustado. Si todos tomáramos la tranquila actitud de debatir los asuntos, razonándolos sin enfado ni odios, sino buscando posibles soluciones, creo que las cosas nos rodarían mucho más suaves. Y no sólo en este tema: imagina que en política aprendiéramos a buscar soluciones juntos, en equipo, en lugar de dividirnos y pelear unos partidos políticos contra otros, como si de enemigos se tratara en lugar de compañeros de viaje. Saludos.
daviti: Hola daviti, gracias por participar. Como separas tus comentarios en 4 secciones, aprovecho para comentar cada una con un número:
1) Ajá, obviamente al hablar de fuerzas de acción-reacción no justifico la violencia… “justificar” sería la palabra que yo cambiaría… yo diría que “explico” (en lugar de “justifico”) una de las posibles causas que favorecen la aparición de la violencia. Obviamente ante unas mismas circunstancias limitadoras, unas personas optan por el diálogo, otras (quizás porque no se sienten escuchadas o por motivos de carácter u otros motivos) optan por la insolencia y otras por la violencia física. Yo soy partidario de los métodos pacíficos, pero explico factores que pueden provocar que ciertas personas se sientan más inclinadas a la violencia que otras. Yo creo que todos tenemos algo de responsabilidad, lo cual no es un reproche sino una buena noticia: si todos tenemos algo de responsabilidad, todos podemos ayudar en algo a mejorar las cosas.
2) Apuestas por la posibilidad de que los etarras sean psicópatas, al contrario de lo que supuse yo. Bien, mi intuición es que quizás entre ellos haya algún psicópata suelto, pero en general no creo que lo sean porque no me parece que cumplan los criterios para la psicopatía (aprovecho para recomendar la página de internet del Dr. Hugo Marietán, que es la mejor página sobre psicopatía que he encontrado en lengua castellana en la red: http://www.marietan.com/Psicopatia.htm). Al igual que los soldados no son psicópatas cuando matan en sus acciones (porque lo justifican con “motivos”), los etarras tambiñen justifican sus acciones con sus “motivos”. El quid de la cuestión es que el psicópata real (el diagnosticado como psicópata, no necesita motivo alguno para matar). En cualquier caso me parece secundaria esta cuestión porque lo fueran o no (afirmo que en general no lo son, seguro que con sus familias y amigos son sinceramente afectuosos y no solo pura fachada como los psicópatas), en cualquier caso daría igual porque seguiría siendo un problema de tribunales. Quiero distinguir una vez más: un problema es ETA (competencia de los tribunales) y otra el derecho de los ciudadanos a independizarse (competencia de los políticos y de los propios ciudadanos).
3) ¿Quién desea independizarse? ¿ETA o el pueblo vasco? Bien, eso es lo que habría que comprobar y debatir. Debatirlo abiertamente, sin miedos. ¿Queréis independizaros? Sí o no. Y actuar en consecuencia respetando esa libertad. Lo que quiera ETA como grupo limitado no es determinante, lo que importa es lo que quiere realmente la mayoría. Y comprobar esa mayoría. Y debatir sin miedo todo este asunto, sin tanto tabú ni tanto prejuicio que a veces tenemos.
4) No sabemos lo que sucedería con un estado vasco independiente, de hecho ni siquiera sabemos si la mayoría se quiere independizar o no. Son suposiciones de momento, ¿verdad? Y para aclarar esto es por lo que resultaría útil debatir, reflexionar (en voz alta, en los medios de comunicación) y efectuar sondeos previos si fuese útil. Lo que sucedería con un estado vasco independiente no lo podemos saber, es el futuro. Lo que sí podemos saber es que impedirles esa independencia en caso de que la reclamara la mayoría, sería antidemocrático. Y es eso lo que hay que comprobar: de qué parte está la mayoría.
Saludos ;-)
Garikoitz Jaso: Vamos en dos partes:
1) Sobre el uso que pudiese hacer ETA al interpretar los porcentajes de SI y de NO (incluso saliendo NO) es problema de ETA. Si ETA sostiene sus interpretaciones, es cosa de ellos y de sus opiniones. Pero si infringen la ley, eso se trata con los tribunales. En teoría a nosotros no nos debería incumbir las interpretaciones que haga o deje de hacer ETA del porcentade de Sies y de Noes, lo que nos incumbe es permitir a los ciudadanos que elijan lo que quieren hacer (votando en las urnas, opinando y debatiendo en los debates pre-referéndum), y en cuanto a lo demás, es cosa de cada cual (y quien incumpla la ley, entrará dentro del ámbito de los tribunales, eso va aparte). No podemos impedir que ETA o cualquier grupo (empresarios, zapateros, albañiles, un grupo de amigos, quien sea) interpreten las cosas a su manera, pero no por miedo a eso vamos a impedir que los ciudadanos elijan. Si cualquier grupo interpreta los datos sesgadamente, allá ellos. Y si cualquier persona infringe la ley, eso es asunto de la policía y los tribunales.
2) Es muy interesante también el resto de lo que comentas, la cuestión de Navarra. Porque obviamente los navarros tienen el mismo derecho a elegir, y si eligieran NO a independizarse de España, ese es su (vuestro) derecho. En realidad quién sabe lo que sucedería si se aceptara el debate a fondo de estos temas de la independencia. Quizás al debatir de manera seria surgieran inconvenientes y los propios vascos y catalanes decidieran finalmente que, analizándolo más profundamente, no les compensa lo suficiente esa “aventura”. En cualquier caso, habría que verlo: que elijan, tras buenos debates y reflexiones. Por otra parte, estoy de acuerdo contigo en que votar cada 4 años no parece una participación suficientemente activa por parte de los ciudadanos. De hecho sería otro posible debate a poner sobre la mesa.
Saludos.
Marian Omaña: La verdad es que sí, hay posibles tensiones en función de que el SI y el NO salgan muy repartidos y cosas así. Todo esto serían puntos a debatir cuando se aceptara entrar a fondo a conversar y reflexionar en este tema. Creo que podría haber un debate generalizado en toda España acerca del asunto (porque en teoría cualquier otra región, algún día, puede desear también experimentar con la independencia). Surgen preguntas: ¿Qué diferencia de votos se consideraría suficiente? ¿1 voto de diferencia? (Dios míos, que no sucediera entonces lo que sucedió en las elecciones americanas en… ¿fue en 2000? Cuando ganó Bush la primera vez con tantas sombras y dudas). ¿Entonces mejor exigir un 55% a 45%? ¿Un 60% a 40%? ¿Se requeriría un mínimo obligado de participación? (se supone que sí, claro). En fin, muchas preguntas hay y muchas otras que se nos ocurrirían, y para eso serviría debatir y reflexionar a fondo. Saludos.
oneras: Bien, tu punto principal es la incertidumbre de qué sucedería si se aceptara llevar a cabo un referéndum. Dudas que ETA respetara el resultado de las urnas si le fuera desfavorable. Es comprensible, el futuro no podemos garantizarlo, no podemos prometer: “sucederá así o asá”, ni “ETA hará esto o aquello cuando se haga un referéndum”. Simplemente no tenemos garantías con respecto a ETA, pero tampoco las tenemos ahora y de hecho ETA es un problema legal, un asunto para policías y tribunales. Si tras un referéndum, ETA aceptara el veredicto de las urnas, genial para todos. Y si no acepta y vuelve a la violencia, eso es un problema legal, del ámbito de los tribunales, y que deberá resolverse como se resuelve ahora: capturando al infractor. Comprendo tu inquietud aunque confío en dar prioridad a la libertad de los ciudadanos (tras debates y reflexiones conjuntas) independientemente de lo que haga ETA. Si ETA sigue infringiendo la ley, deberá seguir tratándose el tema con los procedimientos diseñados para eso: policía y tribunales. Y si ETA cambia el enfoque, optando por vías pacíficas, todos habremos ganado en tranquilidad. En cualquier caso, es lo mismo que con el resto de ciudadanos: si delinquen, usamos la policía y los tribunales. Si no delinquen, todo genial.
De todas formas, quién sabe si tras tantos debates y reflexiones al final saliera que NO se quieren independizar… ETA entonces podría ser violenta o no (ya digo: si delinque, para eso está la policía y los tribunales), pero a los ciudadanos los habríamos respetado sondeando sus deseos y dándoles la oportunidad de elegir.
Pero sí, tendríamos muuuuucho que debatir. Pero sin malas caras, con ánimo de una mutua comprensión (unos simpatizarán con la idea de la independencia, otros no). Saludos.
Raul: Hola, sí, intuitivamente se entiende tu onda, que no es otra que estar abierto al intercambio de ideas y en ese debate ya iríamos viendo con más claridad las ventajas y los inconvenientes. Y, como dices muy bien, no podemos saber con certeza el futuro, no sabemos lo que sucedería. Quizás habría peligros que conjurar, pero tomando algunas medidas podríamos solventar los obstáculos. O al menos debatir sin miedo la cuestión. Ojo, que quizás al reflexionar a fondo, todos viéramos que es demasiado inviable y ni siquiera se pidiera finalmente el referéndum. Pero quizás superáramos los obstáculos. En cualquier caso, estar abiertos a plantear a fondo este debate es el primer paso. Un muy buen paso. Saludos.
MP-péres: Muy instructivo tu comentario. Voy a matizar un poco mi postura, dado que en el artículo no pude detenerme a profundizar ni aclarar bien cada punto (profundizar en todo nos llevaría a un libro, y a muchas decenas de libros). Traté de simplificar al máximo. Obvié aspectos históricos (la búsqueda de las raíces del problema) por dos motivos: 1) No estoy muy versado en Historia. 2) Quería simplificar tanto como para llegar a este punto: la Historia no es lo determinante en estos casos, sino la libertad de los ciudadanos para elegir si quieren independizarse o no (independientemente de las circunstancias del pasado).
Bien, dicho esto, paso a mis matizaciones/aclaraciones, basándome en tu comentario como inspiración pero también teniendo en cuenta otros comentarios aquí y en algún otro lado (meneame.net) donde se deduce que con tanta simplificación no me supe explicar del todo bien. Voy por puntos:
1) No justifico la violencia (confío en que la vía pacífica, llevada con creatividad, tiene potencial suficiente para resolver las tensiones). Expliqué un motivo que en mi opinión favorece la violencia (la hace más comprensible, previsible), y ese motivo era que a toda acción le sigue una reacción (y lo dejé ahí sin profundizar más, pero es que nunca acabaríamos, el tema es enorme, infinito jeje). La acción en el caso ETA-España puede ser algo tan simple como negarles el referéndum, combinado con palizas a sus jóvenes (merecidas quizás, habría que ver cada caso en concreto), en cualquier caso hay quienes perciben injusticias en esto (o en otros sucesos desconocidos por mí) y se sienten así más inclinados a la violencia. Pero esa violencia puede ser una reacción exagerada (de hecho exageradísima si el motivo fuese la mera negativa al referéndum). ¿Qué propondría yo? Acciones creativas: reunirse y reflexionar. Por ejemplo: si una buena parte de la población desea la independencia, quizás si se manifestaran a menudo de manera muy llamativa y pacífica, portando enormes pancartas demandando el referéndum, semana tras semana… eso haría muy difícil (supongo) que el Gobierno les hiciese la vista gorda y no les escuchasen (quizás lo hacen y no les funciona, en realidad no lo sé). Pero recomiendo reunirse, debatir, reflexionar y encontrar creativas maneras de llamar la atención por vías pacíficas.
2) Lo de equiparar ambos bandos… realmente cada bando es un mundo, incluso cada persona lo es. Sin embargo hice unas equiparaciones simplistas pero útiles hasta cierto punto: comparé a ETA con EE.UU. en cuanto a que ambas usan la violencia (cada una en las proporciones en que es capaz). La comparación de ETA con Estados Unidos no era para quitarle hierro a ETA, ya que rechazo la actitud violenta de EE.UU. y por tanto estoy contra la violencia, sea de ETA o de la conocida potencia mundial. En cuanto a cierta equiparación entre ETA y España, no la hago en el sentido de que España agrede y ETA reacciona legítimamente, sino en la idea que dije de la gama de grises: España tampoco ha puesto toda la carne en el asador para resolver el conflicto, y por tanto todos tenemos algo de responsabilidad. Atribuí a ETA el gris oscurísimo porque su reacción tan violenta es desproporcional a las circunstancias, al menos aparentemente. Y sobre todo, porque las vías pacíficas no sólo no están agotadas, sino que si se las impulsara creativamente podrían llevarnos muy lejos: al menos a un debate generalizado que nos aclarara a todos mejor las cosas.
3) Coincido contigo, MP-péres, en que las personas son infinitamente más respetables que las ideas. Podemos discrepar, pero no por ello vamos a matarnos unos a otros cuando existen vías pacíficas de entendimiento. Eso sí, sería muy ventajoso que nuestro bando, España, estuviésemos dispuestos a escuchar e incluso plantearnos ese tema (la independencia), analizando los pros y contras.
4) Quizás ETA desapareciera con el tiempo si se concediese la libertad de elegir en referéndum, o quizás no desapareciera. No tengo ni idea. Quizás son dos temas aparte; con el referéndum resolveríamos el tema de dar la libertad a los vascos de elegir lo que desean. Y por otro lado, ETA o dejaría las armas, o bien seguiríamos en las mismas, con la policía detrás. Yo confío en que si ETA desea la independencia, cuando esta fuese posible los propios vascos decidirían. Y la presencia de una ETA armada podría empezar a verse, para ellos mismos, como un sinsentido.
Saludos.
A: Hola. No, para mí el fin no justifica los medios, como he explicado arriba y como hubiese querido que se interpretara mi artículo cuando dije cosas como el párrafo de casi el final: “¿Queremos una auténtica Democracia? ¿O queremos solamente salvar las apariencias, imponiéndonos violentamente unos a otros como hace Estados Unidos? Aparte, ¿imponernos a quién? Los vascos, los catalanes, las personas de cualquier región, son nuestros hermanos, compañeros de planeta, amigos en esta unidad ecológica que es la Tierra. Escuchémosles y concedámosles la libertad de organizarse como deseen. No nos hagamos daño: ni ellos a nosotros, ni nosotros a ellos. Empecemos nosotros mismos dando el ejemplo: respetemos su libertad. Nos parezcan equivocados o no, respetemos su libertad a comprobarlo por sí mismos”.
En realidad cuando hablé de la fuerza y la violencia, no quise que se interpretara como que el fin justifica los medios, sino que tan sólo me limité a describir como funcionan algunas “piezas” en el mundo: Estados Unidos es una de esas “piezas”, ETA es otra. Describir algo y tratar de explicarlo someramente, no implica que uno esté de acuerdo con ese algo. De hecho comenté que existen opciones mejores, métodos pacíficos. Y eso sí, afirmé que todos tenemos algo de responsabilidad, y que el mero hecho de escucharnos y concedernos libertad unos a otros, lima la mayoría de las asperezas.
Por otra parte me alegra que menciones a Gandhi, quien probablemente en casos así apostaría por una actitud de escucha y diálogo, que es una actitud que yo creo que ayudaría a resolver las principales asperezas. Pero una escucha y diálogos sinceros, honestos, no de cara a la galería, sino con la visión generosa de buscar creativamente una salida lo más satisfactoria posible para todos. Saludos.
Y unas palabritas finales a todos: He escrito todo esto en Word antes de copiarlo al panel del blog, y veo que ocupa más incluso que el artículo en sí. ¡Eso es debatir jejeje! No cerrarnos en banda, sino reflexionar entre todos juntos, viendo qué posibles soluciones se nos ocurren. Siempre es agradable intercambiar opiniones y creo que si temas como éste (y muchos otros) en lugar de darles la espalda los lleváramos a poner tranquilamente sobre la mesa del debate, reflexionando y apuntando ideas entre todos: políticos, periodistas, filósofos, empresarios, ciudadanos en general, etc, pues en mi ingenuidad o generosidad me parece que, posiblemente, seríamos capaces de superar juntos cualquier obstáculo que nos propusiéramos vencer. ¡Esa es mi actitud!
Saludos a todos y que os sonría la Vida, que gocéis de Libertad y que el Amor os permita relajaros y reír y vislumbrar que, después de todo, no son tan serias las cosas en este gran Teatro o Juego que es la Vida.
06/09/2007
Humildad y mejora
Aquel que se cree perfecto ya no hace ningún esfuerzo por automejorarse.07/09/2007
Yo conozco un pederasta

Yo conozco un pederasta
Querido J:
Como sabes, yo conozco un pederasta. No tiene mayor mérito: cosas del oficio. Aunque mi caso es raro. Pederastas hay muy pocos. Es decir, las personas que se sienten sexualmente atraídas por los niños de uno u otro sexo, y sólo por ellos, representan un porcentaje mínimo de las personas sexualmente activas. Disculpa la obviedad, pero era necesaria dado que la prensa descubre y explota cada semana una supuesta red de pederastia, siempre con ramificaciones internacionales. Entre los pocos pederastas hay un pequeñísimo porcentaje de criminales que utiliza la violencia para satisfacer su deseo. Otra obviedad igualmente insulsa, pero imprescindible, dado que así como la violación no se identifica con el comportamiento sexualmente habitual de los adultos tampoco la inclinación pederasta debe identificarse con la violación y el asesinato. Es más, la atracción sexual por los niños no deriva siempre en una conducta que castiguen las leyes: las leyes no castigan la naturaleza sino la conducta de las personas. La última de las obviedades, así te lo prometo formalmente, es que la pederastia existe. Viene la obviedad a cuento de un cierto relativismo que nos haría a todos pederastas más o menos secretos. Las bases intelectuales de este punto de vista no sobrepasan la incertidumbre epistemológica de la propuesta firmada por el doctor Julio Iglesias en “De niña a mujer”. Por supuesto que en la atracción sexual existe la twilight zone, y que la libido contradice a veces las disposiciones del registro civil. Pero también este Alonso conducía karts a los cuatro años. Fenómenos hay en todas partes y no se legisla para ellos. Además, y siguiendo siempre a Iglesias, estoy convencido de que en la twiligth rigen distintas y sutiles decantaciones: mientras el pederasta atiende apresuradamente a la niña (casi siempre el niño: ese es otro asunto interesante del que te hablaré hoy o mañana) que ya se le escapa, el hombre promedio saluda brioso a la mujer que llega. La pederastia existe en los términos precisos y sobrios que describen los científicos. Por ejemplo en dos estudios muy recientes, que me proporciona con su habitual eficacia el doctor Jambrina, el primero del número de junio de Archives of General Psychiatry (tal vez la revista más escuchada en su especialidad) y el otro de Biological Psychiatry, aún en fase de publicación. Las investigaciones tratan de averiguar las características neurobiológicas del individuo pederasta. Más correctamente, y según Archives:”El objetivo es examinar si los pederastas muestran un déficit neuronal estructural en las regiones del cerebro que están implicadas en el comportamiento sexual y como este déficit se relaciona con rasgos criminales.”
Es llamativo que la metodología utilizada no trate de precisar el impacto que, en el cerebro del individuo pederasta, provocan determinadas imágenes de niños, sino determinadas imágenes de adultos. La conclusión es que, ante las imágenes eróticas de los adultos, el cerebro de los pederastas muestra una actividad irrelevante, muy distinta de la de los individuos sexualmente convencionales. Con independencia de la calificación científica que pueda recibir esta metodología no cabe duda de que alude a una distinción clave. En efecto: la cuestión no es que el individuo convencional experimente atracción hacia determinadas figuras infantiles, sino que el pederasta no experimenta atracción genérica hacia los adultos.
Por lo demás, el estudio de Biological insiste en la tendencia hoy dominante en la deconstrucción del pederasta. Esto es que su orientación sexual no es compatible con un cerebro sano y que, por tanto, la inclinación pederasta obedece a causas biológicas que el ambiente concreta de manera diversa, como, por otra parte, sucede en el resto de individuos. La ignorancia popular --aunque, en este caso, mejor cabría decir socialdemócrata—recibió de muy mal talante el pasaje de la conversación con el filósofo Michel Onfray donde el presidente Sarkozy venía a decir lo que sugieren los recientes estudios psiquiátricos. Esta ignorancia la prolongan estos días, de modo sumamente pintoresco, personajes como Anna Simó, que fue (¡santo dios!) consejera de Bienestar y Familia del anterior gobierno catalán, y que describe su oposición a la llamada castración (¡qué disfemismo más grotesco y significativo!) del pederasta porque no “se puede tratar desde el punto de vista biológico una cuestión psicosocial.”
Como sabes, yo conozco un pederasta, te decía en la primera línea. No exageraré la capacidad de sacar conclusiones generales sobre este conocimiento particular. Siempre tengo presente la famosa y profunda sentencia de Tolstoi del principio de Ana Karenina, que la biología, por cierto, no hace más que confirmar cada día: “Todas las familias felices se parecen y cada familia desdichada lo es a su manera”. Pero al menos conozco a uno, lo que me da un cierto desahogo analítico respecto a mis contemporáneos. Mi pederasta, cuyo padre, por cierto, fue también acusado y condenado por abusos, jamás negó su atracción sexual por los niños; pero nadie ha podido demostrar que recurriera a la violencia para satisfacer su deseo. Mi pederasta era consciente, perfectamente consciente, de que su deseo es incompatible con el orden social y, quizá, con el orden de la naturaleza. Más que con orgullo trató siempre su orientación sexual con resignación; incluso, a veces, con resignación humorística. Aunque nunca quiso mentirse ni mentir a los otros y sabía que hasta el día de su muerte buscaría la compañía de los niños.
Para que esa búsqueda no quebrantara la ley mi pederasta, que hasta la fecha siempre apreció la vida por encima del sexo, se sometió voluntariamente, hace ya unos cuantos años, a un tratamiento químico que inhabilitara su libido. Nada sustancialmente diferente del bromuro cuartelario, ambiente en el que cada cuatro voces se anuncia que le van a cortar los cojones a uno, pero no se los cortan a nadie. Bromuro sólo. Yo lo trataba con frecuencia en la época en que se sometió al tratamiento y siempre me dijo que era eficaz. Los niños no habían dejado de interesarle, pero ya no le excitaban y no trataba de seducirlos; incluso dejó de consumir la pornografía relacionada que usaba como lenitivo. Fue una paradoja terrible que, aún bajo tratamiento pero víctima de la jauría humana, lo detuvieran acusándole de una violación inverosímil, delito del que fue absuelto después de pasar varios meses en la cárcel.
Mi pederasta tenía un problema y lo sabía y lo asumía como tal: no digo que a veces no fantaseara con un mundo donde él fuera el erasta, sabio, libre y venerado; pero también yo sueño con que me abaniquen. En la vida había muchas otras cosas que le interesaban, al margen de los niños. De hecho los niños le interesaban mucho menos de lo que las mujeres (o los hombres) interesan a muchos hombres que conozco. Te aclaro esto, porque contra el saber popular, mi pederasta no lo fue nunca a tiempo completo. Mi pederasta, por último, se distinguía nítidamente de los que matan a sus mujeres a martillazos; de los que actúan en las penumbras y exigen a sus presas que se desnuden; de los que sólo obtienen el placer con el sufrimiento y la muerte de sus víctimas. Mi pederasta se distinguía nítidamente de los asesinos, de los violadores y de los psicópatas. Todo ello, te lo repito, sin que dejara nunca de saber quién era: un hombre que no podía amar a los adultos.
Sigue con salud
A.
Fuente: http://www.arcadi.espasa.com/mt-static/2007/08/25_de_agosto.html
08/09/2007
El desmantelamiento de la democracia
Estamos viviendo la tendencia a limitar la democracia: estados que se aprovechan del miedo al terrorismo, el cual exageran (“Eje del Mal”, “Choque de civilizaciones”, etc) con la finalidad de justificar políticas autoritarias cada vez más alejadas de los conceptos de democracia y libertad. Para favorecer esto, esgrimen el binomio libertad/seguridad para argumentar que, dadas las angustiosas circunstancias y los peligros del terrorismo irracional y exacerbado, no queda otro remedio que los ciudadanos renunciemos a una porción de libertad (intimidad, derechos, presunción de inocencia) a cambio de una hipotética mayor seguridad (que en el fondo es una falsa seguridad: una falacia para que demos nuestro consentimiento a que nos pongan el yugo). Me gusta como trata el tema José Manuel Lechado en su libro La Globalización del Miedo; por eso he seleccionado unos fragmentos de dicho libro para ilustrar con ellos esta tendencia (internacional) a limitar las libertades y la democracia. En color azul van los fragmentos del libro (si tengo algún comentario que hacer entre medio, lo haré en el color de este párrafo, el negro). Las “negritas” y las cursivas que haya en el texto azul, si aparecen, son mías y no del libro mencionado.
Nunca ha habido mayor número de países con sistemas parlamentarios en el mundo y, sin embargo, la crisis de la democracia es una evidencia tan grande que en muchos lugares se considera subversivo defender proclamas tan evidentes como los derechos a la manifestación o a la intimidad. En nombre de la lucha antiterrorista los gobiernos acumulan poder y no se limitan tan sólo a anular derechos y libertades ciudadanas, sino que se aplica un credo economicista neoliberal que coloca el mercado por encima de todo y lo ofrece como milagrosa solución para todos los males. El resultado, sin embargo, es una desigualdad creciente del reparto de la riqueza –y eso que ya estaba mal repartida-, lo que a su vez impulsa la conflictividad en todo el planeta.
El miedo que genera el Estado se infiltra por innumerables vías, de forma que nadie quede a salvo: miedo al paro, a la pobreza, al hambre, a la guerra, a la pérdida de la libertad, al desvanecimiento de la dignidad de los ciudadanos, a la opresión… E innumerables miedos menores. Los informativos se han convertido en catálogos del horror destinados a generar un estado constante de desasosiego en los ciudadanos. Las noticias, más que tales, parecen amenazas, y raro es que pase un día sin que mil catástrofes nos acechen desde todos los rincones de la crónica negra: enfermedades y plagas devastadoras que nunca se concretan; virus informáticos que preludian el fin de la civilización, aunque las computadoras no dejan de funcionar; jóvenes corrompidos, para desaliento del porvenir, por más que no hagan otras cosas que las que ya hicieron sus padres; catástrofes naturales, terremotos, inundaciones y volcanes que rozan siempre la plusmarca histórica y hasta parece que en cualquier momento puede sobrevenir una erupción volcánica en el centro de Madrid o alcanzar un tsunami la misma cima de la Torre Eyffel; se ciernen sobre nosotros epidemias apocalípticas por vía sexual o por culpa de animales tan inofensivos como las siempre bucólicas vaquitas; los maltratos escolar, laboral o doméstico acechan constantemente, sin que haya manera de dar con una solución. Por si no fuera bastante, siempre quedan como factores de canguelo cotidiano e instantáneo los radares de la policía de tráfico o las cartas con el membrete de Hacienda. En fin, hasta hechos tan banales como que en invierno hace frío alcanzan el rango de noticia y año tras año, de diciembre a marzo, los informativos y partes oficiales no se cansan de advertir de la inminencia de una glaciación que, llegado el verano, cambiará la polaridad para dejar paso a un proceso de calentamiento global tremebundo que, pese a los sudores, deja a muchos tiritando. Todos los años, la habitual falta de lluvias se elevará al rango de sequía del siglo.
Yo no creo que este sensacionalismo en los informativos obedezca, salvo casos puntuales, a un deseo organizado para asustar por parte del gobierno de turno, pero sí es habitual este tipo de noticias falaces e intimidatorias, quizás sobrevenidas por un motivo mucho más simplón: las masas gustan de ese tipo de emociones fuertes, que les enganchan, y los medios de comunicación les sirven ese plato para aumentar la audiencia de sus programas. Por otro lado, es posible que a los políticos que detentan el poder les venga perfecta esta dinámica (e incluso a veces la favorezcan) que mantiene a los ciudadanos distraídos con humo, mientras que el verdadero fuego les pasa desapercibido.
Sigamos con el libro, que unas líneas después continúa así:
Toda esta batería de sustos constituye una ofensiva de pequeños miedos que, entre otras cosas, evita protestas (¿quién va a sindicarse, manifestarse o quejarse de abusos laborales si el miedo al paro supera al miedo a la explotación?) y contribuye a consolidar el poder de una oligarquía de ambiciosos. Sin embargo, el verdadero miedo está en esa imposición creciente de un Estado policial-militar mundial en el que el derecho, internacional o no, se convierte en un formulismo vacío.
Candido Mendes ha llamado a esto la “civilización del miedo”, y otros analistas han advertido ya de este peligro, personajes que se mueven en un amplísimo espectro político, desde el siempre picajoso Noam Chomsky hasta el notable especulador George Soros, nada sospechoso de querer instaurar una revolución mundial que le dejaría sin sus jugosos dividendos. La falacia del Estado, de una sutileza notable, está en vender como defensa de la democracia lo que es puro autoritarismo. Por eso incluso personajes como Soros se ven obligados a pronunciar obviedades de este tipo: “La democracia no puede imponerse por la fuerza”. Que una frase así pueda sonar subversiva a alguien, también da miedo, aunque lo realmente grave es el descaro con el que se desempeñan los poderosos y la impunidad que entre todos les estamos concediendo.
Los casos sangrantes –en un sentido literal- de Guantánamo, Abu Grahib y las desconocidas prisiones militares “occidentales” de Diego García, Afganistán, Egipto o Pakistán constituyen los episodios más evidentes de conculcación del derecho, el primer paso para el establecimiento de la tiranía. En ese escenario nos movemos, y la proliferación de “leyes especiales” justificadas por la aparente omnipresencia del terrorismo nos lleva a un estado de excepción global en el que la voz del ciudadano no tendrá el más mínimo valor.
En un pequeño pueblo español de la provincia de Guadalajara, Durón, la Guardia Civil colocó unos pasquines alentando a los ciudadanos para que denunciaran a “personas sospechosas”. El cuerpo de policía militarizada no definía con claridad quién podría ser considerado “sospechoso”, así que animaba a los buenos ciudadanos a denunciar a “paseantes, merodeadores, vagabundos” y en general a los que se movieran en “grupos de dos o más personas”. Lo sospechoso habría sido encontrarse con un grupo de menos de dos personas, aunque lo que realmente venía a decir el desasosegante anuncio policial es que sospechoso es… cualquiera. Y el anuncio produce angustia, como todo lo que tiene que ver con el moderno Estado del miedo, por su característica faz de Jano: miedo a la amenaza implícita (el Estado uniformado que puede caer sobre cualquier persona en cualquier momento).
Este proceso, en realidad, es antiguo, y los atentados del 11-S sólo sirvieron como excusa oportuna para lanzarse a una vertiginosa carrera de desmantelamiento de la democracia. Ya en 1998 el Departamento de Estado de los Estados Unidos puso en marcha unas directrices estratégicas para afrontar ataques terroristas. Eran los planes PDD-X, PDD-Y y PDD-Z. El más interesante era el X, que incidía en los aspectos legales de la lucha contra el terrorismo y establecía un decálogo, verdadero antecedente de la Patriot Act, en el que se vulneraban abiertamente no ya las normas del derecho internacional, sino la propia Constitución de los Estados Unidos.
Por ejemplo, el PDD-X alentaba en su primer punto la captura de los terroristas “allí donde estuvieran”. El segundo punto, dedicado al “desmantelamiento” de los grupos terroristas, dejaba esa tarea en manos de la CIA, e indicaba que la destrucción de estos grupos se conseguiría por “medios distintos de los usados por los encargados de hacer cumplir la ley”. El tercer punto, relativo a la cooperación internacional, no dejaba de hacer mención a la necesidad de proporcionar a terceros países no sólo la formación antiterrorista necesaria, sino también “otro tipo de medios”.
Con tales premisas, cuando aún no había pasado nada, no es sorprendente que las leyes antiterroristas surgidas tras el 11-S fueran esencialmente antidemocráticas. El modelo, la ya celebérrima USA Patriot Act, es un ejemplo de totalitarismo en democracia: los derechos fundamentales de las personas, que una democracia garantiza incluso a los detenidos, quedan conculcados no ya en limbos legales, sino dentro del propio sistema legal. Son leyes que permiten discrecionalmente al ejecutivo actuar al margen del Estado de Derecho.
La normativa estadounidense inspiró con rapidez otras legislaciones similares.
Por ejemplo el caso del Reino Unido, con las propuestas de leyes que permitan la prisión preventiva indefinida de cualquier ciudadano “sospechoso”, sin necesidad de presentar prueba alguna. Cuando se intenta plantear ese tipo de leyes, es que algo va mal…
Seguimos con el libro de J. M. Lechado, unas líneas más adelante:
Atrevimiento similar, por otra parte, al del presidente Walker Bush, quien al desvelarse las torturas de Abu Grahib no mostró reparo alguno en asegurar que su país “no necesita atenerse a la Convención de Ginebra en su guerra contra el terrorismo”. (¡Tremendo!) Blair le toma la palabra y, entre otras cosas, su Ley de Prevención del Terrorismo permite a la policía restringir los movimientos, la ocupación, las comunicaciones y hasta el uso de determinados productos o sustancias a personas “sospechosas”. La ley también faculta a la policía para actuar al margen de los jueces en cuestiones como la retirada discrecional del pasaporte, la retención sin cargos durante veinticuatro horas, o el registro de locales y domicilios sin la orden preceptiva. El gobierno se reserva la posibilidad de encerrar a un sospechoso indefinidamente, sin acusarle de nada en concreto y aunque no haya la más mínima prueba en su contra. Curiosamente, la norma no define ni lo que es terrorismo ni a quién se debe considerar sospechoso.
Ejemplos de los efectos de leyes tan antidemocráticas los encontramos unas líneas después:
Es el caso de Mahir Arar, canadiense nacido en Siria que fue detenido en un aeropuerto estadounidense cuando hacía escala en un vuelo de Marruecos a Canadá. No había pruebas contra él, (de hecho era inocente) y de hecho era un viajero en tránsito que regresaba de las vacaciones junto a su familia. Esto no le impidió ser encarcelado sin cargos durante meses, marchar luego deportado a Jordania y desde allí a Siria, donde fue llevado a otra prisión en la que sufrió atroces torturas. La presión de familiares, organizaciones de derechos civiles y del gobierno canadiense consiguieron la liberación de este desventurado ciudadano después de sufrir sevicias sin cuento. Otro caso que saltó a la prensa fue el de Andrew O’Connor, un estudiante universitario de Nuevo México que fue detenido por el Servicio Secreto acusado de amenazar al presidente George Walker Bush. Todo se basaba en una inofensiva conversación con una amiga en un foro de internet. O’Connor no había proferido ninguna amenaza: simplemente se había limitado a criticar al presidente por su actitud respecto a la invasión de Iraq, un derecho, el de la discrepancia, elemental en cualquier sistema democrático. Fue detenido y amenazado –él sí- por el mero hecho de expresar una opinión en una nación democrática. (O supuestamente democrática, añado yo).
Copio un último párrafo del libro como reflexión final:
Es más que probable que este tipo de leyes que amedrentan al ciudadano sólo consigan agravar el problema del terrorismo. Durante la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad, celebrada en Madrid en marzo de 2005, la ex secretaria de Estado Madeleine Albright se pronunció ante los asistentes con una rotunda declaración: “El modo en que nos estamos enfrentando al terrorismo sólo sirve para crear más terroristas”. Por si no había sido suficientemente explícita, señaló que “la próxima generación de terroristas saldrá de Iraq”.
En definitiva, ciertos personajes ambiciosos y sin escrúpulos nos ponen ante la disyuntiva (falsa además) de tener que elegir entre libertad o seguridad. Su astuto planteamiento consiste en convencer a la ciudadanía de que la amenaza del terrorismo es tan poderosa que no hay otra forma de actuar que limitar las libertades de los ciudadanos. Sin embargo, renunciar a nuestros derechos y libertades para obtener cierta “seguridad”, la única seguridad que nos da es que vamos a favorecer el autoritarismo al ceder a los gobernantes tanto poder, y permitir que sean cada vez más limitadas nuestras libertades. Y de eso, de ceder nuestra soberanía, somos todos responsables. Todos y cada uno de nosotros.
Para leer más: recuerdo el libro del que proceden los párrafos copiados, La Globalización del Miedo (subtítulo: “la otra cara del terrorismo”), de José Manuel Lechado.
Para leer en internet; temas relacionados:
El miedo es el motor de la sociedad
El tono apocalíptico en los informativos
Documentales interesantísimos de la BBC:
09/09/2007
Una estafa llamada “democracia”
Políticos, los nuevos amos
Acabo de empezar a leer un interesante libro del periodista Francisco Rubiales. El libro, titulado “Políticos, los nuevos amos”, es una fuerte crítica al sistema político actual que tan inocentemente llamamos “democracia”. Como señala la portada, es un intento de “Rebeldía ciudadana frente a la democracia degenerada”. No puedo decir demasiado sobre este libro porque apenas acabo de empezar a leerlo, pero sí puedo afirmar ya que el tema que trata me parece interesantísimo y que tanto el prólogo de Manuel Pimentel como la presentación del propio Francisco Rubiales me han parecido breves reflexiones con el suficiente “punch” como para aportarlas, ya sea parcial o totalmente, en forma de post en mi blog. Y de ahí surge el actual posteo.
Copiaré el prólogo de Pimentel y la presentación de Rubiales en colores diferenciados, azul para Pimentel, rojo para el autor del libro. Empiezo por el prólogo de Manuel Pimentel. Por cierto, que me ha sorprendido el tono crítico de Pimentel, pues sólo conocía su faceta como político del PP, partido que por lo visto abandonó (debido a las discrepancias con la dirección del partido por la decisión de participar en la guerra de Irak) según he leído en Wikipedia, continuando como empresario y escritor (entre otras iniciativas creó la editorial Almuzara que es la que publica este libro). Vamos con ese prólogo:
“Vivimos en una democracia”, nos jactamos. “Podemos quitar y poner a nuestros gobernantes”, nos repetimos. “Somos libres”, nos consolamos. Y, después, con una plácida y mansa autocomplacencia, nos vamos de compras al hipermercado más próximo. Votamos libremente, luego somos libres. Esa es nuestra democracia, o así debería funcionar, al menos en teoría, nuestro sistema democrático, el que creemos más avanzado del planeta. Tenemos idealizada esa palabra “democracia”, cuando, en verdad, nos limitamos a depositar, cada cuatro años, una papeleta con unos nombres preelegidos por los todopoderosos partidos políticos. ¿Tan perfecta es nuestra democracia? Pues, la verdad es que no. Su ejercicio dista bastante de la perfección de su apariencia. Pero, sin embargo, muy pocos son los que se atreven a denunciar sus flagrantes pecados. Si algún crítico cuestiona alguno de sus postulados o critica algunas de sus evidentes fallas, siempre aparece el apologista de turno repitiendo las palabras atribuidas a Churchill: “La democracia es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos a todos los demás, claro está”. Y vuelta al conformismo que nos narcotiza. Porque, en verdad, ni somos tan libres como nos creemos, ni nuestra democracia nos pemite participar. Somos meros títeres en manos de un poder que nos manipula e intimida. De ahí el extraordinario valor de este libro, que denuncia con acierto y precisión el secuestro de nuestra democracia por parte de los instalados en el engranaje del poder. (…).
El libro Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad. Es un libro duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos. Después de leerlo, no nos resultará posible dudar de la profunda crisis política que atravesamos. Y es que el poder político actual ha cambiado bien poco desde los tiempos de los faraones y sátrapas de la Edad Antigua. Es un libro cargado de fuerza moral y de dinamita intelectual, con una carga explosiva suficiente para que salten por los aires el conformismo, la sumisión y la cobardía. Es un libro que nos ayuda a reconciliarnos con esa rebeldía que es el gran motor de la historia (…).
(…) Instalados en las lúgubres cloacas de la política degradada, uno descubre, por ejemplo, que los partidos políticos, ideados en democracia para que ayuden a la comunidad y estimulen la participación de los ciudadanos en la política, se han convertido hoy en el principal obstáculo para que la democracia funcione. En lugar de ser fábricas de ciudadanos, esos partidos, obsesionados por la conquista y el mantenimiento del poder y del dominio, son hoy escuelas que forman vasallos y “hooligans” de la política partidista, sin criterio propio, dispuestos siempre a aprobar lo que hagan los suyos y a condenar lo que hagan los adversarios.
(…) Que la lectura les sea provechosa.
Manuel Pimentel
Bien, pero lo verdaderamente interesante es lo que dice el autor, el libro en sí, del cual voy a poner parte de la presentación escrita por el propio autor, que es lo único que he leído hasta ahora y me ha gustado mucho. Ahí va esa síntesis de la presentación, de Francisco Rubiales:
A lo largo de mi vida, como periodista y representante de una gran agencia internacional de noticias, he residido en una docena de países y he tenido el privilegio de estar muy cerca de los centros de poder, compartiendo en ocasiones mesa y conversación con Jefes de Estado, de Gobierno y con dirigentes políticos y económicos de diferentes tendencias. Como observador privilegiado, he admirado a la mayoría de mis interlocutores, me he sentido lejos de algunos y muy pocos me han producido indiferencia. Sin embargo, he encontrado en casi todos ellos algo inquietante y sombrío, una especie de siniestro denominador común: su antidemocrática concepción del poder.
Entienden el poder de manera alterada y, muchas veces, perversa, como algo que les pertenece, como un derecho personal sin relación aparente con la voluntad popular, ni con el concepto de servicio. Debo confesar que la concepción del poder que observé en aquellos dirigentes acostumbrados a tomar decisiones siempre me escandalizó y me colocó frente a incógnitas intelectuales e ideológicas de difícil solución. Percibí siempre en ese poder el elitismo, el deseo de la permanencia, el ansia por acrecentarlo, más arrogancia que generosidad, más privilegio que entrega, y algunos extraños fantasmas como el de sentirse elegidos para la grandeza o, incluso, un sutil deseo de actuar como dioses. Nunca descubrí detrás del poder al pueblo soberano o al bien común, ni siquiera en aquellos dirigentes democráticos que debían su liderazgo al voto ciudadano.
El escándalo ante la perversión del poder pronto se transformó en indignación y, posteriormente, en decepcionante distancia y fuente de escepticismo ante la política y los grandes poderes. (…). (L)a perversión del poder se ha convertido en el mayor problema político del presente y en la principal causa de la degradación política y democrática. Un poder perverso degrada cualquier sistema de gobierno y cualquier tipo de sociedad, a quien lo detenta y a quien lo sufre sin rebeldía.